Mostrando entradas con la etiqueta Romancero viejo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Romancero viejo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 5 de mayo de 2021

“La ermita de San Simón”

Romancero viejo

“La ermita de San Simón”

En Sevilla está una ermita
cual dicen de San Simón,
adonde todas las damas
iban a hacer oración.
Allá va la mi señora,                 5
sobre todas la mejor,
saya lleva sobre saya,
mantillo de un tornasol,
en la su boca muy linda
lleva un poco de dulzor,             10
en la su cara muy blanca
lleva un poco de color,
y en los sus ojuelos garzos
lleva un poco de alcohol,
a la entrada de la ermita,           15
relumbrando como el sol.
El abad que dice misa
no la puede decir, no,
monacillos que le ayudan
no aciertan responder, no,         20
por decir: amén, amén,
decían: amor, amor.

miércoles, 24 de febrero de 2021

"Romance de la gentil dama y el rústico pastor"

Anónimo (Edad Media): Romancero viejo
Estase la gentil dama
paseando en su vergel,
los pies tenía descalzos,
que era maravilla ver;
desde lejos me llamara,
no le quise responder.
Respondile con gran saña :
-¿Qué mandáis, gentil mujer?
Con una voz amorosa
comenzó de responder:
-Ven acá, el pastorcico,
si quieres tomar placer;
siesta es del mediodía ,
que ya es hora de comer,
si querrás tomar posada
todo es a tu placer.
-Que no era tiempo, señora,
que me haya de detener,
que tengo mujer y hijos,
y casa de mantener,
y mi ganado en la sierra,
que se me iba a perder,
y aquellos que me lo guardan
no tenían qué comer.
-Vete con Dios, pastorcillo,
no te sabes entender ,
hermosuras de mi cuerpo
yo te las hiciera ver:
delgadica en la cintura,
blanca soy como el papel,
la color tengo mezclada
como rosa en el rosel,
el cuello tengo de garza,
los ojos de un esparver ,
las teticas agudicas,
que el brial quieren romper,
pues lo que tengo encubierto
maravilla es de lo ver .
-Ni aunque más tengáis, señora,
no me puedo detener.

jueves, 10 de diciembre de 2020

“Romance sefardita de la Catalina”

Anónimo: Romancero

“Romance sefardita de la Catalina”

Estaba la Catalina
sentadita en su balcón.
Pasó por allí un soldado
de buena o mala intención.
- Buenas tardes, Catalina,
con usted durmiera yo.
- Suba, suba el caballero
durmirá una noche o dos.
- ¿Y si su marido viene
y nos pilla de traición?
- Mi marido no está en casa,
que mi marido marchó.
Mi marido fue a cazar
a los montes de Aragón,
y ahora para que no vuelva
le echaré la maldición.
Cuervos le saquen los ojos
y águilas el corazón.
Los perros de mi ganado
le traigan en procesión.
Aún no había dicho esto
y él a la puerta picó.
Ábreme la puerta, luna,
ábreme la puerta, sol,
que te traigo un conejito
de los montes de Aragón.
Bajaba por la escalera
mudadita de color.
- Tú estás turbada del vino
o tú tienes nuevo amor.
- Ni estoy turbada del vino
ni yo tengo nuevo amor.
Que reñí con los criados
con mucha de la razón,
que me perdieron las llaves
del más alto corredor.
- Si las perdieron de plata
de oro te las daré yo;
que tengo un hermano en Francia
que las haría mejor
¿De quién es aquel caballo
que en mi cuadra relinchó?
Tuyo es, marido mío,
que mi padre te lo dio.
- Dios se lo pague a tu padre
que caballos tenía yo
y cuando no los tenía,
él no me los daba, no
¿De quién es aquella capa
que en mi percha se colgó?
- Tuya es, marido mío,
que mi padre te la dio.
- Dios se lo pague a tu padre,
que capas tenía yo,
y cuando no las tenía,
él no me las daba, no.
- ¿Y qué es lo que hace un momento
en mi cama resonó?
- Es mi hermano, el pequeñín,
que conmigo se acostó,
y que ha venido a llamarte
pa las bodas del mayor.
- Mientes, mientes, Catalina,
de las bodas vengo yo.
Mátame, marido mío,
la culpa la tengo yo.
Matar, no te mataría;
matar que te mate Dios.
Pero que tu padre tenga
noticia de tu traición.
La agarrara por la mano
y a su casa la llevó.
- Tenga, padre, esta su hija,
que la tuna me engaño.
Si la tié mal enseñada,
enséñela usted mejor.

lunes, 16 de marzo de 2020

“Romance de Abenámar”

Anónimo

“Romance de Abenámar”

—¡Abenámar, Abenámar, 
moro de la morería,
el día que tú naciste 
grandes señales había!
Estaba la mar en calma, 
la luna estaba crecida,
moro que en tal signo nace 
no debe decir mentira.

Allí respondiera el moro, 
bien oiréis lo que diría:
—Yo te lo diré, señor, 
aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro 
y una cristiana cautiva;
siendo yo niño y muchacho 
mi madre me lo decía
que mentira no dijese, 
que era grande villanía:
por tanto, pregunta, rey, 
que la verdad te diría.
—Yo te agradezco, Abenámar, 
aquesa tu cortesía.
¿Qué castillos son aquéllos? 
¡Altos son y relucían!

—El Alhambra era, señor, 
y la otra la mezquita,
los otros los Alixares, 
labrados a maravilla.
El moro que los labraba 
cien doblas ganaba al día,
y el día que no los labra, 
otras tantas se perdía.
El otro es Generalife, 
huerta que par no tenía;
el otro Torres Bermejas, 
castillo de gran valía.

Allí habló el rey don Juan, 
bien oiréis lo que decía:
—Si tú quisieses, Granada, 
contigo me casaría;
daréte en arras y dote 
a Córdoba y a Sevilla.
—Casada soy, rey don Juan, 
casada soy, que no viuda;
el moro que a mí me tiene 
muy grande bien me quería. 

viernes, 16 de agosto de 2019

"Que por mayo era mayo"

Anónimo (Edad Media): Romancero viejo

"Que por mayo era mayo"
        Que por mayo era por mayo,
        cuando hace la calor,
        cuando los trigos encañan
        y están los campos en flor;
        cuando canta la calandria
        y responde el ruiseñor;
        cuando los enamorados
        van a servir al amor;
        sino yo, triste, cuitado,
        que vivo en esta prisión,
        que ni sé cuándo es de día,
        ni cuándo las noches son,
        sino por una avecilla
        que me cantaba al albor.
        Matómela un ballestero;
        déle Dios mal galardón.
Tomado de Flor nueva de romances viejos
Ramón Menéndez Pidal (ed. 1989)

jueves, 15 de agosto de 2019

"Herido está don Tristán"

Anónimo (Edad Media): Romancero viejo

"Herido está don Tristán"
        Herido está don Tristán   
 de una muy mala lanzada;   
 diérasela el rey, su tío,   
 con una lanza herbolada.   
 El hierro tiene en el cuerpo,    
 de fuera le tiembla el asta.   
 Tan malo está don Tristán   
 que a Dios quiere dar el alma   
 Valo a ver la reina Iseo   
 la su linda enamorada,   
 cubierta de paño negro   
 que de luto se llamaba.   
 Viéndole tan mal parado,   
 dice así la triste dama:   
 -Quin os hirió, don Tristán,   
 heridas tenga de rabias,   
 y que no halle maestro   
 que sopiese de sanarlas.   
 Tanto están de boca en boca   
 como una misa rezada:   
 llora el uno, llora el otro,   
 toda la cama se baña;   
 el agua que de ellos sale   
 una azucena regaba:   
 toda mujer que la bebe,  
 luego se siente preñada.   
 Así hice yo, mezquina,   
 por la mi ventura mala.  
Tomado de Flor nueva de romances viejos
Ramón Menéndez Pidal (ed. 1989)