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domingo, 10 de mayo de 2026

“Reverbera la música en los muros…”

Ángel González (1976): Muestra, corregida y aumentada, de algunos procedimientos narrativos y de las actitudes sentimentales que habitualmente comportan

Reverbera la música en los muros…

Reverbera la música en los muros, 

y traspasa mi cuerpo como si no existiese. 

 

¿Soy solo una memoria que regresa 

desde el cabo remoto de la vida, 

fiel a una invocación que no perdona?

 

Música que rechazan las paredes: 

solo soy eso. 


Cuando ella cesa también yo me extingo. 

viernes, 5 de noviembre de 2021

"Mi amiga y yo"

Ángeles Mora (2001): Contradicciones, pájaros

 

“Mi amiga y yo”

 

Como en las buenas amistadas

el encuentro primero 

fue perfecto, casi un presagio. 

Toda una sucesión de afinidades

electivas se alzaron

entre las dos de pronto. 

Algo nos dijo que estaríamos

para siempre de acuerdo. 

 

Con el roce nos fuimos conociendo. 

Algunos altibajos

no fueron decisivos. Siempre

volvimos

a levantar el ánimo. 

Fue fácil. Es fácil

entendernos.

Algo distinto ocurre 

–y también algo viejo–

cada vez 

que ella y yo nos hablamos.  

lunes, 4 de octubre de 2021

“Casandra”

 María Rosal

“Casandra”

 

Desmedida en tu huella,
eres hija inocente
del desierto y las olas.
Azul incandescencia.
Remota en tus senderos,
en la cumbre perfecta
del racimo y los labios,
cíngulo de tu aliento,
dormido en las adelfas.

           ¿Eres diosa o camino?
           Mujer acaso. Y basta.

jueves, 5 de agosto de 2021

"Elegía y postal"

Ángeles Mora (1990): La dama errante

"Elegía y postal"

No es fácil cambiar de casa,
de costumbres, de amigos,
de lunes, de balcón.
Pequeños ritos que nos fueron
haciendo como somos, nuestra vieja
taberna, cerveza
para dos.
Hay cosas que no arrastra el equipaje:
el cielo que levanta una persiana,
el olor a tabaco de un deseo,
los caminos trillados de nuestro
corazón.
No es fácil deshacer las maletas un día
en otra lluvia,
cambiar sin más de luna,
de niebla, de periódico, de voces,
de ascensor.
Y salir a una calle que nunca has
presentido,
con otros gorriones que ya
no te preguntan, otros gatos
que no saben tu nombre, otros besos
que no te ven venir.
No, no es fácil cambiar ahora de llaves.
Y mucho menos fácil,
ya sabes,
cambiar de amor.


Traducción al italiano, por Valentina Colonna, 

miércoles, 4 de agosto de 2021

"Caminos de vuelta"

Ángeles Mora (2008): Bajo la alfombra

"Caminos de vuelta"

Vivir
tiene un rumor de fondo
sordo como el silencio.
Me oigo vivir y espero
la tempestad, el barco,
furias que rompan
sobre esta lluvia fina.
Se abre el día
y las olas se abren
y nosotros pasamos
sin que se note
lloviendo
por dentro,
con las manos vacías
y en los ojos la luz
que acompaña
el camino de vuelta.
La vuelta es el comienzo.
Lo callamos.
La piel se va nublando
como el cielo.
Pero las venas saben
azulear el paso de la sangre.
Ríos que van a la mar,
que no acostumbra a morir,
sigilosos, cansados,
pero sin fin. 
Vivir
tiene ese rumor de fondo:
Los caminos de vuelta
no vuelven.
Siempre comienzan.


Traducción al italiano, por Valentina Colonna, 

martes, 3 de agosto de 2021

"Saber de ti"

Ángeles Mora (2008): Bajo la alfombra

"Saber de ti"

Frío cristal, cómo te introduces
entre yo misma y yo
Sylvia Plath

La soledad llega un día
y sabe a ti,
es algo tuyo ya,
como el sonido de tu voz
que sólo tú oyes desde dentro
y nunca nadie más conoce
cómo suena tu voz en ti,
cómo sabe tu soledad.
La soledad viene poco a poco
pero de pronto un día abre la puerta
y es como si la estuvieras esperando
desde siempre.
Entonces se convierte en tu doble,
se viste con tu ropa,
tiene tu rostro,
ama como tú misma
la luna en la ventana del verano,
mira con tus ojos
el espejo del alba,
mastica el dolor o el amor
en tus labios.
Pudo pasar de largo desgranando
nuevos olvidos y reclamos de ti,
pero llega
para quedarse un día.
Se amolda a tu sonrisa triste.
Te deja su amargura
o su dulzor inconfundible
—sólo cosa tuya—.
La reconoces,
la estabas esperando.
Es tu soledad, sabe a ti,
sabe de ti.
En el agua de tus ojos
se baña.

Traducción al italiano, por Valentina Colonna, 

lunes, 2 de agosto de 2021

"El gorrión"

Charles Simic (2010): El señor de las máscaras

"El gorrión"

Respecto a las guerras actuales, 
escuché decir en la televisión 
que durarán para siempre
ya que nuestros enemigos son muchos. 

Habrá multitud de negocios
para aquellos que fabrican bombas, 
uniformes y camas de hospital, 
y, por supuesto, ataúdes. 

Gorrión, que revoloteas en el patio, 
si nuestro presidente está en lo cierto, 
puede que tú yo llevemos muletas 
la próxima vez que nos visites. 

Versión en inglés

Charles Simic (2010): Master of disguises

"The sparrow"

Regarding the current wars, 
I Heard them sayo n TV
That they will last forever
Since our enemies are many. 

Tehre'll be plenty of business
For those making bombs, 
Uniforms and hospital beds, 
And, of course, coffins. 

Sparrow, hopping in the yard, 
If our president is right, 
You and I me be on crutches
Next time you pay us a visit.  
Traducción de Nieves García Prados

domingo, 27 de junio de 2021

"Lo cotidiano"

Rosario Castellanos

"Lo cotidiano"

Para el amor no hay cielo, amor, sólo este día;
este cabello triste que se cae
cuando te estás peinando ante el espejo.
Esos túneles largos
que se atraviesan con jadeo y asfixia;
las paredes sin ojos,
el hueco que resuena
de alguna voz oculta y sin sentido.

Para el amor no hay tregua, amor. La noche
se vuelve, de pronto, respirable.
Y cuando un astro rompe sus cadenas
y lo ves zigzaguear, loco, y perderse,
no por ello la ley suelta sus garfios.
El encuentro es a oscuras. En el beso se mezcla
el sabor de las lágrimas.
Y en el abrazo ciñes
el recuerdo de aquella orfandad, de aquella muerte.

sábado, 20 de febrero de 2021

“La soledad”

Idea Vilariño

“La soledad”

Esta limitación esta barrera
esta separación
esta soledad la conciencia
la efímera gratuita cerrada
ensimismada conciencia
esta conciencia
existiendo nombrándose
fulgurando un instante
en la nada absoluta
en la noche absoluta
en el vacío.
Esta soledad
esta vanidad la conciencia
condenada impotente
que termina en sí misma
que se acaba
enclaustrada
en la luz
y que no obstante se alza
se envanece
se ciega
tapa el vacío con cortinas de humo
manotea ilusiones
y nunca toca nada
nunca conoce nada
nunca posee nada.
Esta ausencia distancia
este confinamiento
esta desesperada
esta vana infinita soledad
la conciencia.

viernes, 18 de septiembre de 2020

“Los ángeles de las ruinas”

Rafael Alberti (1927): Sobre los ángeles

“Los ángeles de las ruinas”

Pero por fin llegó el día, la hora de las palas y los cubos.
No esperaba la luz que se vinieran abajo los minutos,
porque distraía en el mar la nostalgia terrestre de los ahogados.
Nadie esperaba que los cielos amanecieran de esparto
ni que los ángeles ahuyentaran sobre los hombres astros de cardenillo.
 Los trajes no esperaban tan pronto la emigración de los cuerpos.
Por un alba navegable huía la aridez de los lechos.
 Se habla de la bencina,
de las catástrofes que causan los olvidos inexplicables.
 Se murmura en el cielo de la traición de la rosa.
Yo comento con mi alma el contrabando de la pólvora,
a la izquierda del cadáver de un ruiseñor amigo mío.
No os acerquéis.
Nunca pensasteis que vuestra sombra volvería a la sombra 
cuando una bala de revólver hiriera mi silencio.
Pero al fin llegó ese segundo,
disfrazado de noche que espera un epitafio.
La cal viva es el fondo que mueve la proyección de los muertos.
Os he dicho que no os acerquéis.
Os he pedido un poco de distancia:
la mínima para comprender un sueño
y un hastío sin rumbo haga estallar las flores y las calderas.
 La luna era muy tierna antes de los atropellos
y solía descender a los hornos por las chimeneas de las fábricas.
Ahora fallece impura en un mapa imprevisto de petróleo,
asistida por un ángel que le acelera la agonía.
Hombres de cinc, alquitrán y plomo la olvidan.
 Se olvidan hombres de brea y fango
que sus buques y sus trenes,
a vista de pájaro,
son ya en medio del mundo como una mancha de aceite,
limitada de cruces por todas partes.
Se han olvidado.
Como yo, como todos.
Y nadie espera ya la llegada del expreso,
la visita oficial de la luz a los mares necesitados,
la resurrección de las voces en los ecos que se calcinan.

viernes, 17 de julio de 2020

"De senectute"

Jaime Gil de Biedma (1968): Poemas póstumos

"De senectute"

Y nada temí más que mis cuidados.
Góngora
No es el mío, este tiempo.
Y aunque tan mío sea ese latir de pájaros
afuera en el jardín,
su profusión en hojas pequeñas, removiéndome
igual que imitaciones,
————————-no dice ya lo mismo.
Me despierto
como quien oye una respiración
obscena. Es que amanece.
Amanece otro día en que no estaré invitado
ni a un momento feliz. Ni a un arrepentimiento
que, por no ser antiguo,
—ah, Seigneur, donnez-moi la force et le courage!—
invite de verdad a arrepentirme
con algún resto de sinceridad.
Ya nada temo más que mis cuidados.
De la vida me acuerdo, pero dónde está.

miércoles, 15 de julio de 2020

“Nuestro tiempo”

Joan Margarit 

“Nuestro tiempo”
Cuando nos dimos cuenta, ya estaba en las ventanas,
como para quedarse. Pero ahora
nada nos ilumina sino esa vaga niebla.
A veces, una luz desgarradora.
El nuestro fue otro tiempo mucho más inocente:
Todavía en las obras celebrábamos
cuando, sin accidentes, la estructura
Llegaba a lo más alto y se cubrían aguas.
Vivíamos en calles
a las que les sentaba bien un nombre
Como el de las Camelias.
Entre las azoteas, cada noche
se encendían las luces
del ático de nuestra juventud.
Entre las voces suaves y lejanas,
alguna vez, se oye un grito de pánico.
Pero una herida
es también un lugar donde vivir.

lunes, 6 de julio de 2020

"Siento el crepúsculo"

Antonio Gamoneda (2004): Arden las pérdidas
"Siento el crepúsculo"
Siento el crepúsculo en mis manos. Llega a través del laurel enfermo. Yo no quiero pensar ni ser amado ni ser feliz ni recordar.
Sólo quiero sentir esta luz en mis manos
y desconocer todos los rostros y que las canciones dejen de pesar en mi corazón
y que los pájaros pasen ante mis ojos y yo no advierta que se han ido.
Hay grietas y sombras en paredes blancas y pronto habrá más grietas y más sombras y finalmente no habrá paredes blancas.
Es la vejez. Fluye en mis venas como agua atravesada por gemidos. Van
a cesar todas las preguntas. Un sol tardío pesa en mis manos inmóviles y a mi quietud vienen a la vez suavemente, como una sola sustancia, el pensamiento y su desaparición.
Es la agonía y la serenidad.
Quizá soy transparente y ya estoy solo sin saberlo. En cualquier caso, ya
la única sabiduría es el olvido.

jueves, 11 de junio de 2020

“Soledad primera (final)”

Luis de Góngora y Argote: Soledades

“Soledad primera (final)”

En tanto pues que el palio neutro pende            1065      
y la carroza de la luz desciende                         
a templarse en las ondas, Himeneo,                  
por templar en los brazos el deseo                    
del galán novio, de la esposa bella,                   
los rayos anticipa de la estrella,           1070      
cerúlea ahora, ya purpúrea guía                        
de los dudosos términos del día.                        
El jüicio, al de todos indeciso,                            
del concurso ligero,                             
el padrino con tres de limpio acero      1075      
cuchillos corvos absolvello quiso.                      
Solícita Junón, Amor no omiso,                          
al son de otra zampoña, que conduce                              
ninfas bellas y sátiros lascivos,                          
los desposados a su casa vuelven,     1080      
que coronada luce                               
de estrellas fijas, de astros fugitivos,                  
que en sonoroso humo se resuelven.                               

Llegó todo el lugar, y despedido,                       
casta Venus, que el lecho ha prevenido             1085      
de las plumas que baten más süaves                               
en su volante carro blancas aves,                      
los novios entra en dura no estacada;                               
que, siendo Amor una deidad alada,                  
bien previno la hija de la espuma        1090      
a batallas de amor campo de pluma. 

miércoles, 10 de junio de 2020

“Compañías”

                      Ángeles Mora (2001): Contradicciones, pájaros

“Compañías”

Los libros que he elegido
que acaso me buscaron por rutas misteriosas. 
Libros que me llevaron en secreto 
por senderos del bosque, por rincones perdidos, 
calles, encrucijadas, luces
                                             y sombras, vidas
arrojándome al mundo. 

Las manos que me toman, que yo tomo entre todas 
las posibles corrientes sobre el río. 
Entre todas las lluvias que he cruzado, 
unos brazos tendidos, al fondo de mis pasos, 
como un impermeable rojo
puede unirme al olvido. 

Los labios que me besan, los besos que me hablan. 
Una voz entre todas las voces en mi oído. 
Una ciudad tan solo, una mirada. 
Y los campos, de plumas, 
y de amor, las batallas. 

lunes, 8 de junio de 2020

"A la memoria de la muerte y del infierno"

Luis de Góngora y Argote

"A la memoria de la muerte y del infierno"

Urnas plebeyas, túmulos reales
Penetrad sin temor, memorias mías,
Por donde ya el verdugo de los días
Con igual pie dio pasos desiguales.

Revolved tantas señas de mortales,
Desnudos huesos y cenizas frías,
A pesar de las vanas, si no pías,
Caras preservaciones orientales.

Bajad luego al abismo, en cuyos senos
Blasfeman almas, y en su prisión fuerte
Hierros se escuchan siempre, y llanto eterno,

Si queréis, oh memorias, por lo menos
Con la muerte libraros de la muerte,
Y el infierno vencer con el infierno.

domingo, 7 de junio de 2020

“El infierno está en mí”

Ángeles Mora (2001): Contradicciones, pájaros

“El infierno está en mí”


   Pasos de un peregrino son errante
Góngora

El infierno no son aquellos otros
que siempre se quedaron lejos
de mi calor:
el infierno soy yo.
Mi nombre es el desierto donde vivo.
Mi destierro, el que me procuré.
No me he reconocido en este mundo
inhóspito,
tan ancho y tan ajeno.
Supe que mi equipaje, demasiado indeciso,
pronto me delataba: este mundo tampoco
se reconoce en mí.
Yo siempre estuve fuera,
en otra parte siempre.
Soy una extraña aquí.
Sólo tengo una fuerza, sólo un secreto acaso:
esta voz que me escribe,
el doble que me habita en el silencio.
Este otro, mi infierno,
el vértigo
que al despertar me empuja
a una huida sin fin.
Estos son sólo pasos
de un peregrino errante.
Los caminos
que no me pertenecen,
las palabras prestadas que los días
dejaron en mi oído.

sábado, 6 de junio de 2020

“Frías estrellas”

Ángeles Mora (2015): Ficciones para una autobiografía

“Frías estrellas” 

Inalcanzables, como el aire
Emily Dickinson

Duerme la vanidad agazapada
en su casa de noche
y muy cerca se tiende la soberbia 
por descansar al lado. 
Una capa las envuelve, 
fino hielo, 
para que nadie se acerque. 
No quieren contaminarse, dicen, 
en su exilio dorado.

Saben siempre estar lejos y a salvo
de mezquinos errores. 
Se abrazan como si fueran una. 

Nunca se equivocan
porque no ven –el mundo–
más allá de sus límites: 
orgullo y prejuicio.

viernes, 5 de junio de 2020

“Anfiteatro”

Ángeles Mora (1985): La canción del olvido

“Anfiteatro”

Qué haces asesinando el tiempo,
viéndolo desangrarse.
Mientras con parsimonia sientas
en este anfiteatro tu corazón vencido.

Qué haces asesinando el tiempo
mientras un huracán remoto
dentro de ti se agita y brama
como el mar en la concha.

Oh fuego, dónde te consumes,
qué haces
en este anfiteatro de la muerte.

jueves, 4 de junio de 2020

“Canción a las ruinas de Itálica”

Rodrigo Caro 

“Canción a las ruinas de Itálica”

Estos, Fabio ¡ay dolor! que ves ahora
Campos de soledad, mustio collado,
Fueron un tiempo Itálica famosa;
Aquí de Cipion la vencedora
Colonia fue; por tierra derribado
Yace el temido honor de la espantosa
Muralla, y lastimosa
Reliquia es solamente
De su invencible gente.
Solo quedan memorias funerales
Donde erraron ya sombras de alto ejemplo;
Este llano fue plaza, allí fue templo;
De todo apenas quedan las señales.
Del gimnasio y las termas regaladas
Leves vuelan cenizas desdichadas;
Las torres que desprecio al aire fueron
A su gran pesadumbre se rindieron.

Este despedazado anfiteatro,
Impío honor de los dioses, cuya afrenta
Publica el amarillo jaramago,
Ya reducido a trágico teatro,
¡Oh fábula del tiempo! representa
Cuánta fue su grandeza y es su estrago.
¿Cómo en el cerco vago
De su desierta arena
El gran pueblo no suena?
¿Dónde, pues fieras hay, está el desnudo
Luchador? ¿Dónde está el atleta fuerte?
Todo despareció, cambió la suerte
Voces alegres en silencio mudo;
Mas aun el tiempo da en estos despojos
Espectáculos fieros a los ojos,
Y miran tan confuso lo presente
Que voces de dolor el alma siente.

Aquí nació aquel rayo de la guerra,
Gran padre de la patria, honor de España,
Pío, felice, triunfador Trajano,
Ante quien muda se postró la tierra
Que ve del sol la cuna y la que baña
El mar, también vencido, gaditano.
Aquí de Elio Adriano,
De Teodosio divino,
De Silio peregrino
Rodaron de marfil y oro las cunas.
Aquí ya de laurel, ya de jazmines
Coronados los vieron los jardines,
Que ahora son zarzales y lagunas.
La casa para, el César fabricada
¡Ay! yace de lagartos vil morada;
Casas, jardines, cesares murieron,
Y aun las piedras que de ellos se escribieron

Fabio, si tú no lloras, pon atenta
La vista en luengas calles destruidas;
Mira mármoles y arcos destrozados,
Mira estatuas soberbias que violenta
Némesis derribó, yacer tendidas,
Y ya en alto silencio sepultados
Sus dueños celebrados.
Así a Troya figuro,
Así a su antiguo muro,
Y a ti, Roma, a quien queda el nombre apenas,
¡Oh patria de los dioses y los reyes!
Y a ti, a quien no valieron justas leyes,
Fábrica de Minerva, sabia Atenas,
Emulación ayer de las edades,
Hoy cenizas, hoy vastas soledades,
Que no os respetó el hado, no la muerte,
¡Ay! ni por sabia a ti, ni a ti por fuerte.

Mas ¿para qué la mente se derrama
En buscar al dolor nuevo argumento?
Basta ejemplo menor, basta el presente,
Que aun se ve el humo aquí, se ve la llama,
Aun se oyen llantos hoy, hoy ronco acento;
Tal genio o religión fuerza la mente
De la vecina gente,
Que refiere admirada
Que en la noche callada
Una voz triste se oye, que, llorando
Cayó Itálica dice, y lastimosa,
Eco reclama Itálica en la hojosa
Selva que se le opone, resonando
Itálica, y el claro nombre oído
De Itálica, renuevan el gemido
Mil sombras nobles de su gran ruina;
¡Tanto aun la plebe a sentimiento inclina!

Esta corta piedad que, agradecido
Huésped, a tus sagrados manes debo,
Les do y consagro, Itálica famosa.
Tú, si lloroso don han admitido
Las ingratas cenizas, de que llevo
Dulce noticia asaz, si lastimosa,
Permíteme, piadosa
Usura a tierno llanto,
Que vea el cuerpo santo
De Geroncio, tu mártir y prelado.
Muestra de su sepulcro algunas señas,
Y cavaré con lágrimas las peñas
Que ocultan su sarcófago sagrado;
Pero mal pido el único consuelo
De todo el bien que airado quitó el cielo.
Goza en las tuyas sus reliquias bellas
Para invidia del mundo y sus estrellas.