viernes, 14 de febrero de 2025

“Poema número 12”

 Oliverio Girondo (1922): Veinte poemas para ser leídos en el tranvía 

Poema número 12

 

Se miran, se presienten, se desean,

se acarician, se besan, se desnudan,

se respiran, se acuestan, se olfatean,

se penetran, se chupan, se demudan,

se adormecen, despiertan, se iluminan,

se codician, se palpan, se fascinan,

se mastican, se gustan, se babean,

se confunden, se acoplan, se disgregan,

se aletargan, fallecen, se reintegran,

se distienden, se enarcan, se menean,

se retuercen, se estiran, se caldean,

se estrangulan, se aprietan, se estremecen,

se tantean, se juntan, desfallecen,

se repelen, se enervan, se apetecen,

se acometen, se enlazan, se entrechocan,

se agazapan, se apresan, se dislocan,

se perforan, se incrustan, se acribillan,

se remachan, se injertan, se atornillan,

se desmayan, reviven, resplandecen,

se contemplan, se inflaman, se enloquecen,

se derriten, se sueldan, se calcinan, 

se desgarran, se muerden, se asesinan, 

resucitan, se buscan, se refriegan, 

se rehúyen, se evaden y se entregan.

sábado, 8 de febrero de 2025

"Réquiem"

Anna Ajmátova

"Réquiem"

Jamás busqué refugio bajo cielo extranjero,
ni amparo procuré bajo alas extrañas.
Junto a mi pueblo permanecí estos años,
donde la gente padeció su desdicha.


A MODO DE INTRODUCCIÓN


En los terribles años de la yezhovzbina pasé diecisiete meses en las filas frente a las
cárceles de Leningrado. Un día, alguien me reconoció. Entonces, una mujer de labios
morados que ocupaba su lugar detrás de mí y que, por supuesto, jamás había
escuchado mi nombre, pareció despertar del letargo en el que permanecíamos
sumidas y me preguntó al oído (porque allí todos hablaban en voz muy baja):
—¿Y usted podría describir esto?
Yo repuse:
—Sí, puedo.
Entonces una especie de sonrisa se deslizó por lo que alguna vez había sido su
rostro.

Leningrado, 1 de abril de 1957

DEDICATORIA
Ante esta inmensa desgracia los montes se doblegan
y dejan de correr los grandes ríos,
pero más fuertes aún son los cerrojos de la cárcel,
que esconden los lechos de tablas
y la infinita tristeza.
Ya no sopla para ti la fresca brisa,
ni se enciende para ti el tierno ocaso.
Ya nada sabemos, somos siempre los mismos,
sólo escuchamos el odioso rechinar de los portones
y el retumbar de los soldados que marcan el paso.
Despertábamos temprano, como para la misa matutina,
y atravesábamos la capital totalmente salvaje.
Confluíamos en un punto, más inánimes que un muerto,
más opacos que el sol, más brumosos que el Neva,
pero la esperanza continuaba a lo lejos su canto.
¡La sentencia!… Y al instante saltaron las lágrimas,
y me hallé aislada del resto del mundo,
como si me arrancaran la vida que alberga el corazón,
o me hubieran lanzado de bruces contra el suelo.
Pero ella avanza… Solitaria… Vacila…
¿Dónde están hoy aquellas desconocidas con las
que compartí dos años de infortunio?
¿Qué formas adivinan en la ventisca siberiana?
¿Qué imaginan ver en el círculo blanco de la luna?
A todas ellas envío mi último adiós.

Marzo de 1940

INTRODUCCIÓN
Esto sucedió en tiempos en que sólo los muertos sonreían,
alegres por haber hallado al fin reposo,
y como un apéndice inútil, Leningrado colgaba
del portón de sus cárceles, mecido por el viento.
En tiempos en que, enloquecidos de dolor,
desfilaban al paso columnas de condenados
mientras las locomotoras lanzaban al aire
su breve canción de despedida…
Estrellas de muerte planeaban en lo alto,
y la inocente Rusia se retorcía
bajo las botas ensangrentadas,
y bajo las ruedas de los furgones celulares.

1
Te llevaron al amanecer,
fui tras de ti como quien despide un cadáver.
Lloraban los niños en la estancia oscura
y humeaba la vela bajo el icono.
No podré olvidar el frío de tus labios
y el sudor mortal en tu frente.
Como la mujer de los strelzi
aullaré a los pies del Kremlin.

1935

2
Fluye sereno el apacible Don,
entra en la casa una luna amarilla.
Entra alegre, con la gorra ladeada,
la luna, y ve una sombra.
Esta mujer padece de tristeza,
esta mujer se siente sola.
Su esposo yace en la tumba,
y su hijo está en la prisión. Recen por ella.

3
No, no soy yo, es otra la que sufre,
yo no podría sufrir tanto. Dejen
que un negro manto cubra lo ocurrido,
y que retiren las linternas…
                                                       Cae la noche.

4
Si a ti, la joven frívola y sarcástica,
la niña mimada de todos sus amigos,
la alegre pecadora del Tsárskoye Seló,
te hubieran dicho cuánto
habrías de sufrir en esta vida:
cómo, la número trescientos, esperarías
con tu hatillo a los pies de Las Cruces;
y cómo tu lágrima ardiente quemaría
de parte a parte el hielo de año nuevo…
En el patio de la cárcel se mece un álamo,
nada se escucha, ni un solo murmullo. ¿Cuántas vidas
inocentes no se estarán consumiendo allí?

5
Hace diecisiete meses que grito
llamándote a casa.
Me he arrojado a los pies del verdugo,
por ti, hijo mío, horror mío.
Todo ha perdido sus contornos,
y ya soy incapaz de distinguir
a la fiera del hombre, al hombre de la fiera,
ni sé cuántos días faltan para la ejecución.
Me encuentro sola, rodeada de flores
polvorientas, del tintinear del incensario,
y de huellas que no conducen a ninguna parte.
Mientras me mira fijamente a los ojos
anunciándome la próxima muerte,
una estrella inmensa.

6
Ligeras vuelan las semanas,
y aún no sé cómo pudo ocurrir,
cómo, hijo mío, en la cárcel
las blancas noches te miraban,
como hoy vuelven a mirarte
con ojos de halcón afiebrado;
mientras te hablan de tu alta cruz
y de la muerte.

1939

7
LA SENTENCIA

Y cayó la palabra de piedra
sobre mi pecho, aún con vida.
No es nada, siempre supe que así sería,
sabré enfrentarlo de la mejor manera.
Son muchas las cosas que aún debo hacer:
acabar de matar la memoria,
procurar que mi alma se vuelva de piedra,
y aprender de nuevo a vivir.
Y si no… El cálido susurro del verano
semeja una fiesta bajo mi ventana.
Hace tiempo ya lo había presentido:
este diáfano día y esta casa vacía.

Verano de 1939

8
A LA MUERTE

Ya sé que vendrás, ¿por qué mejor no ahora?
Espero tu llegada mientras llora mi alma.
Apagué la luz y abrí de par en par la puerta
para que pudieras entrar, tú, tan simple y tan extraña.
Asume para esto el aspecto que quieras,
irrumpe como un proyectil envenenado,
o golpea silenciosa, como un bandido experto,
o mátame con el veneno del delirante tifus.
O llega con ese cuento, que tú misma inventaste
y que ya todos conocemos hasta la náusea —
en ese que descubro la gorra azul del gendarme
y detrás al conserje, pálido de muerte.
Hoy ya me da igual. Sobre el Yenisei se arremolina
la niebla. Fulgura imponente la estrella polar.
Y el más cruel de los espantos nubla
el brillo azul de los ojos que amo.

Casa de la Fontanka, 19 de agosto de 1932. 

9
Ya el ala de la locura
ha cubierto la mitad de mi alma,
me da a beber su vino de fuego,
y me llama a su valle tan negro.
Comprendí entonces que ella
había conseguido la victoria,
que debía escucharla como quien
presta oídos a un delirio ajeno.
Y que no me dejaría
llevarme nada conmigo
por más que le pidiera,
o la cansara con mis ruegos:
ni el espanto en los ojos de mi hijo:
su sufrimiento vuelto piedra;
ni el día en que estalló la tormenta,
ni nuestra corta entrevista en la prisión.
Ni el amable frescor de sus manos,
ni la sombra temblorosa de los tilos,
ni aquel distante y levísimo rumor
de las palabras, el último consuelo.

Casa de la Fontanka, 4 de mayo de 1940. 

 

10
CRUCIFIXIÓN

No llores por mí, Madre,
yo yazgo en la tumba.

I
Un coro de ángeles cantaba el gran advenimiento
y los cielos llameaban como fuego fundido.
Al Padre dijo: «¿Por qué me has abandonado?».
Y a la madre: «Oh, no llores por mí…».
II
Se debatía y lloraba Magdalena,
su discípulo predilecto se había vuelto de piedra.
Pero a donde la Madre sufría en silencio,
nadie osó levantar los ojos.

1940-1942

EPÍLOGO
I

Aprendí cómo puede deshojarse un rostro
cómo entre los párpados asoma el espanto,
y el sufrimiento va grabando las mejillas,
como tablillas de escritura cuneiforme.
Cómo bucles que fueron castaños o negros
se tornan plateados al paso de una noche,
y se marchita la risa en los labios sumisos
y en la seca sonrisa vemos temblar el miedo…
No sólo por mí elevo esta plegaria,
sino por todos aquellos que a mi lado
soportaron el frío atroz y el bochorno de julio,
a los pies de aquella pared roja y ciega.

que también me recuerden como yo a ellas hoy
en vísperas del Día de Muertos.
Y si algún día en este país
deciden erigirme un monumento,
consiento en recibir tal homenaje
pero con esta condición:
no erigirlo junto al mar, en mi ciudad natal,
pues he roto el último lazo que me ataba a él,
ni en el jardín imperial, junto al tocón querido,
donde aún vaga y me busca sin consuelo una sombra.
Sino aquí, donde aguardé trescientas horas
y donde este portón jamás abrió sus hojas.
Porque hasta en la misma ventura de la muerte
temo olvidar el fragor de los negros furgones;
o el rechinar del odioso portón
y a la anciana que aullaba como una fiera herida.
Para que por mis párpados de bronce
la nieve del deshielo fluya como lágrimas.
Y la paloma de la cárcel arrulle en el cielo
y en silencio los barcos naveguen por el Neva.

Marzo de 1940

viernes, 7 de febrero de 2025

“Cimbelino”

 William Shakespeare

Cimbelino


No temas más al sol abrasador,
ni a las violentas furias del invierno.
Porque has cumplido tu labor en este mundo,
ya estás en casa, y has cobrado tu justo jornal.
Dorados jóvenes y muchachas, todos deben,
como el deshollinador, convertirse en polvo.

No temas más el ceño del poderoso,
ya no te alcanza el golpe del tirano.
No te preocupes más de vestirte y de comer.
Para ti es lo mismo el junco que el roble.
El cetro, la sabiduría, la ciencia,
todo debe acatar esto, y convertirse en polvo.

No temas más el destello del relámpago,
ni al terrible trueno que apedrea.
No temas calumnias, ni el escozor de la censura.
Para ti han acabado alegrías y tristezas.
Todos los amantes, todos los jóvenes
deben aceptar esto, y convertirse en polvo.

¡Que ningún exorcista te dañe,
y que ninguna brujería te hechice!
¡Que los espectros insepultos te esquiven!
¡Que nada malo se te acerque!
¡Tranquilo fin tengas, y honrada sea tu tumba!

jueves, 6 de febrero de 2025

"Canto primo"

 Dante: Divina Comedia

“Canto primo”

(Fragmento)

Del camino a mitad de nuestra vida
encontréme por una selva oscura,
que de derecha senda era perdida.

¡Y cuánto en el decir es cosa dura
esta selva salvaje, áspera y fuerte,
que en el pensar renueva la pavura!

Tanto es amarga que es poco más muerte:
más, para hablar del bien que allí encontrara
diré otras cosas de que fui vidente.

Yo no se bien decir cómo allí entrara;
tan lleno era de sueño en aquel punto
que el derecho camino abandonara.

Mas luego, al ser al pie de un monte junto
en donde daba término aquel valle
que aflicto en miedo el corazón me tuvo,

miré a lo alto, y vi que era en su talle
vestido ya de rayos del planeta
que nos guía derecho en cualquier calle.

Fue entonces la pavura un poco quieta,
que en el lago del pecho aún me duraba
la noche, que pasara tanto inquieta.

Y como aquel que con cansadas ansias,
salido ya del piélago a la riba,
se vuelve a ver las peligrosas aguas,

así el ánima mía, aún fugitiva,
se volvió atrás a remirar el paso
que no dejó jamás persona viva.

Cuando di algún reposo al cuerpo laso
aquella proseguí playa desierta,
tal que el pie firme siempre era el más bajo.

Y he aquí, casi al comenzar la cuesta
una onza ligera y presta pronto,
que de pie maculada era cubierta:

y no se me apartaba de ante el rostro,
así tanto impedía mi camino
que muchas veces intenté el retorno.

Tiempo era el principio matutino,
y remontaba el sol con las estrellas
que eran con él, cuando el amor divino

movió al principio aquellas cosas bellas;
tal que de esperar bien me dio ocasión,
de la fiera de piel pintada aquella,

la hora del tiempo y dulce la estación:
mas no sin que temor no me infundiese
la aparecida vista de un león.

Este semblaba contra mi viniese
con la testa alta y apetito fiero,
que el aire parecía le temiese;

mas una loba, que de todo anhelo
parecía cargada en su magrura,
y vivir mucha gente hizo con duelo,

esta causome turbación tan dura
con el temor, nacido de su vista,
que perdí la esperanza de la altura.

Y como aquel, que con placer aquista,
y llega el tiempo que perder le haga,
que en todo su pensar llora y se atrista,

tal me hiciera la fiera de paz falta,
que, viniendo a mi encuentro, poco a poco,
me rechazaba allí donde el sol falla.

Mientras retrocedía al lugar hondo
ante mi vista se hizo descubierto
quien mudo pareció en lo silencioso.

Cuando yo le miré en el gran desierto,
"Apiádate de mi -le grité al mismo-,
quienquiera seas, sombra u hombre cierto."

Respondiome: "Hombre no; hombre ya he sido,
los que diéronme el ser fueron lombardos,
y ambos por patria a Mantua la han tenido.

Nací sub Julio, bien que un poco tardo
y viví en Roma, bajo el buen Augusto,
en tiempos de engañosos dioses falsos.

Poeta he sido, y yo canté del justo
hijo de Anquises, que volvió de Troya
después que fuese el soberbio Ilión combusto.

Mas, ¿por qué a tanta pena tu retornas?
¿por qué no vas al deleitoso monte
que es principio y razón de dicha toda?"

"¿Eres tu aquel Virgilio, aquella fuente
que tan gran río en el hablar difunde?
-le respondí con vergonzosa frente-.

¡Oh, de los otros poetas honra y lumbre!
válgame el largo estudio y grande amor,
que a mí buscar me han hecho tu volumen.

Eres tu mi maestro, eres mi autor:
eres tu solo aquel, de quien yo hurto
el bello estilo, que me ha dado honor.

Mira la bestia por la cual yo huyo:
de ella, famoso sabio, has de ayudarme,
que me hace estremecer venas y pulso."

Te conviene seguir distinto viaje,
-dijo, después de ver que yo lloraba-,
si quieres huir de este lugar salvaje:

porque esta bestia, por la qual tu clamas,
no deja que otro pase por su vía,
mas tanto se lo impide que lo mata;

y es su natura tan malvada e impía
que su rabiosa gana nunca llena,
y ha más hambre al comer que antes tenía.

Con muchos animales se empareja,
y aún serán muchos más, hasta que el Veltro
vendrá, y hará que con dolor se muera.

Este no comerá tierra ni peltro,
pero si amor, virtud, sabiduría,
y su patria estará entre Feltro y Feltro;

será salud de aquella humilde Italia,
por quien murió la virginal Camila,
Euríalo y Turno y Niso en la batalla.

Este la cazara por cada villa,
hasta arrojarla dentro del infierno,
del que al principio la sacó la envidia.

Mas ahora por tu bien pienso y discierno
que tu me sigas, yo seré tu guía:
te sacaré de aquí a un lugar eterno,

donde oirás espantosa gritería:
verás viejos espíritus en duelo,
que todos la segunda muerte ansían;

luego aquellos verás, que están contentos
en fuego, porque esperan la llegada
entre los alabados, a su tiempo:

a los cuales, si tu ascender desearas,
otra alma te quiara que yo más digna,
te dejaré con ella cuando parta:

que aquel Emperador, que reina arriba,
porque yo con su ley rebelde me hice,
no quiere a su cuidad por mi la ida.

En toda parte impera y allí rige,
allí está su ciudad y su alto asiento:
¡dichoso aquel, que al lado suyo elige!"

Yo le dije: "Poeta, te requiero
por ese Dios que tu no conociste,
para huir de este mal o más adverso,

que me lleves allá donde dijiste,
tal que yo vea la puerta de San Pedro
y aquellos que tu dices ser tan tristes."

Anduvo entonces, y seguí postrero.

Versión de: Carlos López Narváez

miércoles, 5 de febrero de 2025

“Soneto XL”

 Dante

“Soneto XL”

Peregrinos que vais meditabundos
talvez en algo que no veis presente:
¿Venis desde una tan remota gente
que os miro, con agobios tan profundos

y sin llanto en los ojos errabundos,
ir a través de la ciudad doliente,
como si ciego, sordo, indiferente,
la viera vuestro ser desde otros mundos?

Me dice el corazón entre lamentos
-parad por escucharlo unos momentos-
que al salir d'ella os seguirá el quebranto.

Ya su BEATRIZ sólo es celeste sombra,
y de toda palabra que la nombra
fluye un acerbo manantial de llanto.

martes, 4 de febrero de 2025

“Amor e'l cor gentil”

Dante

 

“Amor e'l cor gentil”

Corazón y el Amor son una cosa
sola y gentil -el sabio lo ha dictado.
Ninguno sin el otro ha palpitado,
que la razón no puede estar ociosa.

Falla natura cuando está amorosa,
y Amor o el Corazón por un cuidado;
transcurra el tiempo breve o dilatado,
lo mismo en inquietud que si reposa.

Si a la Bella se suma la Discreta, 
y nuestra vista bebe su dulzura
colmando el corazón de ansia secreta,

del Amor al asedio que perdura
pidiendo estadio la Beldad nos reta
como bravo adalid en su armadura.

lunes, 3 de febrero de 2025

"Soneto CCCLXIII"

 Francesco Petrarca

"Soneto CCCLXIII"

Muerte ha extinguido al sol que me ofuscaba

y en tinieblas sus ojos ha dejado;

olmo es, y roble, el lauro marchitado,

y tierra quien me ardía y me enfriaba:


que es bueno sé, mas mi dolor no acaba.

Falta quien haga tímido y osado

mi pensamiento, y frío y caldeado:

quien de esperanza y duelo me colmaba.


Lejos de aquel que igual hiere que cura,

y que en mi pecho abrió tan honda herida,

mi libertad es gozo y amargura,


y vuelvo con el alma agradecida

al que gobierna la celeste altura,

ya muy cansado y harto de la vida.

domingo, 2 de febrero de 2025

"Soneto CLXII"

Francesco Petrarca

"Soneto CLXII"

¡Flores felices, biennacidas hierbas

que pensativa, pisa mi señora;

campo que oyes su voz cautivadora

y de sus bellos pies huellas conservas;

 

arbustillos de frondas aún acerbas,

violetas cuyo tinte me enamora,

umbrosas selvas que os mostráis ahora,

llenas de sol, más altas y superbas;

 

oh sitio ameno, oh río de agua pura

que le bañas la faz, y de su vista

tomas la viva luz que es tu hermosura;

 

yo envidio que de honesto amor os vista!

No habrá en vosotros una piedra dura

que a arder entre mis llamas se resista.

sábado, 1 de febrero de 2025

"Soneto CXXII"

 Francesco Petrarca

"Soneto CXXII"

Diecisiete años ha girado el cielo

desde que ardo, y jamás me he apagado;

mas cuando pienso en mi presente estado

en medio de las llamas siento un hielo.

 

Cierto es el dicho, que uno cambia el pelo

mas no el vicio; y si el cuerpo está cansado,

no está el afecto humano atenuado:

causa es la sombra del pesado velo1.

 

¡Ay, triste!, ¿llegará el día dichoso

en que mirando huir a la edad mía,

salga del fuego, libre ya de enojos?

 

¿Podré mirar cuanto desee un día

ese aire dulce de su rostro hermoso

y un sensato placer dar a mis ojos?

viernes, 31 de enero de 2025

"Soneto XXXIV"

Francesco Petrarca

"Soneto XXXIV"

Apolo, si el deseo ha perdurado

que te inflamaba en la tesalia onda1,

y si a la amada cabellera blonda2,

tras tantos años, no la has olvidado,

 

del perezoso hielo y tiempo airado,

que durará mientras tu faz se esconda,

defiende a la honorable y sacra fronda3

en que, después que tú, yo me he enredado;

 

y por virtud de la esperanza amante

que te hizo soportar la vida acerba4,

bórrale al aire los nubosos trazos;

 

y admirados veremos al instante

a nuestra dama estar sobre la hierba

y hacerse sombra con sus propios brazos.