Marcos Díez (2025): Las aproximaciones
“Los poemas no logran alcanzar”
Los poemas no logran alcanzar
el centro del decir,
tan solo se aproximan, merodean.
Parece que señalan
por dónde he de buscar,
aunque no sepa qué.
Marcos Díez (2025): Las aproximaciones
“Los poemas no logran alcanzar”
Los poemas no logran alcanzar
el centro del decir,
tan solo se aproximan, merodean.
Parece que señalan
por dónde he de buscar,
aunque no sepa qué.
Marcos Díez (2025): Las aproximaciones
“El gato cuando caza”
El gato cuando caza
permanece muy quieto y en silencio,
parece no existir.
Se abalanza después
lo mismo que una flecha.
No es algo muy distinto
escribir un poema.
Marcos Díez (2025): Las aproximaciones
“Existe lo impensable”
Existe lo impensable,
tan vasto como el cielo.
Existen lo pensable,
tal vez solo la estela de un avión.
Existen los poemas
que intentan convertir
la impensable en pensable.
Y existen las palabras
que enturbian lo pensable
hasta hacerlo impensable.
Marcos Díez (2025): Las aproximaciones
“El mar de agita”
El mar se agita,
pero aquieta mi mente
si lo contemplo.
Marcos Díez (2024): Besar la tierra
“Rendición”
No existe otra manera:
el lado vulnerable debe quedar expuesto,
dispuesto así a la herida.
No existe otra manera de encontrar
refugio, cueva, casa en la intemperie.
Es una rendición.
Si hay foso o fortaleza, no existe cercanía.
Pero eso ya lo sabes.
En otras ocasiones te ocultaste
envuelto en tus palabras, ese manto de nada,
una maraña oscura, solo un retorcimiento.
Fue el lenguaje una senda
hacia tu perdición, fue un laberinto.
En su interior crecía un minotauro.
La historia la conoces devoraba doncellas.
Lo mataste callando.
En silencio, después, halaste la salida.
No quieras volver nunca.
Otra vida comienza.
Al galope se acerca la vejez.
No queda mucho tiempo
pero te queda tiempo todavía.
Es más que suficiente.
¿Lo comprendes ahora?
Hay que mostrar primero el flanco débil,
porque esconderse es propio de alimañas.
Marcos Díez (2022): Belleza sin nosotros
“Huecos”
Observo cada hueco que dejaron
aquellos que perdí.
Toda ausencia se queda, permanece.
Crezco a su alrededor
lo mismo que una hiedra
trepando en el vacío.
Marcos Díez (2022): Belleza sin nosotros
“Hay poemas que nunca sé escribir”
Hay poemas que nunca sé escribir.
Los que dicen las cosas luminosas,
escurridizas siempre,
yo no sé dónde están.
La luz existe solo si la veo,
si la pienso no es luz.
Y no puedo escribirla.
Aquello que palpita
si cae en el papel
se convierte en un fósil definitivo, gris.
Igual que el bailarín
inmóvil para siempre
en la fotografía.
Parece que se mueve, pero no.
Es solo una ilusión.
Solo puedo cantar
a lo que ya perdí,
a lo que espero.
Aquello que está vivo
se muere en el papel,
languidece deprisa
donde solo hay ideas
y este lenguaje torpe,
igual que el balbuceo de los niños.
El amor, si está vivo, no lo puedo cantar.
Lo canto si se va, para que no se vaya.
Lo canto de la forma en la que he visto
golpear en el pecho
a algunos moribundos
que vuelven a la vida.
Marcos Díez (2018): Desguace
“Desguace”
Alcanzo a ver a veces, cuando miro sin mí,
una esencia sin nombre, anterior al lenguaje.
No sabría explicarlo. No podría.
Es como despertar de un sueño vívido
a una verdad más clara,
llana como el secreto que se ofrece
a algunos moribundos.
Lo real está ahí: con su potencia queda
desguazada la vida de los hombres.
No sabría explicarlo. No podría
decir qué es lo que ocurre
cuando los espejismos se derrumban.
Es todo muy confuso
porque sé que no sueño cuando escribo
pero ocurre en el sueño de este poema.