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martes, 14 de enero de 2025

Un corazón de araña al sol secado”

 María de Zayas y Sotomayor

"Un corazón de araña al sol secado”


1 Un corazón de araña al sol secado,
y sacado en creciente de la luna;
tres vueltas de la rueda de Fortuna,
cuando tenga un dichoso levantado;


5 ha de estar todo aquesto preparado
con el licor de aquella gran laguna,
donde, por ser Salmacis importuna,
fue Troco en Hermafrodita trocado;

en sangre de Anteón muy bien cocido,

10 revuelto en quejas de los ruiseñores,
y entre pelos de ranas conservado.

Cuando un amante esté muy afligido,
sahume con aquesto a sus amores,
que será de sus penas remediado.

 

domingo, 12 de enero de 2025

“A una dama que hilaba”

 Lope de Vega

A una dama que hilaba


Estos suspiros, Lisi, estos acentos,
desnudos de arte, de dolor vestidos,
lisonjas debían de ser de tus oídos,
puesto que indicio son de mis tormentos


Mas a mover digna piedad atentos,
no bien fueron del alma despedidos
cuando vuelven a ser, por desvalidos,
querelloso embarazo de los vientos.

Segunda vez a ti se han atrevido;

si no fueren del todo despreciados,

en fe de haver tal dueño merecido,

del tiempo vivirán previlegiados,
venciendo, ya qu'el tuyo no han podido,
el olvido a qu'estaban condenados.


viernes, 4 de junio de 2021

"Prometeo liberado"

Percy Bysshe Shelley
 
"Prometeo liberado"

Tú bajaste, entre todas las ráfagas del cielo:
al modo de un espíritu o de un pensar, que agolpa
inesperadas lágrimas en ojos insensibles,
o como los latidos de un corazón amargo
que debiera tener ya la paz, descendiste
en cuna de borrascas; así tú despertabas,
Primavera, ¡oh, nacida de mil vientos! Tan súbita
te llegas, como alguna memoria de un ensueño
que se ha tornado triste, pues fue dulce algún día,
y como el genio o como el júbilo que eleva
de la tierra, vistiendo con las doradas nubes
el yermo de la vida.
La estación llegó ya, y el día: esta es la hora;
has de venirte cuando sale el sol, dulce hermana:
¡llega, al fin, deseada tanto tiempo, y remisa!
¡Qué lentos, cual gusanos de muerte los instantes!
El punto e una estrella blanca aun tiembla, en lo hondo
de esa luz amarilla del día que se agranda
tras montañas de púrpura: a través de una sima
de la niebla que el viento divide, el lago oscuro
la refleja; se apaga; ya vuelve a rutilar
al desvaírse el agua, mientras hebras ardientes
de las tejidas nubes arranca el aire pálido:
¡se pierde! Y en los picos de nieve, como nubes,
la luz del sol, rosada, ya tiembla. ¿No se oye
la eólica música de sus plumas, de un verde
marino, abanicando al alba carmesí?

lunes, 1 de febrero de 2021

"Con Ícaro de Creta se escapaba"

Hernando de Acuña (1591): Sonetos

"Con Ícaro de Creta se escapaba"
Con Ícaro, de Creta se escapaba
Dédalo, y ya las alas extendía,
y al hijo, que volando le seguía,
con amor maternal amonestaba:
Que si el vuelo más alto levantaba,
la cera con el sol se desharía,
y en el mismo peligro le pondría
el agua y su vapor, si más bajaba.
Mas el soberbio mozo, y poco experto,
enderezóse luego al alto cielo
y, ablandada la cera en la altura,
perdió las alas, y en el aire muerto,
recibiéndole el mar del alto vuelo,
por el nombre le dio la sepultura.

sábado, 28 de marzo de 2020

“Himno a Afrodita”

Safo de Lesbos

“Himno a Afrodita”

Versión en español 
(traducción de Carlos Montemayor)

Inmortal Afrodita de colorido trono,
hija de Zeus, artificiosa, te suplico
que no sometas a infortunios ni dolores,
oh Soberana, mi corazón.

Y ven, como otras veces
que abandonaste la casa de tu padre
cuando a lo lejos mi voz oías,
luego que tu dorada

carroza preparabas: te conducían hermosas
ágiles aves cruzando la tierra oscura,
batiendo fuertemente sus alas en medio
de los cielos y del éter.

De inmediato llegaban. Y tú, dichosa,
con tu rostro inmortal sonriendo,
preguntabas con qué sentimiento ahora sufría,
la causa porque te invocaba,

qué anhelaba por sobre todo
mi enloquecido ser: "¿A quién deseas ahora
que mi persuasión atraiga hacia tu amor? ¿Quién,
oh, Safo, te atormenta?

Haré que pronto te siga, si te huye;
que si tus regalos rechaza, él te los ofrezca,
y que de inmediato te ame, si no ama,
aunque no lo desee".

Ven también ahora para librarme del peso
de mis penas; todo cuanto satisfacer
mi ser anhela, cúmplelo: oh, mi aliada,
sé tú misma.


Versión en griego clásico

Ποικιλόθρον' άθάνατ' Άφρόδιτα,
παΤ Δίος δολόπλοκε, λίσσομαί σε,
μη μ' ιϊσαισι μηδ' όνίαισι δαμνα,
πότνια, θΰμον.

αλλά τύιδ' Ελθ' αϊ ποτά χάτέρωτα
τδς Εμάς αΰδως άΐοισα πήλυι
Εκλυες, πατρός δε δόμον λίποισα
χρύσιον ήλθες

ιϊρμ' ύπασδεύξαισα· χάλοι δε σ' αγον
ώχεες στροΟθοι περί γδς μελαΐνας,
πυκνά δίννεντες πτέρ' απ' ώράνωΐθε-
ρος δια μέσσω·

αΐψα δ' έξίκοντο- συ δ' ώ μάχαιρα,
μειδιάσαισ' άθανατωι προσώπωι
ήρε' δττι δηΰτε πέπονθα χώττι
δηί3τε χάλημμι,

κώττ' Εμωι μάλιστα θέλω γενέσθαι
μαινόλαι θύμωι· «τίνα δηΰτε Πείθων μάισ'
Λγην ες σαν φιλότατα; τίς σ', ώ
Ψάπφ', άδιχήει;

καΐ γαρ αϊ φεύγει, ταχέως διώξει,
αϊ δΐ δώρα μη δέχετ', αλλά δώσει,
αϊ δΐ μη φίλει, ταχέως φιλήσει
κωύχ έθέλοισα.»

ϊλθε μοι καΐ νΟν, χαλεπά ν SiλΟσον
¿χ μερίμναν, δσσα δε μοι τίλεσσαι
θυμός Ιμέρρει, τέλεσαν συ δ' αυτά
σύμμαχος ϊσσο.

domingo, 1 de diciembre de 2019

“Cuando el vigía vio la luz”

Constantino Cavafis (1900)

“Cuando el vigía vio la luz”

En invierno, en verano se sentaba en el tejado
de los atridas el vigía, y oteaba. Es ahora quien pregona
las buenas nuevas: ha visto, allá a lo lejos, encenderse el fuego.
Y se alegra. Y sus esfuerzos ya concluyen.
Es duro quedarse noche y día,
bajo el calor y el frío, a escudriñar la distancia por un fuego
que ha de encenderse sobre el Aracneo. Ahora aparece
la anhelada señal. Siempre que llega la felicidad
nos produce menos alegría
de lo que cabe esperar, mas indudablemente
se gana en esto: verse libre de esperanzas
y expectativas. Son muchas las cosas
que han de pasarle a los atridas. Cualquiera, sin ser sabio,
lo supone, ahora que el vigía
ya divisó la luz. No hace falta, por tanto, exagerar.
Bella es la luz; y bellos los que acuden;
bellos también sus actos y sus palabras.
Y esperemos que todo salga a derechas. Pero
Argos bien puede hacerlo sin los atridas.
Los linajes no duran para siempre.
Seguramente muchos han de decir muchas cosas.
Las vamos a escuchar, mas no caeremos en la engañifa
del Necesario, del Único, del Grande.
Necesario, único y grande, siempre en seguida
se encuentra a cualquier otro.

miércoles, 16 de octubre de 2019

“El cisne”

Rubén Darío (1896): Prosas profanas y otros poemas

“El cisne”

A Ch. del Gouffre

 Fue una hora divina para el género humano.   
 El Cisne antes cantaba sólo para morir.  
 Cuando se oyó el acento del Cisne wagneriano  
 fue en medio de una aurora, fue para revivir.  

  Sobre las tempestades del humano océano                           5  
 se oye el canto del Cisne; no se cesa de oír,  
 dominando el martillo del viejo Thor germano  
 o las trompas que cantan la espada de Argantir.  

  ¡Oh Cisne! ¡Oh sacro pájaro! Si antes la blanca Helena   
 del huevo azul de Leda brotó de gracia llena,                       10  
 siendo de la Hermosura la princesa inmortal,  

 bajo tus alas la nueva Poesía  
 concibe en una gloria de luz y de harmonía  
 la Helena eterna y pura que encarna el ideal.  

martes, 10 de septiembre de 2019

"Leda"

Rubén  Darío (1905): Cantos de vida y esperanza

“Leda”

El cisne en la sombra parece de nieve;
su pico es de ámbar, del alba al trasluz;
el suave crepúsculo que pasa tan breve
las cándidas alas sonrosa de luz.

Y luego en las ondas del lago azulado,
después que la aurora perdió su arrebol,
las alas tendidas y el cuello enarcado,
el cisne es de plata bañado de sol.

Tal es, cuando esponja las plumas de seda,
olímpico pájaro herido de amor,
y viola en las linfas sonoras a Leda,
buscando su pico los labios en flor.

Suspira la bella desnuda y vencida,
y en tanto que al aire sus quejas se van,
del fondo verdoso de fronda tupida
chispean turbados los ojos de Pan.


martes, 9 de julio de 2019

“Peregrino”

Luis Cernuda (1962): Desolación de la quimera

“Peregrino”

¿Volver? Vuelva el que tenga,
Tras largos años, tras un largo viaje,
Cansancio del camino y la codicia
De su tierra, su casa, sus amigos,
Del amor que al regreso fiel le espere.

Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,
Sino seguir libre adelante,
Disponible por siempre, mozo o viejo,
Sin hijo que te busque, como a Ulises,
Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.

Sigue, sigue adelante y no regreses,
Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
No eches de menos un destino más fácil,
Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
Tus ojos frente a lo antes nunca visto.

sábado, 16 de febrero de 2019

“Toma tu acero cortador”

María de Zayas

“Toma tu acero cortador”


Toma tu acero cortador, no seas
causa de algún exceso inadvertido,
que puede ser, Salicio, que sea Dido,
si por mi mal quisieses ser Eneas.
5
Cualquiera atrevimiento es bien que creas
de un pecho amante a tu valor rendido,
muy cerca está de ingrato el que es querido;
llévale, ingrato, si mi bien deseas.
Si a cualquiera rigor de aquesos ojos
10
te lloro Eneas y me temo Elisa,
quítame la ocasión de darme muerte,
que quieres la vida por despojos.
Que me mates de amor, mi amor te avisa:
tú ganarás honor, yo dulce suerte. 


martes, 11 de diciembre de 2018

“¡Ay, sabrosa ilusión!”

Gutierre de Cetina

“¡Ay, sabrosa ilusión!”


¡Ay, sabrosa ilusión, sueño süave!,
¿quién te ha enviado a mí? ¿Cómo veniste?
¿Por dónde entraste el alma o qué le diste
a mi secreto por guardar la llave?

¿Quién pudo a mi dolor fiero, tan grave,
el remedio poner que tú pusiste?
Si el ramo tincto en Lete en mí esparciste,
ten la mano al velar que no se acabe.

Bien conozco que duermo y que me engaño,
mientra envuelto en un bien falso, dudoso,
manifiesto mi mal se muestra cierto.

Pero, pues excusar no puedo un daño,
hazme sentir, ¡oh sueño pïadoso!,
antes durmiendo el bien, que el mal despierto.

miércoles, 11 de julio de 2018

"Soneto XIII (A Dafne ya los brazos crecían)"

Garcilaso de la Vega

"Soneto XIII (A Dafne ya los brazos crecían)"

A Dafne ya los brazos le crecían

y en luengos ramos vueltos se mostraban;

en verdes hojas vi que se tornaban

los cabellos qu’el oro escurecían;

    

de áspera corteza se cubrían
los tiernos
miembros que aun bullendo ’staban;

los blancos pies en tierra se hincaban

y en torcidas raíces se volvían.

    

Aquel que fue la causa de tal daño,

a fuerza de llorar, crecer hacía

el árbol que con lágrimas regaba.

    

¡Oh miserable estado, oh mal tamaño!
¡Que con llorarla crezca cada día

la causa y la razón por que lloraba!