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jueves, 22 de julio de 2021

"Lo que una ama"

Safo de Lesbos

"Lo que una ama"

Dicen unos que una tropa de jinetes, otros la infantería
y otros que una escuadra de navíos, sobre la tierra
oscura es lo más bello; mas yo digo
que es lo que una ama.

Y es muy fácil hacerlo comprensible
a todos: pues aquella que tanto destacaba
en belleza entre todos los humanos, Helena,
a su muy noble esposo

dejándolo tras sí marchó a Troya embarcada
y en nada de su hija o de sus padres
amados se acordó, sino que la sedujo
–aunque ella no quisiera–

Cipris, la diosa que, indómita en su mente,
cumple muy fácilmente lo que piensa:
ahora me ha llevado a recordar
a Anactoria, que no está junto a mí,

y de ella quisiera contemplar
su andar que inspira amor y el centelleo radiante de su rostro
antes que los carruajes de los lidios y antes que los soldados
en pie de guerra.

Traducción de Aurora Luque, en
Safo. Poemas y testimonios, Acantilado, 2020.

sábado, 28 de marzo de 2020

“Himno a Afrodita”

Safo de Lesbos

“Himno a Afrodita”

Versión en español 
(traducción de Carlos Montemayor)

Inmortal Afrodita de colorido trono,
hija de Zeus, artificiosa, te suplico
que no sometas a infortunios ni dolores,
oh Soberana, mi corazón.

Y ven, como otras veces
que abandonaste la casa de tu padre
cuando a lo lejos mi voz oías,
luego que tu dorada

carroza preparabas: te conducían hermosas
ágiles aves cruzando la tierra oscura,
batiendo fuertemente sus alas en medio
de los cielos y del éter.

De inmediato llegaban. Y tú, dichosa,
con tu rostro inmortal sonriendo,
preguntabas con qué sentimiento ahora sufría,
la causa porque te invocaba,

qué anhelaba por sobre todo
mi enloquecido ser: "¿A quién deseas ahora
que mi persuasión atraiga hacia tu amor? ¿Quién,
oh, Safo, te atormenta?

Haré que pronto te siga, si te huye;
que si tus regalos rechaza, él te los ofrezca,
y que de inmediato te ame, si no ama,
aunque no lo desee".

Ven también ahora para librarme del peso
de mis penas; todo cuanto satisfacer
mi ser anhela, cúmplelo: oh, mi aliada,
sé tú misma.


Versión en griego clásico

Ποικιλόθρον' άθάνατ' Άφρόδιτα,
παΤ Δίος δολόπλοκε, λίσσομαί σε,
μη μ' ιϊσαισι μηδ' όνίαισι δαμνα,
πότνια, θΰμον.

αλλά τύιδ' Ελθ' αϊ ποτά χάτέρωτα
τδς Εμάς αΰδως άΐοισα πήλυι
Εκλυες, πατρός δε δόμον λίποισα
χρύσιον ήλθες

ιϊρμ' ύπασδεύξαισα· χάλοι δε σ' αγον
ώχεες στροΟθοι περί γδς μελαΐνας,
πυκνά δίννεντες πτέρ' απ' ώράνωΐθε-
ρος δια μέσσω·

αΐψα δ' έξίκοντο- συ δ' ώ μάχαιρα,
μειδιάσαισ' άθανατωι προσώπωι
ήρε' δττι δηΰτε πέπονθα χώττι
δηί3τε χάλημμι,

κώττ' Εμωι μάλιστα θέλω γενέσθαι
μαινόλαι θύμωι· «τίνα δηΰτε Πείθων μάισ'
Λγην ες σαν φιλότατα; τίς σ', ώ
Ψάπφ', άδιχήει;

καΐ γαρ αϊ φεύγει, ταχέως διώξει,
αϊ δΐ δώρα μη δέχετ', αλλά δώσει,
αϊ δΐ μη φίλει, ταχέως φιλήσει
κωύχ έθέλοισα.»

ϊλθε μοι καΐ νΟν, χαλεπά ν SiλΟσον
¿χ μερίμναν, δσσα δε μοι τίλεσσαι
θυμός Ιμέρρει, τέλεσαν συ δ' αυτά
σύμμαχος ϊσσο.

martes, 3 de diciembre de 2019

“En la tarde”

Constantino Cavafis (1917)

“En la tarde”

Después de todo, no iba a durar mucho. La experiencia
de años me lo enseña. Mas resultó algo tajante
cómo acudió el Destino y le puso fin.
Breve fue la hermosa vida.
Pero qué fuertes los aromas,
en qué exquisitos lechos nos tendimos,
a qué placeres dimos nuestros cuerpos.

Un eco de los días del deleite,
un eco de aquellos días vino a mí,
algo del fuego que, jóvenes los dos, fue nuestro;
volví a tomar una carta entre mis manos
y la leí una vez y otra vez, hasta que me quedé sin luz.

Y salí fuera al balcón con melancolía,
salí a pensar en otras cosas, al menos contemplando
un poco de la ciudad amada, un poco
de ese fragor de calles y de tiendas.

lunes, 2 de diciembre de 2019

“Las ventanas”

Constantino Cavafis (1903)

“Las ventanas”

En estos cuartos sombríos, donde paso
días de tedio, voy vagando de un lado a otro
en pos de las ventanas. —Cada vez
que se abre una ventana es un consuelo—.
Mas no hay ventanas, o es que yo no puedo
encontrarlas. Y acaso, mejor que no lo haga.
Acaso la luz sea otra tiranía más. Quién sabe
qué inusitadas cosas vendrá a mostrarnos.

domingo, 1 de diciembre de 2019

“Cuando el vigía vio la luz”

Constantino Cavafis (1900)

“Cuando el vigía vio la luz”

En invierno, en verano se sentaba en el tejado
de los atridas el vigía, y oteaba. Es ahora quien pregona
las buenas nuevas: ha visto, allá a lo lejos, encenderse el fuego.
Y se alegra. Y sus esfuerzos ya concluyen.
Es duro quedarse noche y día,
bajo el calor y el frío, a escudriñar la distancia por un fuego
que ha de encenderse sobre el Aracneo. Ahora aparece
la anhelada señal. Siempre que llega la felicidad
nos produce menos alegría
de lo que cabe esperar, mas indudablemente
se gana en esto: verse libre de esperanzas
y expectativas. Son muchas las cosas
que han de pasarle a los atridas. Cualquiera, sin ser sabio,
lo supone, ahora que el vigía
ya divisó la luz. No hace falta, por tanto, exagerar.
Bella es la luz; y bellos los que acuden;
bellos también sus actos y sus palabras.
Y esperemos que todo salga a derechas. Pero
Argos bien puede hacerlo sin los atridas.
Los linajes no duran para siempre.
Seguramente muchos han de decir muchas cosas.
Las vamos a escuchar, mas no caeremos en la engañifa
del Necesario, del Único, del Grande.
Necesario, único y grande, siempre en seguida
se encuentra a cualquier otro.

sábado, 30 de noviembre de 2019

“En el teatro”

Constantino Cavafis (1904)

“En el teatro”

Me cansé de mirar el escenario,
y levanté los ojos a los palcos.
Y en uno de esos palcos fue donde te vi
con tu extraña belleza, tu depravada juventud.
Y enseguida volvió a mi pensamiento
todo lo que de ti me contaron esta tarde,
y se me conmovieron cuerpo y mente.
Y mientras contemplaba, fascinado,
tu lánguida belleza, tu juventud lánguida,
tu refinado atuendo,
fantaseaba contigo y te me aparecías
tal y como de ti me contaron esta tarde.

viernes, 29 de noviembre de 2019

“En el pueblo aburrido”

Constantino Cavafis (1925)

“En el pueblo aburrido”

En el pueblo aburrido donde trabaja
—empleado en un comercio,
muy joven—, donde espera
que pasen aún dos o tres meses,
dos o tres meses aún, y haya menos tarea,
y así marchar a la ciudad, lanzarse
derecho hacia el bullicio y las diversiones;
En el pueblo aburrido donde espera
—ha caído en su cama, de noche, pleno de deseo,
toda su juventud encendida en pasiones carnales,
en hermosa tensión toda su hermosa juventud;
y entre los sueños el placer le acude; entre los sueños
contempla y abraza esa figura, la carne que desea.

jueves, 28 de noviembre de 2019

“Che fece… Il gran rifiuto”

Constantino Cavafis (1901)

“Che fece… Il gran rifiuto”

Para algunas personas llega un día
donde el gran Sí o el gran No deben decir.
En seguida aparece aquel que lleva
el Sí bien preparado, y pronunciándolo

da un paso adelante en su estima y en su confianza.
El negador no se arrepiente. Preguntado de nuevo,
de nuevo dice No. Pero ese No —que es el correcto—
le abruma para el resto de su vida. 

jueves, 14 de marzo de 2019

“Oh, amigos, cuando yo estuve enamorado”

Konstantinos Kavafis

“Oh, amigos, cuando yo estuve enamorado”

Oh amigos, cuando yo estuve enamorado
– hace ya tantos años –
no vivía en el mismo mundo
que el resto de los mortales.

Vivía en la lírica fantasía,
y aunque consciente de su engaño,
me daba felicidad,
era un sueño cálido y encantador.

Mis ojos se detenían en mi amada
y el amor hacía aún más bello su rostro;
su palacio
era para mí.

Y el barato percal
que la vestía,
te juro que para mí
era más que seda.

Dos brazaletes de bisutería
adornaban sus brazos;
pero yo los veía como joyas
de la más alta calidad.

Su cabeza lucía
flores cogidas en las montañas,
mas ¿qué otro tocado
hubiera sido más bello adorno a mis ojos?

Siempre fueron nuestros paseos
felices por ir juntos,
claras sendas sin espinos
– si los había, la tierra los ocultaba.

Ni los mejores oradores ni los hombres más sabios
podrían ahora persuadirme
tanto como el más leve gesto suyo
entonces.

Oh amigos, cuando yo estuve enamorado
– hace ya tantos años-
no vivía en el mismo mundo
que el resto de los mortales. 

miércoles, 13 de marzo de 2019

"Ítaca"

Konstantinos Kavafis

“Ítaca”

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.