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martes, 2 de junio de 2020

“Los desastres de la guerra”

Ángeles Mora (1990): La guerra de los treinta años

“Los desastres de la guerra”

Nunca se sabe
pero hoy llevo las piernas de plomo
como un ejército cansado 
y silbo entre la gente mi locura 
sin guerra y sin espada, sin moral de combate. 
Apenas recordando que tuve un corazón 
de hierro para el frío. 

Dice que se está de vuelta 
jamás en esta lucha, 
pero mis pasos torpes por la acera 
solo buscan adónde derrumbarse. 
Que lo más cruel no es este
caminar derrotado
sino el desierto, 
el valle en el que murieron los seiscientos…

Queríamos amor, amor, amarnos
cuando aún era posible acariciarte
y soñar otra historia. 
Pero hoy llevo de plomo casi el alma
como un ejército burlado.
A ras de tierra de mi falta, tu camisa, 
mojados gorriones
queriendo alzar el vuelo, 
ignorar las razones de este marzo, 
como saber que aquí, de madrugada,
no hay autobús posible ni teléfono. 
A ras de tierra el rostro del engaño. 

Y es que la vida, amor, 
como la muerte, hoy ya solo es un truco. 
Y para mí que hasta es un truco el mago. 

martes, 29 de octubre de 2019

“Garcilaso 1991”

Luis García Montero (1994): Habitaciones separadas

“Garcilaso 1991”

Mi alma os ha cortado a su medida,
dice ahora el poema,
con palabras que fueron escritas en un tiempo
de amores cortesanos.
Y en esta habitación del siglo XX,
muy a finales ya,
preparando la clase de mañana,
regresan las palabras sin rumor de caballos,
sin vestidos de corte,
sin palacios.
Junto a Bagdad herido por el fuego,
mi alma te ha cortado a su medida.

Todo cesa de pronto y te imagino
en la ciudad, tu coche, tus vaqueros,
la ley de tus edades,
y tengo miedo de quererte en falso,
porque no sé vivir sino en la apuesta,
abrasado por llamas que arden sin quemarnos
y que son realidad,
aunque los ojos miren la distancia
en los televisores.

A través de los siglos,
saltando por encima de todas las catástrofes,
por encima de títulos y fechas,
las palabras retornan al mundo de los seres vivos,
preguntan por su casa.

Ya sé que no es eterna la poesía,
pero sabe cambiar junto a nosotros,
aparecer vestida con vaqueros,
apoyarse en el hombre que se inventa un amor
y que sufre de amor
cuando está solo.