viernes, 17 de abril de 2026

“En son de despedida”

José Hierro (1998): Cuaderno de Nueva York

“En son de despedida”

           I

No vine sólo por decirte
(aunque también) que no volveré nunca,
y que nunca podré olvidarte.

Emprendo la tarea
(imposible, si es que algo hay imposible)
de racionalizar, interpretar, reconstruir y desandar
aquellas fábulas y hechizos
que gracias a ti fueron realidad.

Recupero los pasos iniciados a la orilla del río
y que desembocaban en «Kiss Bar» (aunque no estoy
seguro
dónde estaba el principio y dónde el fin).

Estoy cansado, muy cansado.
Don Antonio Machado dijo hace más de sesenta años
«Soy viejo porque tengo más de setenta años,
que es mucha edad para un español».
(Sin comentarios).

              He vivido días radiantes
gracias a ti. Entre mis dedos se escurrían
cristalinas las horas, agua pura. Benditas sean.

Fue un tercer grado carcelario:
regresas a la cárcel por la noche,
por el día —espejismo— te sientes libre, libre, libre.
Nadie pudo, ni puede, ni podrá por los siglos de los siglos
arrebatarme tanta felicidad.

Yo no he venido —te lo dije—
para decirte adiós. Sé que no me echarás de menos,
y eso que yo soñaba ser todo para ti
como tú lo eres todo para mí.
¡Ay vanidad de vanidades y todo vanidad!

No te importuno más (ni siquiera sé si me escuchas).
Bebo el último whisky en el «Kiss Bar»,
la última margarita en «Santa Fe»,
rodeo luego la ciudad y su muralla de agua
en la que ya no queda nada que fue mío.
Desisto de adentrarme en su recinto,
no tengo fuerzas para celebrar
la melancólica liturgia de la separación
Sólo deseo ya dormir, dormir,
tal vez soñar...

jueves, 16 de abril de 2026

“Acelerando”

José Hierro

“Acelerando”

Aquí, en este momento, termina todo, 
se detiene la vida. Han florecido luces amarillas 
a nuestros pies, no sé si estrellas. Silenciosa 
cae la lluvia sobre el amor, sobre el remordimiento. 
Nos besamos en carne viva. Bendita lluvia 
en la noche, jadeando en la hierba, 
trayendo en hilos aroma de las nubes, 
poniendo en nuestra carne su dentadura fresca. 
Y el mar sonaba. Tal vez fuera espectro. 
Porque eran miles de kilómetros 
los que nos separan de las olas. 
Y lo peor: miles de días pasados y futuros nos separaban. 
Descendían en la sombra de las escaleras. 
Dios sabe a dónde conducían. Qué más da. 'Ya es hora 
- dije yo -, ya es hora de volver a casa'. 
Ya es hora. En el portal, 'Espera', me dijo. Regresó 
vestida de otro modo, con flores en el pelo. 
Nos esperaban en la iglesia. 'Mujer te doy'. Bajamos 
las gradas del altar. El armonio sonaba. 
Y un violín que rizaba su melodía empalagosa. 
Y el mar estaba allí. Olvidado y apetecido 
tanto tiempo. Allí estaba. Azul y prodigioso. 
Y ella y yo solos, con harapos de sol y de humedad. 
'Dónde, dónde la noche aquella, la de ayer...?' preguntábamos 
al subir a la casa, abtrir la puerta, oir al niño que salía 
con su poco de sombra con estrellas, 
su agua de luces navegantes, 
sus cerezas de fuego. Y yo puse mis labios 
una vez más en la mejilla de ella. Besé hondamente. 
Los gusanos labraron tercamente su piel. AL retirarme 
lo vi. Qué importa corazón. La música encendida, 
y nosotros girando. No: inmóviles. EL cáliz de una flor 
gris que giraba en torno vertiginosa. 
Dónde la noche, dónde el mar azul, las hojas de la lluvia. 
Los niños - quiénes son, que hace un instante 
no estaban-, los niños aplaudieron, muertos de risa: 
'Qué ridículos, papá. mamá'. 'A la cama', les dije 
con ira y pena. Silencio. Yo besé 
la frente de ella, los ojos con arrugas 
cada vez más profundas. Dónde la noche aquella, 
en qué lugar del universo se halla. 'Has sido duro 
con los niños'. Abrí la habitación de los pequeños, 
volaron pétalos de lluvia. Ellos estaban afeitándose. 
Ellas salían con sus trajes de novia. Se marcharon 
los niños - ¿por qué digo los niños? - con su amor, 
con sus noches de estrellas, con sus mares azules, 
con sus remordimientos, con sus cuchillos de buscar pureza 
bajo la carne. Dónde, dónde la noche aquella, 
dónde el mar... Qué ridículo todo: este momento detenido, 
este disco que gira y gira en silencio, 
consumida su música.

miércoles, 15 de abril de 2026

“Ventanas pintadas”

Gloria Fuertes

“Ventanas pintadas”

Vivía en una casa
con dos ventanas de verdad y las otras dos pintadas
              en la fachada.

Aquellas ventanas pintadas fueron mi primer dolor.
Palpaba las paredes del pasillo,
intentando encontrar las ventanas por dentro.
Toda mi infancia la pasé con el deseo
de asomarme para ver lo que se veía
desde aquellas ventanas que no existieron.

lunes, 6 de abril de 2026

"Para que yo me llame Ángel González"

Ángel González (1956): Áspero mundo

"Para que yo me llame Ángel González"

Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.

Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento…

domingo, 5 de abril de 2026

"Son las gaviotas"

Ángel González (1956): Áspero mundo

"Son las gaviotas"

Son las gaviotas, amor.
Las lentas, altas gaviotas.

Mar de invierno. El agua gris
mancha de frío las rocas.
Tus piernas, tus dulces piernas,
enternecen a las olas.
Un cielo sucio se vuelca
sobre el mar. El viento borra
el perfil de las colinas
de arena. Las tediosas
charcas de sal y de frío
copian tu luz y tu sombra.
Algo gritan, en lo alto,
que tu no escuchas, absorta.

Son las gaviotas, amor.
Las lentas, altas gaviotas.

lunes, 17 de noviembre de 2025

“Abrojo XXX”

Rubén Darío (1886): Abrojos

“Abrojo XXX”

Mira, no me digas más:

¡que otra palabra como ésa

tal vez me pueda matar!

sábado, 1 de noviembre de 2025

viernes, 31 de octubre de 2025

“¡Ah, la luna llena!”

Kikaku 

“¡Ah, la luna llena!”


¡Ah, la luna llena!— 

se dibuja en el piso de paja 

la sombra de un pino.


Traducción de Aurelio Asiaín (2007): Luna en la hierba. Medio centenar de haikus japoneses. Madrid, Hiperión.

jueves, 30 de octubre de 2025

“En su rostro”

Kikaku

“En su rostro”


En su rostro 

salpicado se desparrama 

el olor de la planta de los caminos


Traducción de Aurelio Asiaín (2007): Luna en la hierba. Medio centenar de haikus japoneses. Madrid, Hiperión.