Lope de Vega
“A una dama que hilaba”
Estos suspiros, Lisi, estos acentos, | ||
Mas a mover digna piedad atentos, Segunda vez a ti se han atrevido; | ||
si no fueren del todo despreciados, en fe de haver tal dueño merecido, del tiempo vivirán previlegiados, | ||
Lope de Vega
“A una dama que hilaba”
Estos suspiros, Lisi, estos acentos, | ||
Mas a mover digna piedad atentos, Segunda vez a ti se han atrevido; | ||
si no fueren del todo despreciados, en fe de haver tal dueño merecido, del tiempo vivirán previlegiados, | ||
Lope de Vega (1616): El valor de las mujeres
Íbase la niña,
noche de san Juan,
a coger los aires
al fresco del mar;
miraba los barcos
que remando van,
cubiertos de flores,
flores de azahar.
Salió un caballero
por el arenal;
dijérale amores,
cortés y galán.
Respondióle esquiva;
quísola abrazar,
con temor que tiene
huyendo se va.
Salióle al camino
otro, por burlar;
las hermosas manos
le quiere tomar.
Entre estos desvíos
perdido se han
sus ricos zarcillos;
vanlos a buscar.
«Dejadme llorar
orillas del mar».
«Por aquí, por allí los vi;
por aquí deben de estar».
Lloraba la niña
no los puede hallar.
Danle para ellos;
quiérenla engañar.
«Dejadme llorar
orillas del mar».
«Por aquí, por allí los vi;
por aquí deben de estar».
«Tomad, niña, el oro.
y no lloréis más,
que todas las niñas
nacen en tomar,
que las que no toman,
después llorarán
el no haber tomado
en su verde edad.
Luis de Góngora y Argote
“Dejadme llorar, orillas del mar”
La más bella niña
De nuestro lugar,
Hoy viuda y sola
Y ayer por casar,
Viendo que sus ojos
A la guerra van,
A su madre dice,
Que escucha su mal:
Dejadme llorar
Orillas del mar.
Pues me distes, madre,
En tan tierna edad
Tan corto el placer,
Tan largo el pesar,
Y me cautivaste
De quien hoy se va
Y lleva las llaves
De mi libertad,
Dejadme llorar
Orillas del mar.
En llorar conviertan
Mis ojos, de hoy más,
El sabroso oficio
Del dulce mirar,
Pues que no se pueden
Mejor ocupar,
Yéndose a la guerra
Quien era mi paz,
Dejadme llorar
Orillas del mar.
No me pongáis freno
Ni queráis culpar,
Que lo uno es justo,
Lo otro por demás.
Si me queréis bien,
No me hagáis mal;
Harto peor fuera
Morir y callar,
Dejadme llorar
Orillas del mar.
Dulce madre mía,
¿Quién no llorará,
Aunque tenga el pecho
Como un pedernal,
Y no dará voces
Viendo marchitar
Los más verdes años
De mi mocedad?
Dejadme llorar
Orillas del mar.
Váyanse las noches,
Pues ido se han
Los ojos que hacían
Los míos velar;
Váyanse, y no vean
Tanta soledad,
Después que en mi lecho
Sobra la mitad.
Dejadme llorar
Orillas del mar.
Baltasar de Alcázar
“A Violante”
Bien te quiere Guardiola,
triscadorcilla Violante,
pero quiérete el bergante
bañada, desnuda y sola.
Quédame desto una duda,
porque, aunque así lo refiere,
calla él para qué te quiere
bañada, sola y desnuda.
Francesco Petrarca (siglo XIV): Canzoniere
“Soneto CCXLVII”
Quand’io mi volgo indietro a mirar gli anni
ch’ànno fuggendo i miei penseri sparsi,
et spento ’l foco ove agghiacciando io arsi,
et finito il riposo pien d’affanni,
rotta la fe’ degli amorosi inganni,
et sol due parti d’ogni mio ben farsi,
l’una nel cielo et l’altra in terra starsi,
et perduto il guadagno de’ miei damni,
i’ mi riscuoto, et trovomi sí nudo,
ch’i’ porto invidia ad ogni extrema sorte:
tal cordoglio et paura ò di me stesso.
O mia stella, o Fortuna, o Fato, o Morte,
o per me sempre dolce giorno et crudo,
come m’avete in basso stato messo!
“Soneto 247”
Cuando me paro a contemplar los años,
y veo mis pensamientos esparcidos,
y el fuego en que ardí helándome apagado,
y acabada la paz de mis afanes,
rota la fe de engaños amorosos,
dividido en dos partes mi bien todo,
una en el cielo y otra aquí en la tierra,
y perdido el provecho de mis males,
en mí vuelvo, y me encuentro tan desnudo
que envidia siento por cualquier destino:
tanto dolor y miedo de mí tengo.
¡Oh mi estrella, oh Fortuna, oh Muerte, o Hado,
oh siempre para mí dulce cruel día,
cómo en tan bajo estado me habéis puesto!