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lunes, 13 de enero de 2025

“¿Quién pensara que mi amor?”

 María de Zayas y Sotomayor

“¿Quién pensara que mi amor?”

1

¿Quién pensara que mi amor,
escarmentado en mis males,
cansado de mis desdichas,
no hubiera muerto cobarde?

5

¿Quién le vio escapar huyendo
de ingratitudes tan grandes
que crea que en nuevas penas
vuelva de nuevo a enlazarme?
¡Malhayan de mis finezas

10

tan descubiertas verdades,
y malhaya quien llamó
a las mujeres mudables!
Cuando de tus sinrazones
pudiera, Celio, quejarme

15

quiere Amor que no te olvide,
quiere Amor que más te ame.
Desde que sale la aurora,
hasta que el sol va a bañarse
al mar de las playas Indias,

20

lloro firme y siento amante;
vuelve a salir y me halla
repasando mis pesares,
sintiendo tus sinrazones,
llorando tus libertades.

25

Bien conozco que me canso
sufriendo penas en balde,
que lágrimas en ausencia
cuestan mucho y poco valen.
Vine a estos montes huyendo

30

de que ingrato me maltrates,
pero más firme te adoro,
que en mí es sustento el amarte.
De tu vista me libré,
pero no pude librarme

35

de un pensamiento enemigo,
de una voluntad constante.
¿Quién vio cercado castillo?,
¿quién vio combatida nave?,
¿quién vio cautivo en Argel

40

tal estoy y sin mudarme.
Mas, pues te elegí por dueño,
¡matadme, penas, matadme!,
pues por lo menos dirán:
"Murió, pero sin mudarse".

45

¡Ay bien sentidos males!,
poderosos seréis para matarme,
mas no podréis hacer que amor se acabe.

jueves, 2 de noviembre de 2023

“Libertad”

Carolina Coronado

“Libertad”

 

Risueños están los mozos,
gozosos están los viejos
porque dicen, compañeras,
que hay libertad para el pueblo.

 

Todo es la turba cantares,
los campanarios estruendo,
los balcones luminarias,
y las plazuelas festejos.

 

Gran novedad en las leyes,
que, os juro que no comprendo,
ocurre cuando a los hombres
en tal regocijo vemos.

 

Muchos bienes se preparan,
dicen los doctos al reino,
si en ello los hombres ganan
yo, por los hombres, me alegro;

 

Mas, por nosotras, las hembras,
ni lo aplaudo, ni lo siento,
pues aunque leyes se muden
para nosotras no hay fueros.

 

¡Libertad! ¿qué nos importa?
¿qué ganamos, qué tendremos?
¿un encierro por tribuna
y una aguja por derecho?

 

¡Libertad! ¿de qué nos vale
si son los tiranos nuestros
no el yugo de los monarcas,
el yugo de nuestro sexo?

 

¡Libertad! ¿pues no es sarcasmo
el que nos hacen sangriento
con repetir ese grito
delante de nuestros hierros?

 

¡Libertad! ¡Ay! para el llanto
tuvímosla en todos tiempos;
con los déspotas lloramos,
con tributos lloraremos;

 

Que, humanos y generosos
estos hombres, como aquellos,
a sancionar nuestras penas
en todo siglo están prestos.

 

Los mozos están ufanos,
gozosos están los viejos,
igualdad hay en la patria,
libertad hay en el reino.

 

Pero os digo, compañeras,
que la ley es sola de ellos,
que las hembras no se cuentan
ni hay Nación para este sexo.

 

Por eso aunque los escucho
ni me aplaudo ni lo siento;
si pierden ¡Dios se lo pague!
y si ganan ¡buen provecho!