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lunes, 17 de noviembre de 2025

“Abrojo XXX”

Rubén Darío (1886): Abrojos

“Abrojo XXX”

Mira, no me digas más:

¡que otra palabra como ésa

tal vez me pueda matar!

martes, 8 de julio de 2025

“Caupolicán”

 Rubén Darío

“Caupolicán”

A Enrique Hernández Miyares

Es algo formidable que vio la vieja raza: 
robusto tronco de árbol al hombro de un campeón 
salvaje y aguerrido, cuya fornida maza 
blandiera el brazo de Hércules, o el brazo de Sansón. 

Por casco sus cabellos, su pecho por coraza, 
pudiera tal guerrero, de Arauco en la región, 
lancero de los bosques, Nemrod que todo caza, 
desjarretar un toro, o estrangular un león. 

Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día, 
le vio la tarde pálida, le vio la noche fría, 
y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán. 

«¡El Toqui, el Toqui!» clama la conmovida casta. 
Anduvo, anduvo, anduvo. La aurora dijo: «Basta», 
e irguióse la alta frente del gran Caupolicán.

lunes, 30 de diciembre de 2024

“Triste, tristemente”

 Rubén Darío 

“Triste, tristemente”

 

Un día estaba yo triste, muy tristemente
viendo cómo caía el agua de una fuente;

 

era la noche dulce y argentina. Lloraba
la noche. Suspiraba la noche. Sollozaba

 

la noche. Y el crepúsculo en su suave amatista,
diluía la lágrima de un misterioso artista.

 

Y ese artista era yo, misterioso y gimiente,
que mezclaba mi alma al chorro de la fuente.

domingo, 29 de diciembre de 2024

“Ite misa est”

 Rubén Darío

“Ite misa est”

 

Yo adoro a una sonámbula con alma de Eloísa, 
virgen como la nieve y honda como la mar; 
su espíritu es la hostia de mi amorosa misa, 
y alzo al són de una dulce lira crepuscular. 

Ojos de evocadora, gesto de profetisa, 
en ella hay la sagrada frecuencia del altar: 
su risa en la sonrisa suave de Monna Lisa; 
sus labios son los únicos labios para besar. 

Y he de besarla un día con rojo beso ardiente; 
apoyada en mi brazo como convaleciente 
me mirará asombrada con íntimo pavor; 

la enamorada esfinge quedará estupefacta; 
apagaré la llama de la vestal intacta 
¡y la faunesa antigua me rugirá de amor!

viernes, 27 de diciembre de 2024

“Responso a Verlaine”

 Rubén Darío (1896): Prosas profanas

“Responso a Verlaine”

 

Padre y maestro mágico, liróforo celeste 

    que al instrumento olímpico y a la siringa agreste

    diste tu acento encantador; 

    ¡Pánida! Pan tú mismo, que coros condujiste 

5   hacia el propíleo sacro que amaba tu alma triste,

    ¡al son del sistro y del tambor!

 

    Que tu sepulcro cubra de flores Primavera;

    que se humedezca el áspero hocico de la fiera,

    de amor, si pasa por allí;

10  que el fúnebre recinto visite Pan bicorne;

    que de sangrientas rosas el fresco abril te adorne,

    y de claveles de rubí. 

 

    Que si posarse quiere sobre la tumba el cuervo,

    ahuyenten la negrura del pájaro protervo

15  el dulce canto de cristal

    que Filomela vierta sobre tus tristes huesos, 

    o la harmonía dulce de risas y de besos,

    culto oculto y florestal

 

    Que púberes canéforas te ofrenden el acanto;

20  que sobre tu sepulcro no se derrame el llanto,

    sino rocío, vino, miel;

    que el pámpano allí brote, las flores de Cíteres,

    y que se escuchen vagos suspiros de mujeres

    ¡bajo un simbólico laurel!

         

25  Que si un pastor su pífano bajo el frescor del haya,

    en amorosos días, como en Virgilio, ensaya, 

    tu nombre ponga en la canción;

    y que la virgen náyade, cuando ese nombre escuche,

    con ansias y temores entre las linfas luche,

30  llena de miedo y de pasión.

 

    De noche, en la montaña, en la negra montaña 

    de las Visiones, pase gigante sombra extraña,

    sombra de un Sátiro espectral;

    que ella al centauro adusto con su grandeza asuste;

35  de una extrahumana flauta la melodía ajuste

    a la harmonía sideral.

 

    Y huya el tropel equino por la montaña vasta; 

    tu rostro de ultratumba bañe la luna casta

    de compasiva y blanca luz;

40  y el Sátiro contemple, sobre un lejano monte,

    una cruz que se eleve cubriendo el horizonte,

   ¡y un resplandor sobre la cruz!

miércoles, 1 de noviembre de 2023

“Lo inefable”

Delmira Agustini

“Lo inefable”

 

Yo muero extrañamente... No me mata la Vida,
No me mata la Muerte, no me mata el Amor;
Muero de un pensamiento mudo como una herida...
¿No habéis sentido nunca el extraño dolor

 

De un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida
Devorando alma y carne, y no alcanza a dar flor?
¿Nunca llevasteis dentro una estrella dormida
Que os abrasaba enteros y no daba un fulgor?...

 

Cumbre de los Martirios!... Llevar eternamente,
Desgarradora y árida, la trágica simiente
Clavada en las entrañas como un diente feroz!...

 

Pero arrancarla un día en una flor que abriera
Milagrosa, inviolable!... Ah, más grande no fuera
Tener entre las manos la cabeza de Dios!

 

viernes, 23 de octubre de 2020

“Lo fatal”

José Luis Hidalgo (1947): Los muertos

“Lo fatal”

He nacido entre muertos y mi vida
es tan sólo el recuerdo de sus almas
que, lentas van soñando entre mi sangre
y sobre el mundo ciego la levantan.

Quedó lejos la tierra, mis raíces
no saben del frescor que en ella canta.
De invisibles cenizas es mi cuerpo.
Los muertos de la tierra me separan.

Quisiera ser yo mismo, luz distinta
brillando cada día con el alba,
estrella de la noche, siempre joven,
que fulge de sí misma solitaria

Pero ya no estoy solo, mi ser vivo
lleva siempre los muertos en su entraña.
Moriré como todos y mi vida
será oscura memoria en otras almas.

viernes, 28 de febrero de 2020

“Sinfonía en gris mayor”

Rubén Darío (1896): Prosas profanas

“Sinfonía en gris mayor”  

 El mar, como un vasto cristal azogado,
refleja la lámina de un cielo de zinc;
lejanas bandadas de pájaros manchan
el fondo bruñido de pálido gris.
    El sol, como un vidrio redondo y opaco,
con paso de enfermo camina al cenit;
el viento marino descansa en la sombra
teniendo la almohada su negro clarín.
    Las ondas, que mueven su vientre de plomo,
debajo del muelle parecen gemir.
Sentado en un cable, fumando su pipa,
está un marinero pensando en las playas
de un vago, lejano, brumoso país.
    Es viejo ese lobo. Tostaron su cara
los rayos de fuego del sol de Brasil;
los recios tifones del mar de la China
le han visto bebiendo su frasco de gin.
    La espuma, impregnada de yodo y salitre,
ha tiempo conoce su roja nariz,
sus crespos cabellos, sus bíceps de atleta,
su gorra de lona, su blusa de dril.
    En medio del humo que forma el tabaco,
ve el viejo el lejano, brumoso país,
adonde una tarde caliente y dorada,
tendidas las velas, partió el bergantín...
    La siesta del trópico. El lobo se duerme.
Ya todo lo envuelve la gama del gris.
Parece que un suave y enorme esfumino
del curvo horizonte borrara el confín.
    La siesta del trópico. La vieja cigarra
ensaya su ronca guitarra senil,
y el grillo preludia su solo monótono
en la única cuerda que está en su violín.

martes, 18 de febrero de 2020

“A Phocas, el campesino”

Rubén Darío (1905): Cantos de vida y esperanza

“A Phocas, el campesino”

Phocás el campesino, hijo mío, que tienes
en apenas escasos meses de vida, tantos
dolores en tus ojos que esperan tantos llantos
por el fatal pensar que revelan tus sienes…

Tarda en venir a este dolor adonde vienes,
a este mundo terrible en duelos y en espantos;
duerme bajo los Ángeles, sueña bajo los Santos,
que ya tendrás la Vida para que te envenenes…

Sueña, hijo mío, todavía, y cuando crezcas,
perdóname el fatal don de darte la vida
que yo hubiera querido de azul y rosas frescas;

pues tú eres la crisálida de mi alma entristecida,
y te he de ver, en medio del triunfo que merezcas
renovando el fulgor de mi psique abolida.

lunes, 30 de diciembre de 2019

“Años triunfales”

Jaime Gil de Biedma (1966): Moralidades

“Años triunfales”

“y la más hermosa

sonríe al más fiero de los vencedores.”

Rubén Darío


    Media España ocupaba España entera
con la vulgaridad, con el desprecio
total de que es capaz, frente al vencido,
un intratable pueblo de cabreros.
    Barcelona y Madrid eran algo humillado.
Como una casa sucia, donde la gente es vieja,
la ciudad parecía más oscura
y los Metros olían a miseria.
    Con luz de atardecer, sobresaltada y triste,
se salía a las calles de un invierno
poblado de infelices gabardinas
a la deriva bajo el viento.
    Y pasaban figuras mal vestidas
de mujeres, cruzando como sombras,
solitarias mujeres adiestradas
—viudas, hijas o esposas—
    en los modos peores de ganar la vida
y suplir a sus hombres. Por la noche,
las más hermosas sonreían
a los más insolentes de los vencedores.

viernes, 18 de octubre de 2019

“Venus”

Rubén Darío (1888): Azul

“Venus”

En la tranquila noche, mis nostalgias amargas sufría.
En busca de quietud bajé al fresco y callado jardín.
En el obscuro cielo Venus bella temblando lucía,
como incrustado en ébano un dorado y divino jazmín.

A mi alma enamorada, una reina oriental parecía,
que esperaba a su amante bajo el techo de su camarín,
o que, llevada en hombros, la profunda extensión recorría,
triunfante y luminosa, recostada sobre un palanquín.

"¡Oh, reina rubia! -díjele, mi alma quiere dejar su crisálida
y volar hacia a ti, y tus labios de fuego besar;
y flotar en el nimbo que derrama en tu frente luz pálida,

y en siderales éxtasis no dejarte un momento de amar".
El aire de la noche refrescaba la atmósfera cálida.
Venus, desde el abismo, me miraba con triste mirar.

jueves, 17 de octubre de 2019

“Autumnal”

Rubén Darío (1905): Cantos de vida y esperanza

“Autumnal”

Al marqués de Bradomín

Marqués (como el Divino lo eres), te saludo.
Es el Otoño, y vengo de un Versalles doliente.
Había mucho frío y erraba vulgar gente.
El chorro de agua de Verlaine estaba mudo.

Me quedé pensativo ante un mármol desnudo,
cuando vi una paloma que pasó de repente,
y por caso de cerebración inconsciente
pensé en ti. Toda exégesis en este caso eludo.

Versalles otoñal; una paloma; un lindo
mármol; un vulgo errante, municipal y espeso;
anteriores lecturas de tus sutiles prosas;

la reciente impresión de tus triunfos... Prescindo
de más detalles para explicarte por eso
cómo, autumnal, te envió este ramo de rosas.

miércoles, 16 de octubre de 2019

“El cisne”

Rubén Darío (1896): Prosas profanas y otros poemas

“El cisne”

A Ch. del Gouffre

 Fue una hora divina para el género humano.   
 El Cisne antes cantaba sólo para morir.  
 Cuando se oyó el acento del Cisne wagneriano  
 fue en medio de una aurora, fue para revivir.  

  Sobre las tempestades del humano océano                           5  
 se oye el canto del Cisne; no se cesa de oír,  
 dominando el martillo del viejo Thor germano  
 o las trompas que cantan la espada de Argantir.  

  ¡Oh Cisne! ¡Oh sacro pájaro! Si antes la blanca Helena   
 del huevo azul de Leda brotó de gracia llena,                       10  
 siendo de la Hermosura la princesa inmortal,  

 bajo tus alas la nueva Poesía  
 concibe en una gloria de luz y de harmonía  
 la Helena eterna y pura que encarna el ideal.  

martes, 15 de octubre de 2019

“Era un aire suave…”

Rubén Darío (1896): Prosas profanas y otros poemas

“Era un aire suave…”

 Era un aire suave, de pausados giros;  
 el hada Harmonía ritmaba sus vuelos;  
 e iban frases vagas y tenues suspiros  
 entre los sollozos de los violoncelos.  

  Sobre la terraza, junto a los ramajes,                      5  
 diríase un trémolo de liras eolias  
 cuando acariciaban los sedosos trajes  
 sobre el tallo erguidas las blancas magnolias.  

  La marquesa Eulalia risas y desvíos  
 daba a un tiempo mismo para dos rivales,                         10  
 el vizconde rubio de los desafíos  
 y el abate joven de los madrigales.  

  Cerca, coronado con hojas de viña,  
 reía en su máscara Término barbudo,  
 y, como un efebo que fuese una niña,                       15  
 mostraba una Diana su mármol desnudo.  

  Y bajo un boscaje del amor palestra,  
 sobre rico zócalo al modo de Jonia,  
 con un candelabro prendido en la diestra  
 volaba el Mercurio de Juan de Bolonia.                    20  

  La orquesta perlaba sus mágicas notas,  
 un coro de sones alados se oía;  
 galantes pavanas, fugaces gavotas   
 cantaban los dulces violines de Hungría.  

  Al oír las quejas de sus caballeros                           25  
 ríe, ríe, ríe la divina Eulalia,  
 pues son su tesoro las flechas de Eros,  
 el cinto de Cipria, la rueca de Onfalia.  

  ¡Ay de quien sus mieles y frases recoja!  
 ¡Ay de quien del canto de su amor se fíe!                30  
 Con sus ojos lindos y su boca roja,  
 la divina Eulalia ríe, ríe, ríe.  

  Tiene azules ojos, es maligna y bella;  
 cuando mira vierte viva luz extraña:  
 se asoma a sus húmedas pupilas de estrella                     35  
 el alma del rubio cristal de Champaña.  

  Es noche de fiesta, y el baile de trajes  
 ostenta su gloria de triunfos mundanos.  
 La divina Eulalia, vestida de encajes,  
 una flor destroza con sus tersas manos.                  40  

  El teclado harmónico de su risa fina  
 a la alegre música de un pájaro iguala,  
 con los staccati de una bailarina   
 y las locas fugas de una colegiala.  

  ¡Amoroso pájaro que trinos exhala                          45  
 bajo el ala a veces ocultando el pico;  
 que desdenes rudos lanza bajo el ala,  
 bajo el ala aleve del leve abanico!  

  Cuando a medianoche sus notas arranque  
 y en arpegios áureos gima Filomela,                                   50  
 y el ebúrneo cisne, sobre el quieto estanque  
 como blanca góndola imprima su estela,  

  la marquesa alegre llegará al boscaje,  
 boscaje que cubre la amable glorieta,  
 donde han de estrecharla los brazos de un paje,        55  
 que siendo su paje será su poeta.  

  Al compás de un canto de artista de Italia  
 que en la brisa errante la orquesta deslíe,  
 junto a los rivales la divina Eulalia  
 la divina Eulalia, ríe, ríe, ríe.                                      60  

  ¿Fue acaso en el tiempo del rey Luis de Francia,  
 sol con corte de astros, en campos de azur?  
 ¿Cuando los alcázares llenó de fragancia   
 la regia y pomposa rosa Pompadour?  

  ¿Fue cuando la bella su falda cogía                                     65  
 con dedos de ninfa, bailando el minué,  
 y de los compases el ritmo seguía  
 sobre el tacón rojo, lindo y leve el pie?  

  ¿O cuando pastoras de floridos valles  
 ornaban con cintas sus albos corderos,                   70  
 y oían, divinas Tirsis de Versalles,  
 las declaraciones de sus caballeros?  

  ¿Fue en ese buen tiempo de duques pastores,  
 de amantes princesas y tiernos galanes,  
 cuando entre sonrisas y perlas y flores                   75  
 iban las casacas de los chambelanes?  

  ¿Fue acaso en el Norte o en el Mediodía?   
 Yo el tiempo y el día y el país ignoro,  
 pero sé que Eulalia ríe todavía,  
 ¡y es cruel y eterna su risa de oro!                             80