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jueves, 16 de abril de 2026

“Acelerando”

José Hierro

“Acelerando”

Aquí, en este momento, termina todo, 
se detiene la vida. Han florecido luces amarillas 
a nuestros pies, no sé si estrellas. Silenciosa 
cae la lluvia sobre el amor, sobre el remordimiento. 
Nos besamos en carne viva. Bendita lluvia 
en la noche, jadeando en la hierba, 
trayendo en hilos aroma de las nubes, 
poniendo en nuestra carne su dentadura fresca. 
Y el mar sonaba. Tal vez fuera espectro. 
Porque eran miles de kilómetros 
los que nos separan de las olas. 
Y lo peor: miles de días pasados y futuros nos separaban. 
Descendían en la sombra de las escaleras. 
Dios sabe a dónde conducían. Qué más da. 'Ya es hora 
- dije yo -, ya es hora de volver a casa'. 
Ya es hora. En el portal, 'Espera', me dijo. Regresó 
vestida de otro modo, con flores en el pelo. 
Nos esperaban en la iglesia. 'Mujer te doy'. Bajamos 
las gradas del altar. El armonio sonaba. 
Y un violín que rizaba su melodía empalagosa. 
Y el mar estaba allí. Olvidado y apetecido 
tanto tiempo. Allí estaba. Azul y prodigioso. 
Y ella y yo solos, con harapos de sol y de humedad. 
'Dónde, dónde la noche aquella, la de ayer...?' preguntábamos 
al subir a la casa, abtrir la puerta, oir al niño que salía 
con su poco de sombra con estrellas, 
su agua de luces navegantes, 
sus cerezas de fuego. Y yo puse mis labios 
una vez más en la mejilla de ella. Besé hondamente. 
Los gusanos labraron tercamente su piel. AL retirarme 
lo vi. Qué importa corazón. La música encendida, 
y nosotros girando. No: inmóviles. EL cáliz de una flor 
gris que giraba en torno vertiginosa. 
Dónde la noche, dónde el mar azul, las hojas de la lluvia. 
Los niños - quiénes son, que hace un instante 
no estaban-, los niños aplaudieron, muertos de risa: 
'Qué ridículos, papá. mamá'. 'A la cama', les dije 
con ira y pena. Silencio. Yo besé 
la frente de ella, los ojos con arrugas 
cada vez más profundas. Dónde la noche aquella, 
en qué lugar del universo se halla. 'Has sido duro 
con los niños'. Abrí la habitación de los pequeños, 
volaron pétalos de lluvia. Ellos estaban afeitándose. 
Ellas salían con sus trajes de novia. Se marcharon 
los niños - ¿por qué digo los niños? - con su amor, 
con sus noches de estrellas, con sus mares azules, 
con sus remordimientos, con sus cuchillos de buscar pureza 
bajo la carne. Dónde, dónde la noche aquella, 
dónde el mar... Qué ridículo todo: este momento detenido, 
este disco que gira y gira en silencio, 
consumida su música.

jueves, 30 de noviembre de 2023

“Recuerda que la lluvia”

Elsa López (1987): Del amor imperfecto

“Recuerda que la lluvia”

Recuerda que la lluvia cayó porque yo quise
y porque tú quisiste me miraste al espejo
y me encontraste hermosa de verde y gabardina.
Recuerda que lloraste cogido de mi mano 
y yo llené de besos tu infancia despoblada.
Recuerda que la noche llegó porque yo quise.
Y te miré a los ojos,
y te besé las manos,
y preparé tu ropa y el plato de naranjas.
Pero tuviste miedo.
Un miedo huraño y torvo.
Un miedo con relojes.
Recuerda que fue cierto.

lunes, 3 de mayo de 2021

“La gota china”

Elvira Sastre (2016): La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida

“La gota china”

Miro las
gotas que caen con vicio por la ventana
cuando llueve y llego a esta casa abandonada
de orillas, 
y recuerdo
aquel método de tortura china
que consistía en inmovilizar a un preso
de modo que cayera sobre
su frente —a la fuerza culpable—
una gota de agua fría
cada cinco segundos
—los mismos que tardábamos en besarnos
por las mañanas—, 
para abandonarlo después en un cuarto 
sin luz, 
con el cuerpo sin forma
y el alma hecha pedazos.

Dicen que las víctimas acababan muertas
debido a un cansancio 
demente
que terminaba afectando al corazón
provocándoles un paro cardíaco.

Exactamente igual
que el efecto
que tienen nuestros recuerdos
cuando caen
—como esta lluvia del infierno—
gota a gota
sobre mi pecho.

viernes, 5 de febrero de 2021

“La riada”

Luis Cernuda (1942): Ocnos

“La riada”

Noviembre y febrero son allá meses de lluvias torrenciales. En las calles cercanas al río preparaban las casas contra la inundación, ajustando unos tablones al dintel de la puerta. Mas en otro barrio opuesto un afluente también solía desbordar con las lluvias, y sus aguas iban a tenderse, lisas como un espejo enamorado de la imagen que refleja, sobre la llanura donde está asentada la ciudad.
Una mañana vinieron a buscarle al colegio a hora desusada. Llovía días y días, torrencialmente; y el agua desbordando ya por el prado, sería difícil para él volver a su casa en las afueras si se retrasaba un poco. Hubo que dejar el coche al salir de las últimas calles. Aquella avenida de castaños que antes tantas veces recorriera a pie, tuvo entonces que cruzarla en barca.
El agua lo cubría todo, y al fondo surgían de la laguna los edificios extraños y exactos tras una delgada fila de árboles. Algunas gentes cruzaban confusas e inhábiles sobre puentes recién construidos con tablas. Mas casas y gentes parecían ahora breves y sin trascendencia, como si al privarles el agua de la acostumbrada base terrena (así ocurre con un navío al hacerse a la mar) dejara al descubierto su verdadera proporción y significado.
Ya en casa, tras de los cristales de un balcón, miró el jardín, que un muro protegía de las aguas. La laguna con sus frágiles puentecillos, negras líneas sin perspectiva bajo un plano cielo gris estriado de blanco por la lluvia, era como el paisaje de un abanico japonés que su madre tenía.
Al llegar la noche, derribados con el temporal los postes y alambres eléctricos, no había luz. A la claridad de las velas, un libro ante sus ojos soñolientos, escuchaba el viento afuera, en el campo inundado, y la lluvia caudalosa caer hora tras hora. Se sentía como en una isla, separado del mundo y de sus aburridas tareas en ilimitada vacación; una isla mecida por las aguas, acunando sus últimos sueños de niño.

jueves, 30 de abril de 2020

“Bajo la lluvia”

Juana de Ibarbourou

“Bajo la lluvia”

¡Cómo resbala el agua  por mi espalda!
¡Cómo moja mi falda,
y pone  en mis mejillas su frescura de nieve!
Llueve, llueve, llueve,
y voy,  senda adelante,
con el alma ligera y la cara radiante,
sin sentir, sin soñar,
llena de la voluptuosidad de no pensar.

Un pájaro se baña
en una charca turbia. Mi presencia le extraña,
se detiene... me mira... nos sentimos amigos...
¡Los dos amamos muchos cielos, campos y trigos!
Después es el asombro
de un labriego que pasa con su azada al hombro
y la lluvia me cubre de todas las fragancias
de los setos de octubre.
Y es, sobre mi cuerpo por el agua empapado
como un maravilloso y estupendo tocado
de gotas cristalinas, de flores deshojadas
que vuelcan a mi paso las plantas asombradas.
Y siento, en la vacuidad
del cerebro sin sueño, la voluptuosidad
del placer infinito, dulce y desconocido,
de un minuto de olvido.
Llueve, llueve, llueve,
y tengo en alma y carne, como un frescor de nieve.

miércoles, 12 de febrero de 2020

“Procuro recordarte”

Carlos Pardo (1995): El invernadero

Procuro recordarte

En verdad el colegio comenzaba
en los días lluviosos, entrado el mes de octubre,
cuando había aceptado la rutina
de resguardarme en los portales cálidos
de la lluvia y el frío matinal,
para coger la ruta.

¿Y por qué si recuerdo ahora tu imagen
utilizo este tópico de los días lluviosos?
En el fondo así eran
cuando en medio de clase me atrevía
a mirarte a los ojos, siempre alerta,
y me seguiste el juego moviéndolos despacio,
con lentitud forzada,
                                 casi un guiño.

Solía caminar algunas tardes
-también tardes lluviosas-
por lugares cercanos a tu casa
para ver si el azar me acercaba un momento
junto a ti:
pero las pocas veces que nos vimos
apenas respondía a tus palabras
-también algo confusas-
con un saludo frío y rutinario.

Y la huida final mirando el suelo
cubierto de hojas húmedas de lluvia.
Igual pasó en las fiestas,
donde yo nunca estaba muy bien visto
por mis gustos ajenos a los vuestros
-además me iba siempre, forzado por el ron
que me bebí por parecer simpático,
con alguna actuación “poco elegante”.

He de reconocer que hubo un momento,
en el que creo recordarte
-no estoy seguro, creo-
bastante más sincera que otras veces:
contándonos historias
teñidas por la edad y por algún
indicio de querernos, pero fue el tiempo justo
para que entre nosotros se formase
una lluvia deforme en intenciones.

Como ya ves, procuro recordarte
con el sabor fingido de una historia
que siempre fue distinta a lo que quise.
No quiero que con esto
-suponiendo que llegues a leerlo-
pienses que sigo enamorado:
no te perdonaré que me ocultases
señales por el miedo
a lo que los demás pensaran
-repito que no estaba muy bien visto-;
no habría malgastado tanto tiempo
en crearme una imagen demasiado bonita
para ti, quizá te habría visto como eres
y como siempre fuiste: mucho menos.

viernes, 5 de abril de 2019

“Un día bueno”

Karmelo Iribarren (2017[2013]): Las luces interiores

Un día bueno

No somos más 
que el tiempo que nos queda 
caminando hacia el olvido
que seremos. 

Es duro, pero es así. 

El resto, literatura. 

Lo mejor
es no pensarlo mucho: 
seguir andando, 
tomar cafés, enamorarse, 
ver la lluvia…

martes, 2 de abril de 2019

“Pero estoy aquí”

Karmelo Iribarren (2017 [2013]): Las luces interiores

“Pero estoy aquí”

Veo pasar el tren de cercanías. 
Último destino: Hendaya. 

(Allí –pienso– puedes coger 
el coche-cama nocturno hasta París
y vivir durante unas horas
como en una novela de espías). 

A la derecha, en la autopista, 
Parpadean las primeras luces. 

Ahí abajo, en la plaza, no se ve a nadie. 

Son las cinco, llueve
Y, salvo mirar cómo llegan
y se van los trenes, hoy tampoco
he hecho nada de intereés. 

Pero aquí estoy. 
                                A veces
a un domingo de invierno por la tarde
no se le puede pedir mucho más.  

lunes, 25 de marzo de 2019

"La lluvia y el sueño"

Almudena Guzmán (1998): Calendario

"La lluvia y el sueño"

La lluvia y el sueño
siempre se han llevado tan bien...

Y yo en cambio levantada haciéndome una tila, 
los ojos más inquietos que los de los pájaros. 

Desafiando toda norma, 
toda lógica orgánica y atmosférica. 

jueves, 27 de diciembre de 2018

“El invierno”

Karmelo Iribarren (2016): Haciendo planes

“El invierno”

El invierno,
los charcos,
los abanicos de agua,
las madres
de los conductores
de autobús..

Es maravilloso.

domingo, 28 de octubre de 2018

“Al alba”

Almudena Guzmán (1998): Calendario

“Al alba”

Al alba
la soledad es tan bella y tan fría
como el rocío que se duerme
en las plumas de los pájaros.

Quisiera abrir la ventana
y enredarme en la hierba rojiza
de este sol de invierno que apenas ha nacido
y que ya duele.

Convertirme en raíz
y llegar con la lluvia
hasta el fondo del vientre del bosque.

Tocar la rosa que me espera
detrás de la niebla.