Mostrando entradas con la etiqueta pájaros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pájaros. Mostrar todas las entradas

sábado, 19 de junio de 2021

"Noche de invierno"

Charles Simic (1996): Paseando al gato negro

"Noche de invierno"
 
Estos presentimientos que tengo, escalofríos 
causados por el modo en que la luz
deja manchas de sangre en la pared de la casa, 
temo confiar en un gorrión, 
no me acercaré al gato. 
 
El destino te marca temprano por la mañana
con un dedo sagaz, 
y después se ocupa de preparar el atrezo, 
pintando el decorado. 
 
La ventana de mi amor estaba en llamas
con el atardecer. 
Su pelo era rojo. 
La almohada que llevaba en sus brazos
parecía un bebé. 
 
En silencio como una miga de pan, 
me detuve y observé. 
Todos los pájaros a mi alrededor habían caído en silencio. 
Y entonces las nubes movieron 
sus trágicos ropajes, 
y lo mismo hizo la noche. 

https://comraderadmila.com/2019/12/20/winter-evening/ 


lunes, 8 de febrero de 2021

“El mirlo”

Luis Cernuda (1942): Ocnos

“El mirlo”

Marzo anochece gris entre los olmos desnudos, aunque la hierba, donde el asfodelo y el jacinto ya apuntan en sus tallos, están abiertas las corolas del azafrán, encendidas de color lo mismo que una mejilla fresca contra este aire punzante. Cerca, desde tal cima sin hoja o cual alero, echando penas a la espalda, silba sentido e irónico algún mirlo.
        Tiene su cantar ahora la misma ligereza sin cansancio ni sombra que tuvo a la mañana, y al recogerse tras de la jornada volandera calla en su garganta la misma voz alegre de su despertar. Para él la luz del poniente es idéntica a la del oriente, su sosiego de plumas tibias ovilladas en el nido idéntico a su vuelo de cruz loca por el aire, donde halla materia de tantas coplas silbadas.
Desde el aire trae a la tierra alguna semilla divina, un poco de luz mojada de rocío, con las cuales parece nutrir su existencia, no de pájaro sino de flor, y a las cuales debe estas notas claras, líquidas, traspasando su garganta. Igual que la violeta llena con su olor el aire de marzo, el mirlo llena con su voz la tierra de marzo. Y equivalente oposición dialéctica, primaveral e inverniza, a la que expresa el tiempo en esos días, es la de pasión y burla que expresa el pájaro en esas notas.
Como si la muerte no existiera, ¿que puede importarle a mirlo la muerte?, como si ella con su flecha pesada y dura no pudiera pasarle, silba el pájaro alegre, libre de toda razón humana. Y su alegría contagiosa prende en el espíritu de quien oscuramente le escucha, formando con este espíritu y aquel cantar, tal la luz con el agua, un solo volumen etéreo.

domingo, 17 de enero de 2021

“Égloga II (Fragmento: 'Con un amigo tal')”

Garcilaso de la Vega

"Égloga II (Fragmento 'Con un amigo tal, verdad es eso'"

Albanio
 
     Con un amigo tal, verdad es eso
cuando el mal sufre cura, mi Salicio,
mas éste ha penetrado hasta el hueso.
     Verdad es que la vida y ejercicio
común y el amistad que a ti me ayunta
mandan que complacerte sea mi oficio;
     mas ¿qué haré?, qu’el alma ya barrunta
que quiero renovar en la memoria
la herida mortal d’aguda punta,
     y póneme delante aquella gloria
pasada y la presente desventura
para espantarme de la horrible historia.
     Por otra parte, pienso qu’es cordura
renovar tanto el mal que m’atormenta
que a morir venga de tristeza pura,
     y por esto, Salicio, entera cuenta
te daré de mi mal como pudiere,
aunque el alma rehuya y no consienta.
     Quise bien, y querré mientras rigere
aquestos miembros el espirtu mío,
aquélla por quien muero, si muriere.
     En este amor no entré por desvarío,
ni lo traté, como otros, con engaños,
ni fue por elección de mi albedrío:
     desde mis tiernos y primeros años
a aquella parte m’enclinó mi estrella
y aquel fiero destino de mis daños.
     Tú conociste bien una doncella
de mi sangre y agüelos decendida,
más que la misma hermosura bella;
     en su verde niñez siendo ofrecida
por montes y por selvas a Diana,
ejercitaba allí su edad florida.
     Yo, que desde la noche a la mañana
y del un sol al otro sin cansarme
seguía la caza con estudio y gana,
     por deudo y ejercicio a conformarme
vine con ella en tal domestiqueza
que della un punto no sabía apartarme;
     iba de una hora en otra la estrecheza
haciéndose mayor, acompañada
de un amor sano y lleno de pureza.
     ¿Qué montaña dejó de ser pisada
de nuestros pies? ¿Qué bosque o selva umbrosa
no fue de nuestra caza fatigada?

martes, 26 de mayo de 2020

“De la virtud del ave solitaria”

Ángeles Mora (1990): La dama errante

“De la virtud del ave solitaria”

Aunque quiso ocultarlo, 
ella vino a quedarse. 
Sin billete de vuelta 
y hasta sin equipaje. 

Lo supe en sus ojeras, 
su pelo desteñido. 
Me miró solamente. 
Sin hablar me lo dijo. 

Ella vino a quedarse. 
Ahora vive conmigo.

jueves, 30 de abril de 2020

“Bajo la lluvia”

Juana de Ibarbourou

“Bajo la lluvia”

¡Cómo resbala el agua  por mi espalda!
¡Cómo moja mi falda,
y pone  en mis mejillas su frescura de nieve!
Llueve, llueve, llueve,
y voy,  senda adelante,
con el alma ligera y la cara radiante,
sin sentir, sin soñar,
llena de la voluptuosidad de no pensar.

Un pájaro se baña
en una charca turbia. Mi presencia le extraña,
se detiene... me mira... nos sentimos amigos...
¡Los dos amamos muchos cielos, campos y trigos!
Después es el asombro
de un labriego que pasa con su azada al hombro
y la lluvia me cubre de todas las fragancias
de los setos de octubre.
Y es, sobre mi cuerpo por el agua empapado
como un maravilloso y estupendo tocado
de gotas cristalinas, de flores deshojadas
que vuelcan a mi paso las plantas asombradas.
Y siento, en la vacuidad
del cerebro sin sueño, la voluptuosidad
del placer infinito, dulce y desconocido,
de un minuto de olvido.
Llueve, llueve, llueve,
y tengo en alma y carne, como un frescor de nieve.

sábado, 18 de abril de 2020

“Stony Brook (2)”

Ángeles Mora (2001): Contradicciones, pájaros

“Stony Brook (2)”

“When the robins come”
Emily Dickinson

El día siete 
se deslizó despacio entre las ramas,
bajó por la escalera
y vino a verme. 
Yo estaba todavía escondida entre las sábanas
de mi cuarto del sótano
pero él me despertó.
Sin pensarlo, salimos al jardín. 

Los pájaros callaron medio mudos
al vernos, aunque pronto
volvieron a gritar al día siete.
Sentí una rara unión 
caminando a su lado
--creo que ya en mi sueño 
los esperé desde anoche--.
El bosque quedó quieto,
solo las hojas secas nos hablaban
y un petirrojo desgarró de pronto
la luz de la mañana. 

Subimos la colina.
Yo subía a su lado
que al caminar seguíamos
las huellas de un poema. 
Juntos llegamos hasta arriba. 
Vimos el mar lejano. 

El día siete entonces,
abriéndose como una tentación,
solo para mis ojos desplegó 
los secretos tesoros de esta isla.