Mostrando entradas con la etiqueta María de Zayas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta María de Zayas. Mostrar todas las entradas

viernes, 17 de enero de 2025

“Tenéis, señora, en la graciosa boca”

 María de Zayas y Sotomayor (atribuido)

“Tenéis, señora, en la graciosa boca”


Tenéis, señora, en la graciosa boca
tan bella y soberana compostura,
que es de mi alma la mayor cordura
vivir por ella rematada y loca.

 

¡Mil veces dichosísimo quien toca
lugar tan bello y goza su dulzura!,
pues a mí la paciencia y la cordura
con sólo contemplarlo se me apoca;

y es esto en tanto extremo, que, aunque el hombre

que en una cosa honesta, santa o bella

pone la boca tiene infame nombre,

vuestra boca me obliga a apetecella;
de suerte que, aunque cobre este renombre,
yo quisiera poner mi boca en ella.

 

jueves, 16 de enero de 2025

“Toma tu acero cortador”

 María de Zayas y Sotomayor

“Toma tu acero cortador”


1 Toma tu acero cortador, no seas
causa de algún exceso inadvertido,
que puede ser, Salicio, que sea Dido,
si por mi mal quisieses ser Eneas.

5 Cualquiera atrevimiento es bien que creas
de un pecho amante a tu valor rendido,
muy cerca está de ingrato el que es querido;
llévale, ingrato, si mi bien deseas.


Si a cualquiera rigor de aquestos ojos

10 te lloro Eneas y me temo Elisa,
quítame la ocasión de darme muerte,

que quieres la vida por despojos.
Que me mates de amor, mi amor te avisa:
tú ganarás honor, yo dulce suerte.

miércoles, 15 de enero de 2025

“A pesar de la fortuna”

 María de Zayas y Sotomayor

“A pesar de la fortuna”


1 A pesar de la Fortuna,
que su vista me quitó,
sin ser Aurora, en mis brazos
ayer Febo amaneció.


5 Vertiendo risa en las flores
con su divino esplendor,
dando perlas a las fuentes,
lustre, ser y admiración.
¿Quién vio, entre celajes rojos,

10 salir gobernando el Sol
los flamígeros caballos
que descompuso Faetón?
¿Quién vio decretar a Jove
el castigo que se dio

15 al mozo mal entendido
que por soberbio cayó?
¿Y quién vió al sabio Mercurio
adormecer al pastor
que velaba con cien ojos

20 a la desdichada Io?
¿Quién vio sujetando a Marte,
con su extremado valor,
las belicosas escuadras
de quien es dueño y señor?

25 ¿Quién le vio rendir a Venus
la soberbia condición,
animoso entre soldados,
tierno tratando de amor?
¿Quién vio conquistando al mundo

30 aquel magno emperador
que alcanzó en el tanto monta,
glorias, título y blasón?
¿Quién vio vencer imposibles
aquel mozo que abrasó

35 por castigar su flaqueza
su brazo con tal valor?
Así, selvas, a mis ojos
un bello sol ofreció,
y de haberle visto, selvas,

40 mi dicha alabando estoy.
Envídieme la Fortuna,
si oriente soy de tal sol,
siendo diamante que alcanzo
a sus rayos más valor.

45 Mas ¡ay! que tal favor
en sueños la Fortuna me ofreció;
porque nunca mi amor,
si no es durmiendo, aquesto mereció.

martes, 14 de enero de 2025

Un corazón de araña al sol secado”

 María de Zayas y Sotomayor

"Un corazón de araña al sol secado”


1 Un corazón de araña al sol secado,
y sacado en creciente de la luna;
tres vueltas de la rueda de Fortuna,
cuando tenga un dichoso levantado;


5 ha de estar todo aquesto preparado
con el licor de aquella gran laguna,
donde, por ser Salmacis importuna,
fue Troco en Hermafrodita trocado;

en sangre de Anteón muy bien cocido,

10 revuelto en quejas de los ruiseñores,
y entre pelos de ranas conservado.

Cuando un amante esté muy afligido,
sahume con aquesto a sus amores,
que será de sus penas remediado.

 

lunes, 13 de enero de 2025

“¿Quién pensara que mi amor?”

 María de Zayas y Sotomayor

¿Quién pensara que mi amor?

1

¿Quién pensara que mi amor,
escarmentado en mis males,
cansado de mis desdichas,
no hubiera muerto cobarde?

5

¿Quién le vio escapar huyendo
de ingratitudes tan grandes
que crea que en nuevas penas
vuelva de nuevo a enlazarme?
¡Malhayan de mis finezas

10

tan descubiertas verdades,
y malhaya quien llamó
a las mujeres mudables!
Cuando de tus sinrazones
pudiera, Celio, quejarme

15

quiere Amor que no te olvide,
quiere Amor que más te ame.
Desde que sale la aurora,
hasta que el sol va a bañarse
al mar de las playas Indias,

20

lloro firme y siento amante;
vuelve a salir y me halla
repasando mis pesares,
sintiendo tus sinrazones,
llorando tus libertades.

25

Bien conozco que me canso
sufriendo penas en balde,
que lágrimas en ausencia
cuestan mucho y poco valen.
Vine a estos montes huyendo

30

de que ingrato me maltrates,
pero más firme te adoro,
que en mí es sustento el amarte.
De tu vista me libré,
pero no pude librarme

35

de un pensamiento enemigo,
de una voluntad constante.
¿Quién vio cercado castillo?,
¿quién vio combatida nave?,
¿quién vio cautivo en Argel

40

tal estoy y sin mudarme.
Mas, pues te elegí por dueño,
¡matadme, penas, matadme!,
pues por lo menos dirán:
"Murió, pero sin mudarse".

45

¡Ay bien sentidos males!,
poderosos seréis para matarme,
mas no podréis hacer que amor se acabe.

martes, 19 de febrero de 2019

“Dar celos quita el honor”

María de Zayas

“Dar celos quita el honor”

Dar celos quita el honor;
la presunción, pedir celos;
no tenerlos no es amor,
y discreción es tenerlos.

Quien por picar a su amante
pierde a su honor el respeto
y finge lo que no hace,
o se determina a hacerlo,

ocasionando el castigo,
se pone a cualquiera riesgo;
que también supone culpa
la obra como el deseo.

Quien pide celos, no estima
las partes que le dio el Cielo,
y ensalzando las ajenas,
abate el merecimiento.

Está a peligro que elija
su mismo dueño por dueño,
lo que por reñir su agravio
sube a la esfera del fuego.

Quien tiene amor y no cela,
todos dicen, y lo entiendo,
que no estima lo que ama
y finge sus devaneos.

Celos y amor no son dos:
uno es causa; el otro, efecto.
Porque efecto y causa son
dos, pero sólo un sujeto.

Nacen celos del amor,
y el mismo amor son los celos,
y si es, como dicen, dios,
una en dos causas contemplo.

Quien vive tan descuidado
que no teme, será necio;
pues quien más estado alcanza,
más cerca está de perderlo.

Seguro salió Faetón
rigiendo el carro febeo,
confiado en su volar
por las regiones del cielo.

Ícaro, en alas de cera,
por las esferas subiendo,
y en su misma confianza,
Ícaro y Faetón murieron.

Celos y desconfianza,
que son una cosa es cierto;
porque el celar es temer;
el desconfiar, lo mesmo.

Luego quien celos tuviere
es fuerza que sea discreto,
porque cualquier confiado
está cerca de ser necio.

Con aquesto he desatado
la duda que se ha propuesto,
y responderé a cualquiera
que deseare saberlo.

De que en razón de celos,
es tan malo darlos
como tenerlos.

Pedirlos, libertad;
darlos, desprecio.
Y de los dos extremos,
malo es tenerlos; pero aqueste quiero,
porque mal puede amor serlo sin ellos. 

lunes, 18 de febrero de 2019

“Ya de mi dolor rendida”

María de Zayas

“Ya de mi dolor rendida”

Ya de mi dolor rendida,
con los sentidos en calma,
estoy deteniendo el alma,
que anda buscando salida;
ya parece que la vida,
como la candela que arde
y en verse morir cobarde
vuelve otra vez a vivir,
porque aunque desea morir,
procura que sea más tarde.

Llorando noches y días,
doy a mis ojos enojos,
como si fueran mis ojos
causa de las ansias mías.
¿Adónde estáis, alegrías?
Decidme, ¿dónde os perdí?
Responded, ¿qué causa os di?
Mas ¿qué causa puede haber
mayor que no merecer
el bien que se fue de mí?
Sol fui de algún cielo ingrato,
si acaso hay ingrato cielo;
fuego fue, volvióse hielo;
sol fui, luna me retrato,
mi menguante fue su trato,
mas si la deidad mayor
está en mí, que es el amor,
y éste no puede menguar,
difícil será alcanzar
lo que intenta su rigor.

Celos tuve, mas, querida,
de los celos me burlaba:
antes en ellos hallaba
sainetes para la vida;
ya, sola y aborrecida,
Tanta en sus glorias soy;
rabiando de sed estoy,
¡ay, qué penas! ¡ay, qué agravios!,
pues con el agua a los labios,
mayor tormento me doy.

¿Qué mujer habrá tan loca,
que viéndose aborrecer,
no le canse el padecer
y esté como firme roca?
Yo sola, porque no toca
a mí la ley de olvidar,
venga pesar a pesar,
a un rigor otro rigor,
que ha de conocer amor
que sé cómo se ha de amar.

Ingrato, que al hielo excedes;
nieve, que a la nieve hielas,
si mi muerte no recelas,
desde hoy más temerla puedes,
regatea las mercedes,
aprieta más el cordel,
mata esta vida con él,
sigue tu ingrata porfía;
que te pesará algún día
de haber sido tan cruel.

Sigue, cruel, el encanto
de esa engañosa sirena
que por llevarte a su pena,
te adormece con su canto;
huye mi amoroso llanto,
no te obligues de mi fe,
porque así yo esperaré
que has de ser como deseo
de aquella arpía Fineo
para que vengada esté.

Préciate de tu tibieza,
no te obliguen mis enojos,
pon más capote a los ojos,
cánsate de mi firmeza;
ultraja más mi nobleza,
ni sigas a la razón;
que yo, que en mi corazón
amor carácter ha sido,
pelearé con tu olvido,
muriendo por tu ocasión,

Bien sé que tu confianza
es de mi desdicha parte,
y fuera mejor matarte
a pura desconfianza;
todo cruel se me alcanza,
que como te ves querido,
tratas mi amor con olvido,
porque una noble mujer,
o no llegar a querer,
o ser lo que siempre ha sido.

Ojos, llorad, pues no tiene
ya remedio vuestro mal;
ya vuelve el dolor fatal,
ya el alma a la boca viene;
ya sólo morir conviene,
porque triunfe el que me mata;
ya la vida se desata
del lazo que al alma dio,
y con ver que me mató,
no olvido al que me maltrata.

Alma, buscad dónde estar,
que mi palabra os empeño,
que en vuestra posada hay dueño
que quiere en todo mandar.
Ya, ¿qué tenéis que aguardar,
si vuestro dueño os despide,
y en vuestro lugar recibe
otra alma que más estima?
¿No veis que en ella se anima
y con más contento vive?

¡Oh cuántas glorias perdidas
en esa casa dejáis!
¿Cómo ninguna sacáis?
Pues no por mal adquiridas,
mal premiadas, bien servidas,
que en eso ninguna os gana;
pero si es tan inhumana
la impiedad del que os arroja,
pues veis que en veros se enoja,
¡dos vos de buena gana.

Sin las potencias salís,
¿cómo esos bienes dejáis?,
que a cualquier parte que vais
no os querrán, si lo advertís.
Mas oigo que me decís
que sois como el que se abrasa,
que viendo que el fuego pasa
a ejecutarle en la vida,
deja la hacienda perdida,
que se abrase con la casa.

Pensando en mi desventura,
casi a la muerte he llegado;
ya mi hacienda se ha abrasado,
que eran bienes sin ventura.
¡Oh tú, que vives segura
y contenta en casa ajena!
de mi fuego queda llena,
y algún día vivirá,
y la tuya abrasará;
toma escarmiento en mi pena.

Mira, y siente cuál estoy,
tu caída piensa en mí,
que ayer maravilla fui,
y hoy sombra mía no soy
lo que va de ayer a hoy
podrá ser de hoy a mañana.
Estás contenta y lozana;
pues de un mudable señor
el fiarse es grande error:
no estés tan alegre, Juana.

Gloria mis ojos llamó;
mis palabras, gusto y cielos.
Dióme celos, y tomélos
al punto que me los dio.
¡Ah, mal haya quien amó
celosa, firme y rendida,
que cautelosa y fingida
es bien ser una mujer,
para no llegarse a ver,
como estoy, aborrecida!

¡Oh amor, por lo que he servido
a tu suprema deidad,
ten de mi vida piedad!
Esto por premio te pido:
no se alegre este atrevido
en verme por él morir;
pero muriendo vivir,
muerte será, que no vida;
ejecuta amor la herida,
pues yo no acierto a pedir.