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jueves, 30 de septiembre de 2021

“Coplas IV, V, VI y VII"

Jorge Manrique (c. 1476): Coplas por la muerte de su padre

 

“Coplas IV, V, VI y VII"


IV

Dejo las invocaciones

de los famosos poetas

y oradores;

no curo de sus ficciones,

que traen yerbas secretas

sus sabores.

A aquél sólo me encomiendo,

aquél sólo invoco yo

de verdad,

que en este mundo viviendo

el mundo no conoció

su deidad.


V

Este mundo es el camino

para el otro, que es morada

sin pesar;

mas cumple tener buen tino

para andar esta jornada

sin errar.

Partimos cuando nacemos,

andamos mientras vivimos,

y llegamos

al tiempo que fenecemos,

así que cuando morimos

descansamos.


VI

Este mundo bueno fue

si bien usáramos de él

como debemos,

porque, según nuestra fe,

es para ganar aquél

que atendemos.

Aun aquel hijo de Dios,

para subirnos al cielo

descendió

a nacer acá entre nos,

y a vivir en este suelo

do murió.

 

VII

Este mundo bueno fue

si bien usáramos de él

como debemos,

porque, según nuestra fe,

es para ganar aquél

que atendemos.

Aun aquel hijo de Dios,

para subirnos al cielo

descendió

a nacer acá entre nos,

y a vivir en este suelo

do murió.

miércoles, 29 de septiembre de 2021

“Coplas XXV-XL"

 Jorge Manrique (c. 1476): Coplas por la muerte de su padre

“Coplas XXV-XL"

 

XXV

    Aquél de buenos abrigo,

amado, por virtuoso,

de la gente,

el maestre don Rodrigo

Manrique, tanto famoso

y tan valiente;

sus hechos grandes y claros

no cumple que los alabe,

pues los vieron,   

ni los quiero hacer caros

pues que el mundo todo sabe

cuáles fueron.


XXVI

    Amigo de sus amigos,

¡qué señor para criados

y parientes!

¡Qué enemigo de enemigos!

¡Qué maestro de esforzados

y valientes!

¡Qué seso para discretos!

¡Qué gracia para donosos!

¡Qué razón!

¡Qué benigno a los sujetos!

¡A los bravos y dañosos,

qué león!


XXVII

    En ventura Octaviano;

Julio César en vencer

y batallar;

en la virtud, Africano;

Aníbal en el saber

y trabajar;

en la bondad, un Trajano;

Tito en liberalidad

con alegría;

en su brazo, Aureliano;

Marco Atilio en la verdad

que prometía.


XXVIII

    Antonio Pío en clemencia;

Marco Aurelio en igualdad

del semblante;

Adriano en elocuencia;

Teodosio en humanidad

y buen talante.

Aurelio Alejandro fue

en disciplina y rigor

de la guerra;

un Constantino en la fe,

Camilo en el gran amor

de su tierra.


XXIX

    No dejó grandes tesoros,

ni alcanzó muchas riquezas

ni vajillas;

mas hizo guerra a los moros,

ganando sus fortalezas

y sus villas;

y en las lides que venció,

cuántos moros y caballos

se perdieron;

y en este oficio ganó

las rentas y los vasallos

que le dieron.


XXX

    Pues por su honra y estado,

en otros tiempos pasados, 

¿cómo se hubo?

Quedando desamparado,

con hermanos y criados

se sostuvo.

Después que hechos famosos

hizo en esta misma guerra

que hacía,

hizo tratos tan honrosos

que le dieron aún más tierra

que tenía.


XXXI

    Estas sus viejas historias

que con su brazo pintó

en juventud, 

con otras nuevas victorias

ahora las renovó

en senectud.

Por su grande habilidad,

por méritos y ancianía

bien gastada,

alcanzó la dignidad

de la gran Caballería

de la Espada.


XXXII

    Y sus villas y sus tierras

ocupadas de tiranos

las halló;

mas por cercos y por guerras

y por fuerza de sus manos

las cobró.

Pues nuestro rey natural,

si de las obras que obró

fue servido,

dígalo el de Portugal

y en Castilla quien siguió

su partido.


XXXIII

    Después de puesta la vida

tantas veces por su ley

al tablero;

después de tan bien servida

la corona de su rey

verdadero:

después de tanta hazaña

a que no puede bastar

cuenta cierta,

en la su villa de Ocaña

vino la muerte a llamar

a su puerta,


XXXIV

    diciendo: "Buen caballero,

dejad el mundo engañoso

y su halago;

vuestro corazón de acero,

muestre su esfuerzo famoso

en este trago;

y pues de vida y salud

hicisteis tan poca cuenta

por la fama,

esfuércese la virtud

para sufrir esta afrenta

que os llama.


                        XXXV

    "No se os haga tan amarga

la batalla temerosa

que esperáis,

pues otra vida más larga

de la fama gloriosa

acá dejáis.

Aunque esta vida de honor

tampoco no es eternal

ni verdadera,

mas, con todo, es muy mejor

que la otra temporal

perecedera.


                        XXXVI

    "El vivir que es perdurable

no se gana con estados

mundanales,

ni con vida deleitable

donde moran los pecados

infernales;

mas los buenos religiosos

gánanlo con oraciones

y con lloros;

los caballeros famosos, 

con trabajos y aflicciones

contra moros.


                        XXXVII

    "Y pues vos, claro varón,

tanta sangre derramasteis

de paganos,

esperad el galardón

que en este mundo ganasteis

por las manos;

y con esta confianza

y con la fe tan entera

que tenéis,

partid con buena esperanza,

que esta otra vida tercera

ganaréis".


                        XXXVIII

    "No tengamos tiempo ya

en esta vida mezquina

por tal modo,

que mi voluntad está

conforme con la divina

para todo;

y consiento en mi morir

con voluntad placentera,

clara y pura,

que querer hombre vivir

cuando Dios quiere que muera

es locura.


                        XXXIX

    "Tú, que por nuestra maldad,

tomaste forma servil

y bajo nombre;

tú, que a tu divinidad

juntaste cosa tan vil

como es el hombre;

tú, que tan grandes tormentos

sufriste sin resistencia

en tu persona,

no por mis merecimientos,

mas por tu sola clemencia

me perdona".

 

                        XL

    Así, con tal entender,

todos sentidos humanos 

conservados,

cercado de su mujer

y de sus hijos y hermanos

y criados,

dio el alma a quien se la dio

(en cual la ponga en el cielo

en su gloria),

que aunque la vida perdió

dejonos harto consuelo

su memoria.

martes, 28 de septiembre de 2021

“Coplas XVIII-XXIV"

 Jorge Manrique (c. 1476): Coplas por la muerte de su padre

“Coplas XVII-XXIV"

 

XVIII

    Pues el otro, su heredero,

don Enrique, ¡qué poderes

alcanzaba!

¡Cuán blando, cuán halaguero

el mundo con sus placeres

se le daba!

Mas verás cuán enemigo,

cuán contrario, cuán cruel

se le mostró;

habiéndole sido amigo,

¡cuán poco duró con él

lo que le dio!


XIX

    Las dádivas desmedidas,

los edificios reales

llenos de oro,

las vajillas tan fabridas,

los enriques y reales

del tesoro;

los jaeces, los caballos

de sus gentes y atavíos

tan sobrados,

¿dónde iremos a buscallos?

¿qué fueron sino rocíos

de los prados?


XX

    Pues su hermano el inocente,

que en su vida sucesor

se llamó,

¡qué corte tan excelente

tuvo y cuánto gran señor

le siguió!

Mas, como fuese mortal,

metiole la muerte luego

en su fragua.

¡Oh, juicio divinal,

cuando más ardía el fuego,

echaste agua!


XXI

    Pues aquel gran Condestable,

maestre que conocimos

tan privado,

no cumple que de él se hable,        

sino sólo que lo vimos

degollado.

Sus infinitos tesoros,

sus villas y sus lugares,

su mandar,

¿qué le fueron sino lloros?

¿Qué fueron sino pesares

al dejar?


XXII

    Y los otros dos hermanos,

maestres tan prosperados

como reyes,

que a los grandes y medianos

trajeron tan sojuzgados

a sus leyes;

aquella prosperidad

que en tan alto fue subida

y ensalzada,

¿qué fue sino claridad

que cuando más encendida

fue amatada?


XXIII

    Tantos duques excelentes,

tantos marqueses y condes

y varones

como vimos tan potentes,

di, muerte, ¿dó los escondes

y traspones?

Y las sus claras hazañas

que hicieron en las guerras

y en las paces,

cuando tú, cruda, te ensañas,

con tu fuerza las atierras 

y deshaces.


XXIV

    Las huestes innumerables,

los pendones, estandartes

y banderas,

los castillos impugnables,

los muros y baluartes

y barreras,

la cava honda, chapada,

o cualquier otro reparo,

¿qué aprovecha?

que si tú vienes airada,

todo lo pasas de claro

con tu flecha.

martes, 4 de septiembre de 2018

“Coplas VIII-XVII”

Jorge Manrique (c. 1476): Coplas a la muerte de su padre

“Coplas VIII-XVII”

          VIII

Ved de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
y corremos,
que, en este mundo traidor,
aun primero que muramos
las perdemos.
Dellas deshaze la edad,
dellas casos desastrados
que acaeçen,
dellas, por su calidad,
en los más altos estados
desfallescen.

          IX

Dezidme: La hermosura,
la gentil frescura y tez
de la cara,
la color e la blancura,
cuando viene la vejez,
¿cuál se para?
Las mañas e ligereza
e la fuerça corporal
de juventud,
todo se torna graveza
cuando llega el arrabal
de senectud.

          X

Pues la sangre de los godos,
y el linaje e la nobleza
tan crescida,
¡por cuántas vías e modos
se pierde su grand alteza
en esta vida!
Unos, por poco valer,
por cuán baxos e abatidos
que los tienen;
otros que, por non tener,
con oficios non debidos
se mantienen.

          XI

Los estados e riqueza,
que nos dexen a deshora
¿quién lo duda?,
non les pidamos firmeza.
pues que son d'una señora;
que se muda,
que bienes son de Fortuna
que revuelven con su rueda
presurosa,
la cual non puede ser una
ni estar estable ni queda
en una cosa.

          XII

Pero digo c'acompañen
e lleguen fasta la fuessa
con su dueño:
por esso non nos engañen,
pues se va la vida apriessa
como sueño,
e los deleites d'acá
son, en que nos deleitamos,
temporales,
e los tormentos d'allá,
que por ellos esperamos,
eternales.

          XIII

Los plazeres e dulçores
desta vida trabajada
que tenemos,
non son sino corredores,
e la muerte, la çelada
en que caemos.
Non mirando a nuestro daño,
corremos a rienda suelta
sin parar;
desque vemos el engaño
y queremos dar la vuelta
no hay lugar.

          XIV

Esos reyes poderosos
que vemos por escripturas
ya passadas
con casos tristes, llorosos,
fueron sus buenas venturas
trastornadas;
assí, que no hay cosa fuerte,
que a papas y emperadores
e perlados,
assí los trata la muerte
como a los pobres pastores
de ganados.

          XV

Dexemos a los troyanos,
que sus males non los vimos,
ni sus glorias;
dexemos a los romanos,
aunque oímos e leímos
sus hestorias;
non curemos de saber
lo d'aquel siglo passado
qué fue d'ello;
vengamos a lo d'ayer,
que también es olvidado
como aquello.

          XVI 

¿Qué se hizo el rey don Joan?
Los infantes d'Aragón
¿qué se hizieron?
¿Qué fue de tanto galán,
qué de tanta invinción
como truxeron?
¿Fueron sino devaneos,
qué fueron sino verduras
de las eras,
las justas e los torneos,
paramentos, bordaduras
e çimeras?

       XVII

¿Qué se hizieron las damas,
sus tocados e vestidos,
sus olores?
¿Qué se hizieron las llamas
de los fuegos encendidos
d'amadores?
¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas
que tañían?
¿Qué se hizo aquel dançar,
aquellas ropas chapadas
que traían?