martes, 12 de mayo de 2026

“Aquello”

Jesús Hilario Tundidor

“Aquello”

A veces se me ocurre que estoy harto, 
que ya no puedo más, y abro la vida: 
un hombre en pie, una barca 
náufraga camina.

A veces pongo el corazón de nuevo 
al aire como un poco de agua y brisa.
Y todo ya absoluta-
mente ceniza.

Hay noches que estoy ciego por el vino 
de Dios, del Dios que busco cada día.
Y nada tengo y creo 
en la mentira.

Ocurre en otras náuseas que me parto, 
que me reparto el cuerpo en la desdicha.
Y todo ya absolutamente ceniza.

A veces se me ocurre que estoy triste: 
toco mi edad, las cosas, la amplia vida.
Y todo es absoluta.

lunes, 11 de mayo de 2026

“A mano amada”

Ángel González (1976): Muestra, corregida y aumentada, de algunos procedimientos narrativos y de las actitudes sentimentales que habitualmente comportan

“A mano amada”

A mano amada,
cuando la noche impone su costumbre de insomnio
y convierte
cada minuto en el aniversario
de todos los sucesos de una vida;

 

allí,
en la esquina más negra del desamparo, donde
el nunca y el ayer trazan su cruz de sombras,

 

los recuerdos me asaltan.

Unos empuñan tu mirada verde,
                                                     otros
apoyan en mi espalda
el alma blanca de un lejano sueño,
y con voz inaudible,
con implacables labios silenciosos,
¡el olvido o la vida!,
                                    me reclaman.

Reconozco los rostros.
                                      No hurto el cuerpo.

Cierro los ojos para ver
y siento
que me apuñalan fría,
justamente,
con ese hierro viejo:
                                   la memoria.

domingo, 10 de mayo de 2026

“Reverbera la música en los muros…”

Ángel González (1976): Muestra, corregida y aumentada, de algunos procedimientos narrativos y de las actitudes sentimentales que habitualmente comportan

Reverbera la música en los muros…

Reverbera la música en los muros, 

y traspasa mi cuerpo como si no existiese. 

 

¿Soy solo una memoria que regresa 

desde el cabo remoto de la vida, 

fiel a una invocación que no perdona?

 

Música que rechazan las paredes: 

solo soy eso. 


Cuando ella cesa también yo me extingo. 

sábado, 9 de mayo de 2026

“Entonces”

Ángel González (1976): Muestra, corregida y aumentada, de algunos procedimientos narrativos y de las actitudes sentimentales que habitualmente comportan

Entonces

Entonces,
en los atardeceres de verano,
el viento
traía desde el campo hasta mi calle
un inestable olor a establo 

 

y a hierba susurrante como un río

 

que entraba con su canto y con su aroma
en las riberas pálidas del sueño.

 

Ecos remotos,
sones desprendidos 
de aquel rumor,
hilos de una esperanza
poco a poco deshecha,
se apagan dulcemente en la distancia:

 

ya ayer va susurrante como un río 

 

llevando lo soñado aguas abajo,
hacia la blanca orilla del olvido.

viernes, 8 de mayo de 2026

“Final conocido”

Ángel González (1972): Procedimientos narrativos

Final conocido

Después de haber comido entrambos doce nécoras,
alguien dijo a Pilatos:
                               —¿Y qué hacemos ahora?
Él vaciló un instante y respondía
(educado, distante, indiferente):
                               —Chico, tú haz lo que quieras.

jueves, 7 de mayo de 2026

“Meriendo algunas tardes”

 Ángel González (1969): Breves acotaciones para una biografía

Meriendo algunas tardes

Meriendo algunas tardes:
no todas tienen pulpa comestible.

Si estoy junto a la mar
muerdo primero los acantilados.
Luego las nubes cárdenas y el cielo
–escupo las gaviotas–,
y para postre dejo las bañistas
jugando a la pelota y despeinadas.

Si estoy en la ciudad
meriendo tarde a secas:
mastico lentamente los minutos
—tras haberles quitado las espinas—
y cuando se me acaban
me voy rumiando sombras,
rememorando el tiempo devorado
con un acre sabor a nada en la garganta.

miércoles, 6 de mayo de 2026

“Primera evocación”

Ángel González (1967): Tratado de urbanismo

Primera evocación

Recuerdo
bien
a mi madre.
Tenía miedo del viento,
era pequeña
de estatura,
la asustaban los truenos,
y las guerras
siempre estaba temiéndolas
de lejos,
desde antes
de la última ruptura
del Tratado suscrito
por todos los ministros de asuntos exteriores.

Recuerdo
que yo no comprendía.
El viento se llevaba
silbando
las hojas de los árboles,
y era como un alegre barrendero
que dejaba las niñas
despeinadas y enteras,
con las piernas desnudas e inocentes.

Por otra parte, el trueno
tronaba demasiado, era imposible
soportar sin horror esa estridencia,
aunque jamás ocurría nada luego:
la lluvia se encargaba de borrar
el dibujo violento del relámpago
y el arco iris ponía
un bucólico fin a tanto estrépito.

Llegó también la guerra un mal verano.
Llegó después la paz, tras un invierno
todavía peor. Esa vez, sin embargo,
no devolvió lo arrebatado el viento.
Ni la lluvia
pudo borrar las huellas de la sangre.
Perdido para siempre lo perdido,
atrás quedó definitivamente
muerto lo que fue muerto.

Por eso (y por más cosas)
recuerdo muchas veces a mi madre:

cuando el viento
se adueña de las calles de la noche,
y golpea las puertas, y huye, y deja
un rastro de cristales y de ramas
rotas, que al alba
la ciudad muestra desolada y lívida;

cuando el rayo
hiende el aire, y crepita,
y cae en tierra,
trazando surcos de carbón y fuego,
erizando los lomos de los gatos
y trastocando el norte de las brújulas;

y, sobre todo, cuando
la guerra ha comenzado,
lejos —nos dicen— y pequeña
—no hay de qué preocuparse—, cubriendo
de cadáveres mínimos distantes territorios,
de crímenes lejanos, de huérfanos pequeños…

martes, 5 de mayo de 2026

“Ciudad cero”

Ángel González (1967): Tratado de urbanismo

Ciudad cero

Una revolución.
Luego una guerra.
En aquellos dos años —que eran
la quinta parte de toda mi vida—,
ya había experimentado sensaciones distintas.
Imaginé más tarde
lo que es la lucha en calidad de hombre.
Pero como tal niño,
la guerra, para mí, era tan sólo:
suspensión de las clases escolares,
Isabelita en bragas en el sótano,
cementerios de coches, pisos
abandonados, hambre indefinible,
sangre descubierta
en la tierra o las losas de la calle,
un terror que duraba
lo que el frágil rumor de los cristales
después de la explosión,
y el casi incomprensible
dolor de los adultos,
sus lágrimas, su miedo,
su ira sofocada,
que, por algún resquicio,
entraban en mi alma
para desvanecerse luego, pronto,
ante uno de los muchos
prodigios cotidianos: el hallazgo
de una bala aún caliente,
el incendio
de un edificio próximo,
los restos de un saqueo
—papeles y retratos
en medio de la calle...

Todo pasó,
todo es borroso ahora, todo
menos eso que apenas percibía
en aquel tiempo
y que, años más tarde,
resurgió en mi interior, ya para siempre:
este miedo difuso,
esta ira repentina,
estas imprevisibles
y verdaderas ganas de llorar.

lunes, 4 de mayo de 2026

“Canción de invierno y de verano”

Ángel González (1967): Tratado de urbanismo

Canción de invierno y de verano

Cuando es invierno en el mar del Norte
es verano en Valparaíso.
Los barcos hacen sonar sus sirenas al entrar en el puerto de Bremen
        con jirones de niebla y de hielo en sus cabos,
mientras los balandros soleados arrastran por la superficie del Pacífico
        Sur bellas bañistas.

Eso sucede en el mismo tiempo,
pero jamás en el mismo día.

Porque cuando es de día en el mar del Norte
—brumas y sombras absorbiendo restos
de sucia luz—
es de noche en Valparaíso
—rutilantes estrellas lanzando agudos dardos
a las olas dormidas.

Cómo dudar que nos quisimos,
que me seguía tu pensamiento
y mi voz te buscaba —detrás,
muy cerca, iba mi boca.

Nos quisimos, es cierto, y yo sé cuánto:
primaveras, veranos, soles, lunas.
Pero jamás en el mismo día.

domingo, 3 de mayo de 2026

“Canción para cantar una canción”

Ángel González (1967): Tratado de urbanismo

Canción para cantar una canción

Esa música…
Insiste, hace daño
en el alma.
Viene tal vez de un tiempo
remoto, de una época imposible
perdida para siempre.
Sobrepasa los límites
de la música. Tiene materia,
aroma, es como polvo de algo
indefinible, de un recuerdo
que nunca se ha vivido,
de una vaga esperanza irrealizable.
Se llama simplemente:
canción.


Pero no es sólo eso.


Es también la tristeza.

sábado, 2 de mayo de 2026

“Elegido por aclamación”

 Ángel González (1962): Grado elemental

Elegido por aclamación

Sí, fue un malentendido.
Gritaron: ¡a las urnas!
y él entendió: ¡a las armas! —dijo luego.
Era pundonoroso y mató muchos.
Con pistolas, con rifles, con decretos.


Cuando envainó la espada dijo, dice:
La democracia es lo perfecto.
El público aplaudió. Sólo callaron,
impasibles, los muertos.


El deseo popular será cumplido.
A partir de esta hora soy —silencio—
el Jefe, si queréis. Los disconformes
que levanten el dedo.


Inmóvil mayoría de cadáveres
le dio el mando total del cementerio.

viernes, 1 de mayo de 2026

"Me basta así"

 Ángel González (196): Palabra sobre palabra

Me basta así

Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría 

un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos 

cuando prueban el pan, es decir, 

con la boca),

y si ese sabor fuese 

igual al tuyo, o sea, 

tu mismo olor y tu manera 

de sonreír,

y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano, estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
de eso sí estoy seguro: pongo 

tanta atención cuando te beso —;
                                                      Entonces

si yo fuese Dios
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero 

aclarar que si yo fuese 

Dios, haría 

lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día,

a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia 

luz, y corras 

la cortina impalpable que separa 

el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra, 

Lázaro alegre, 

yo
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto 

en la contemplación de todo aquello 

que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves y dejas 

abandonado cuando, luego, callas

(Escucho tu silencio.
                                    Oigo 

Constelaciones: existes. 

                                             Creo en ti.
                                                               Eres. 

                                                                        Me basta.)