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sábado, 6 de febrero de 2021

“Atardecer”

Luis Cernuda (1942): Ocnos

“Atardecer”

En los largos atardeceres del verano, subíamos a la azotea. Sobre los ladrillos cubiertos de verdín, entre las barandas y paredones escalados, allá en un rincón, estaba el jazminero, con sus ramas oscuras cubiertas de menudas corolas blancas, junto a la enredadera que a esa hora abría sus campanillas azules.
El sol poniente encendía apenas con toques de oro y carmín los bordes de unas frágiles nubes blancas que descansaban sobre el horizonte de los tejados. Caprichoso, con formas irregulares, se perfilaba el panorama de arcos, galerías y terrazas: blanco laberinto manchado aquí o allá de colores puros, y donde a veces una cuerda de ropa tendida flotaba henchida por el aire con una insinuación marina.
Poco a poco la copa del cielo se iba llenando de un azul oscuro, por el que nadaban, tal copos de nieve, las estrellas. De codos en la barandilla. era grato sentir la caricia de la brisa. Y el perfume de la dama de noche, que comenzaba a despertar su denso aroma nocturno, llegaba turbador, como el deseo que emana de un cuerpo joven, próximo en la tiniebla estival.

jueves, 9 de enero de 2020

“La Alhambra junto a la tarde”

Ángeles Mora (2015): Ficciones para una autobiografía

La Alhambra junto a la tarde”

Desde esta colina
es fácil despeñarse.
Aunque un rumor de historia detenida,
de tiempo fugitivo me sujete.
Porque también me empuja
con el mismo fluir de la corriente
que mi sueño desaloja.
Mi propio sueño desarmado.

Crecen las sombras en la luz roja de la tarde
y me asomo al abismo.
Pero no se despejan las incógnitas
que el agua arrastra bajo las calles
de la ciudad tendida.

Abajo, secretamente,
veo mi nombre
desde otra tarde rota
desatarse y mirar las estrellas
apuntando.

Abajo, el río sabe
de esta hora maldita.
Y como yo se oculta bajo sus pasos
para llevar al fin al aire denso
sus murmullos de plata.

miércoles, 6 de marzo de 2019

“La flor solitaria”

Juan Ramón Jiménez (1910-1911): Poemas agrestes

“La flor solitaria”

No vienen en tu busca, pobre flor solitaria;
-y, sin embargo, eres más bella que la rosa
pregonadora, que la mano partidaria
del destino abrió altiva, visible y victoriosa-.

Oyes, solo, en tu olvido, la verdad de la fuente,
que, cantándote amor, te vuelve sobre el cielo,
el verderón te cerca de un misterio elocuente,
la mariposa para por ti su blanco vuelo...

Y nadie sabe, flor, el encanto bendito
de tu soledad única, estasiada y divina,
cuando, a una brisa de oro, teñida de infinito,
el sol se va ocultando tras su verde colina.