martes, 2 de junio de 2026

“Quédate quieto”

Ángel González (1992): Deixis en fantasma

“Quédate quieto”

Deja para mañana
lo que podrías haber hecho hoy
(y comenzaste ayer sin saber cómo).

Y que mañana sea mañana siempre;

que la pereza deje inacabado
lo destinado a ser perecedero;
que no intervenga el tiempo,
que no tenga materia en que ensañarse.

Evita que mañana te deshaga
todo lo que tú mismo
pudiste no haber hecho ayer.

lunes, 1 de junio de 2026

“J.R.J.”

Ángel González (1985): Prosemas o menos

“J.R.J.”

Debajo del poema
—laborioso mecánico—,
apretaba las tuercas a un epíteto.
Luego engrasó un adverbio,
dejó la rima a punto,
afinó el ritmo
y pintó de amarillo el artefacto.
Al fin lo puso en marcha, y funcionaba.

—No lo toques ya más,
                                    se dijo.
                                                  Pero
no pudo remediarlo:

volvió a empezar,
rompió los octosílabos,
los juntó todos,
cambio por sinestesias las metáforas,
aceleró...
                  mas nada sucedía.
Soltó un tropo,
                            dejó todas las piezas
en una lata malva,
y se marchó,
cansado de su nombre.

domingo, 31 de mayo de 2026

“Pétalo a pétalo, memorizó la rosa”

Ángel González (1985): Prosemas o menos

“Pétalo a pétalo, memorizó la rosa”

Pensó tanto en la rosa,
la aspiró tantas veces en su ensueño,
que cuando vio una rosa verdadera
le dijo,
desdeñoso,
volviéndole la espalda:

-mentirosa.

sábado, 30 de mayo de 2026

“Hay tres momentos graves, más el cuarto”

Ángel González (1985): Prosemas o menos

“Hay tres momentos graves, más el cuarto”

Hay tres momentos graves en la vida de un hombre,

A saber:

Cuando nace,

Y cuando pierde el uso de sus seres queridos.

 

Luego transcurre el tiempo,

Y el olvido acontece, 

Y ya como si nada,

Como si casi nada, 

Nos sentimos vivir en un lugar extraño.

 

El cuarto es conocido;

Lo que pasa es que apenas tiene muebles.

viernes, 29 de mayo de 2026

“Diatriba contra los muertos”

Ángel González (1985): Prosemas o menos

“Diatriba contra los muertos”

Los muertos son egoístas:
hacen llorar y no les importa,
se quedan quietos en los lugares más inconvenientes,
se resisten a andar, hay que llevarlos
a cuestas a la tumba
como si fuesen niños, qué pesados.
Inusitadamente rígidos, sus rostros
nos acusan de algo, o nos advierten;
son la mala conciencia, el mal ejemplo,
lo peor de nuestra vida son ellos siempre, siempre.
Lo malo que tienen los muertos
es que no hay forma de matarlos.
Su constante tarea destructiva
es por esa razón incalculable.
Insensibles, distantes, tercos, fríos,
con su insolencia y su silencio
no se dan cuenta de lo que deshacen.

jueves, 28 de mayo de 2026

“Alzheimer”

Benjamín Prado (2022)

Alzheimer

No sabe de quién hablas cuando dices su nombre.
A veces se lo piensa
con un gesto de alumna que intenta recordar
una fórmula química
y no puede: su cuerpo la ha sobrevivido,
pero ella hace mucho que ya no está aquí.

Mientras veo en sus ojos un reloj detenido
o un círculo de agua ahogada en un pozo,
me pregunto
a cuál de las dos ve cuando se mira:
¿a quien es o a la niña que ha vuelto a ser?
Su mente es una torre donde está prisionera
o una caja llena de cartas sin abrir.

No sabe qué ha pasado, quiénes son
esos desconocidos que andan por su cabeza
como fieras huidas de un jardín zoológico
por las calles de una ciudad dormida;
ni cuándo se empezaron a borrar
los nombres y las caras
lo mismo que un ejército de figuras de arena.
Para ella todos somos personajes de un sueño.

-Allí donde la toques, la memoria nos duele,
dice el poeta Yorgos Seferis,
                                                pero calla
que aún hace más daño el haberla perdido.

Siempre que estamos juntos intento que recuerde
dónde estuvo o quién era,
pero es como acercarse a la orilla de un río
y querer atrapar el agua en una red.
Algunos días
noto
la inquietud
de todo el que al entrar a un cementerio
teme encontrarse con su propia tumba:
al lado de un enfermo te ves amenazado
como al nadar te sientes transparente
o los hijos nos vuelven de cristal.

Ella sigue en su mundo, en equilibrio
entre ser y no ser
y yo busco una forma de quererla
que me lleve hasta ahí;
porque la vida es eso: abrazarse
como si no existiera lo que nos separaba,
como si no existiesen los días y las noches,
la niebla de los años,
la herida del adiós…

No sabe de quién hablas cuando dices su nombre,
pero yo sí: es ella, aunque ya no se acuerde,
y no voy a entregársela al olvido.

miércoles, 27 de mayo de 2026

"Ilusos los Ulises"

Ángel González (1976): Muestra, corregida y aumentada, de algunos procedimientos narrativos y de las actitudes sentimentales que habitualmente comportan

Ilusos los Ulises

Siempre, después de un viaje,
una mirada terca se aferra a lo que busca,
y es un hueco sombrío, una luz pavorosa,
tan sólo lo que tocan los ojos del que vuelve.

Fidelidad, afán inútil.
¿Quién tuvo la arrogancia de intentarte?
Nadie ha sido capaz
—ni aun los que han muerto—
de destejer la trama
de los días.

martes, 26 de mayo de 2026

“No tuvo ayer su día”

 Ángel González (1985): Prosemas o menos

No tuvo ayer su día

Ya desde muy temprano,
ayer fue tarde.


Amaneció el crepúsculo, y al alba
el cielo derramó sobre la tierra
un gran haz de penumbra.

Cerca del mediodía
un firmamento tenue e incompleto
—¿cifra de nuestra suerte?—
brillaba todavía en el espacio. 

                                                  (La luna
no iluminaba al mundo;
su cuerpo transparente
nos permitía tan sólo adivinar
la existencia más alta de otro cielo
inclemente también, inapelable.)

Seguimos esperando, sin embargo.

Imprecisas señales
—un latido de pájaros, a veces;
el eco de un relámpago;
súbitas rachas de violento viento—
nos mantenían alerta.

A la hora del ocaso
salió un momento el sol para ponerse
y confirmó las sombras con ceniza.

lunes, 25 de mayo de 2026

“Chiloé, setiembre, 1972 (Un año después, en el recuerdo)”

Ángel González (1976): Muestra, corregida y aumentada, de algunos procedimientos narrativos y de las actitudes sentimentales que habitualmente comportan

“Chiloé, setiembre, 1972 (Un año después, en el recuerdo)”

Estuve en Chiloé junto a la primavera.
(Sería otoño en España.)

Humedad olorosa,
praderas solitarias.

Recuperé de pronto tiempo y tierra.
(Tiempo perdido, tierra derrotada.)

El mar mordía los acantilados
con sus dientes de espuma verde y blanca.

Veía el Norte en el Sur.

¡Espejismo de rostros y de muros
iluminados con palabras
puras: libertad, compañeros!

(Y en el fondo, con nieve, las montañas.)

¿De dónde regresaba todo aquello?

Surgidos de la bruma
—¿era ayer o mañana?—
albatros quietos, levitando arriba,
serenaban el aire con sus extensas alas.

Todo encalló en un tiempo amargo y sucio.
Ahora,
asomando sobre las aguas,
la arboladura rota de esos días
tan sólo exhibe buitres en sus jarcias

domingo, 24 de mayo de 2026

“Acoma, New Mexico, diciembre, 5:15 pm”

Ángel González (1976): Muestra, corregida y aumentada, de algunos procedimientos narrativos y de las actitudes sentimentales que habitualmente comportan

Acoma, New Mexico, diciembre, 5:15 pm

Con tan inconsistentes materiales

 

luz en polvo, 

una tela de araña, 

las ramas de un arbusto, 

espacio, soledad, pájaros, viento

 

ante mis ojos

levantó la tarde

un monumento de belleza

que parecía inextinguible: 

 

inmensos pabellones de silencio, 

galerías abiertas a altísimos abismos, 

columnas de reflejos deslumbrantes, 

lienzos tersos, ingrávidos, 

de metal transparente como vidrio. 

 

Mas todo aquello

                                   –estatua o fortaleza–

después de haberse erguido, 

abrió dos grandes alas de misterio, 

y se perdió en un vuelo negro y rápido. 

 

De su presencia lúcida

sólo nos queda ahora

un desolado pedestal vacío

de sombra, y frío, y noche, y desamparo