viernes, 13 de noviembre de 2020

“Me mira. Pero no desde la altura...”

Carmen Jodra (1999): Las moras agraces

“Me mira. Pero no desde la altura...”

Me mira. Pero no desde la altura,
          como el Otro miraba,
sino asentado en la terrena grava,
          sobre la roca dura.

Sonríe con sonrisa tan impura,
          que la reina de Saba
no era más seductora que Él; me alaba,
          como a fruta madura.

Yo rehuyo sus ojos en el suave
          espejo de la alberca,
pero estoy deseando, y Él lo sabe,

ceder. Me olvidaré de Buda y Cristo
          por verle más de cerca.
¡Mi Señor, Lucifer, Satán, Mefisto!

jueves, 12 de noviembre de 2020

“No comprendo. La sed del agua fría...”

Carmen Jodra (1999): Las moras agraces

“No comprendo. La sed del agua fría...”

No comprendo. La sed del agua fría
se calma al tercer trago; la del vino,
otro tanto, y el paladar más fino
se cansa del manjar que requería.

El sueño acaba al empezar el día,
y la pereza al verse en el camino;
todo anhelo se va tal como vino
apenas toma lo que pretendía.

Y sin embargo hay una sed extraña
que mantiene sin fin toda su saña...
Quizá sean cosas de la adolescencia,

pero devoré anoche la manzana
y de nuevo me hallaba esta mañana
trémula toda de concupiscencia.

miércoles, 11 de noviembre de 2020

“Me pregunto si es cosa de la edad...”

Carmen Jodra (1999): Las moras agraces

“Me pregunto si es cosa de la edad...”

Me pregunto si es cosa de la edad
o fruto de una mente depravada;
en uno u otro caso, jamás nada
puede apartarme de mi única idea.

Cada cosa que miro se recrea;
la inocencia del mundo, transformada,
me estremece; la carne delicada
se pudre con extraña enfermedad.

Suena un violín, y yo escucho un gemido;
miro andar a mi gato, y sólo veo
el movimiento firme y repetido;

oigo al viento soplar, y oigo un jadeo.
y un mundo diferente, enfebrecido,
agita con su vista mi deseo.

martes, 10 de noviembre de 2020

“Será un centauro, un ser hermafrodita...”

Carmen Jodra (1999): Las moras agraces

“Será un centauro, un ser hermafrodita...”

Será un centauro, un ser hermafrodita,
el toro violador y la paloma,
con las mórbidas formas de una poma
y el escudo anguloso de un escita.

Será otro yo, y así, será exquisita
la unión. No dejaremos ni una coma
en donde estaba antes, y aun la Roma
de Nerón aparecerá marchita.

¿"Noverat iam luxuriam..."? Las bacantes
serán vestales, y piadosas preces
sus gritos: ¡nadie gana a dos estetas!

Danzando sobre él con pies sangrantes,
quebraremos mil veces y mil veces
el cristal que cantaron los poetas.

lunes, 9 de noviembre de 2020

“Quiero ser rentista yo también”

Carmen Jodra (1999): Las moras agraces

“Quiero ser rentista yo también”

                                               ¡Ah, saperlipotte de saperlipotte!, ¡caramba!,
                                      yo seré rentista; y para ello no hace falta
                                      desgastar los calzones en los bancos...
                                                                 Arthur Rimbaud

Quiero ser rentista yo también
y vivir lejos del doble pupitre,
del irritante griego y su optativo
y el aoristo inefable.
Yo quiero ser rentista.
Vivir del flujo del dinero muerto,
sin libros ni problemas.
Quisiera ser rentista.
Vivir, morir tal vez, pero a mis anchas.

domingo, 8 de noviembre de 2020

“Duelo homérico”

Carmen Jodra (1999): Las moras agraces

“Duelo homérico”

El pelo rizado cubierto de polvo, en desorden la túnica blanca,
Antípator llega corriendo a la tienda de Aquiles. Aquiles, sentado,
        se muerde los labios y le duele el alma
Es cosa terrible lo crueles que pueden llegar a ser las palabras.

—La tierra está mojada y huele a tierra
bajo su peso. Han roto los cristales
en su sangre, violado los umbrales
del templo y saqueado cuanto encierra.

En las más altas cimas de la sierra
hay nieve. Sus heridas son iguales
que rosas… Quien escriba los anales
“guerra” dirá sin conocer qué es guerra.

Verás la cara cruel del basilisco,
y el viento es frío. Pero las ovejas
aguardan el cayado y el aprisco.

No llores. Déjalo para las viejas.
Tan dulce yace, que ante su obelisco
la Muerte misma enarcará las cejas.

Aquiles rompió en alaridos, maldijo la muerte, la vida, la guerra, a
        Dios y a sí mismo,
desoyó consejos y durante horas lloró haciendo estrago a su paso.
Pero por la noche, agotado, con los ojos secos y los labios rotos,
sólo se le oía en lento susurro: “Patroclo, Patroclo, Patroclo…”.

sábado, 7 de noviembre de 2020

“Más todavía que esta helada dictadura…”

Carmen Jodra (1999): Las moras agraces

“Más todavía que esta helada dictadura…”

Más todavía que esta helada dictadura
que nos hemos impuesto y que llamamos vida, 
más que la delirante, neurótica cordura
—la masa es siempre cuerda— que es la única salida, 

más que la estupidez que elevada al cuadrado
se exporta, se contagia, y germina y prospera, 
y que la confusión que marcha a nuestro lado
siempre y en todas partes, tan dentro como fuera,

mucho más todavía que todo eso, me aterra
lo que mis tentadores llamaban ennui:
saber que todo es nada, que el secreto que encierra
la vida es que se vive y se muere porque sí, 

y obrar en consecuencia, o no obrar, simplemente,
que es lo mismo, y sufrir la infinita pereza
que bosteza en la cara del mundo, y clava el diente

viernes, 6 de noviembre de 2020

“Poema IV (Así el deseo…)”

Claudio Rodríguez (1953) Don de la ebriedad

“Poema IV (Así el deseo…)”

Así el deseo. Como el alba, clara
desde la cima y cuando se detiene
tocando con sus luces lo concreto
recién oscura, aunque instantáneamente.
Después abre ruidosos palomares
y ya es un día más. ¡Oh, las rehenes
palomas de la noche conteniendo
sus impulsos altísimos! Y siempre
como el deseo, como mi deseo.
Vedle surgir entre las nubes, vedle
sin ocupar espacio deslumbrarme.
No est en mí, está en el mundo, está ahí enfrente.
Necesita vivir entre las cosas.
Ser añil en los cerros y de un verde
prematuro en los valles. Ante todo,
como en la vaina el grano, permanece
calentando su labor enardecido
para después manifestarlo en breve
más hermoso y radiante. Mientras, queda
limpio sin una brisa que lo aviente,
limpio deseo cada vez más mío,
cada vez menos vuestro, hasta que llegue
por fin a ser mi sangre y mi tarea,
corpóreo como el sol cuando amanece.

jueves, 5 de noviembre de 2020

“¿Cuál es la causa, mi Damón…”

Francisco de Aldana

“¿Cuál es la causa, mi Damón…”

«¿Cuál es la causa, mi Damón, que estando
en la lucha de amor juntos trabados
con lenguas, brazos, pies y encadenados
cual vid que entre el jazmín se va enredando

y que el vital aliento ambos tomando
en nuestros labios, de chupar cansados,
en medio a tanto bien somos forzados
llorar y suspirar de cuando en cuando?»

«Amor, mi Filis bella, que allá dentro
nuestras almas juntó, quiere en su fragua
los cuerpos ajuntar también tan fuerte

que no pudiendo, como esponja el agua,
pasar del alma al dulce amado centro,
llora el velo mortal su avara suerte».

miércoles, 4 de noviembre de 2020

“La cancion de amor de J. Alfred Prufrock”

T. S. Eliot (1917): La canción de amor de Alfred J. Prufrock y otras observaciones

“La cancion de amor de J. Alfred Prufrock

  S'io credesse che mia risposta fosse
  A persona che mai tornasse al mondo,
  Questa fiamma staria senza piu scosse.
  Ma perciocche giammai di questo fondo
  Non torno vivo alcun, s'i'odo il vero,
  Senza tema d'infamia ti rispondo.

Dante: La divina comedia: "Infierno"


 Vamos entonces, tú y yo,
Ahora que la tarde sobre el cielo se tendió
Cual paciente eterizado ya en la plancha;
Vamos, a través de ciertas casi solas calles,
Los retiros murmurantes
De insomnes noches en moteles mezquinos
Y restaurantes de piso en aserrín con mariscos:
Calles que prosiguen como una tediosa discusión
de insidiosa intención
Para llevarte a una pregunta abrumadora…
Oh, no inquieras, ¿qué es?
Vamos a nuestra visita de una vez.

En el cuarto las mujeres van y vienen
y a Miguel Ángel refieren.

La niebla ocre que frota su espalda contra las ventanas
El humo ocre que frota su hocico contra las ventanas,
Curvando su lengua en las esquinas de la tarde,
Persistiendo en los charcos de las cloacas,
Deja caer sobre su dorso el hollín que de la chimenea cae,
Deslizándose por la terraza hizo un salto repentino,
Y viendo que era una suave noche de octubre,
Se enroscó sobre la casa, y cayó dormido.

Y en verdad habrá tiempo
Para el humo ocre que singla por la calle,
Frotando su dorso en las ventanas;
Habrá tiempo, habrá tiempo
Para preparar un rostro para los rostros que halles;
Habrá tiempo para matar y crear,
Y tiempo para todas las labores y jornadas de manos
Que levantan y sueltan la cuestión sobre tu plato;

Tiempo para ti y para mí tiempo,
Y tiempo aún para cientos de indecisiones,
Y centenares de visiones y revisiones,
Antes del té y el almuerzo.

En el cuarto las mujeres van y vienen
y a Miguel Ángel refieren.

Y en verdad habrá tiempo
Para inquirirse, “¿Me atrevo?” y, “¿Me atrevo?
Para dar a vuelta y descender por la escalera habrá tiempo
Con una calva en el medio de mi cabello―
(Dirán: “¡Su cabello es ahora muy delgado!”)
Mi abrigo matutino, el cuello a la barbilla ajustado,
Mi corbatín suntuoso más modesto,  por un simple fistol asegurado―
(Dirán: “¡Pero mira sus brazos y sus piernas, cuán delgados!”)
¿Me atrevo
A perturbar el universo?
En un minuto hay tiempo
Para decisiones y revisiones que un minuto revoca luego.

Porque para mí son conocidas todas, todas conocidas:
Vísperas, mañanas, tardes, he conocido
Mi vida con cucharas de café he medido;
Conozco las agónicas voces en una agónica caída
Debajo de la música del cuarto contiguo.
¿Así que cómo podría yo suponer?

Y he conocido ya los ojos, a todos conocido:
Los ojos que te fijan en una frase formulada,
Y yo entonces formulado, contraído bajo el alfiler,
Cuando he sido prendido y contra la pared retorcido,
Entonces ¿cómo habría de comenzar
A escupir toda colilla de mis días y mis marchas?
¿Y cómo podría yo suponer?

Y he conocido ya a los brazos, a todos conocido―
Brazos, en brazaletes, y desnudos y blancos
(Más bajo la lámpara, ¡por castaño vello sombreados!)
¿Es el perfume de un vestido
lo que me vuelve confundido?
Brazos que yacen sobre una mesa, o de una manta hacen abrigo.
¿Y debería entonces suponer?
¿Y cómo debería comenzar?

¿Deberé decir, he partido en el crepúsculo a través de angostas calles
Y visto el humo que se alza desde las pipas
De solitarios hombres en mangas de camisa, asomados en las ventanas?…

Debería haber sido un par de pinzas escabrosas
Ahondándose en los fondos de silenciosos mares.

¡Y las vísperas, las tardes, con tanta paz dormidas!
Tranquilizadas por largos dedos,
Dormidas… cansadas… cual fingidos enfermos,
Estiradas sobre el suelo, aquí, junto a ti y a mí.
¿Debería, tras el té y los pasteles y los helados,
tener la solidez para forzar el momento hacia su crisis?
Pero aunque he llorado y guardado ayuno, llorado y rezado,
Aunque mi cabeza (levemente más calva) llegar en bandeja de plata he visto
No soy profeta ― y no hay mayor conflicto.
He visto el momento de mi grandeza parpadear,
Y he visto al eterno criado sostener mi abrigo, y la risa disimular,
Y en corto, tuve miedo.

¿Y acaso hubiera valido la pena, después de todo,
Después de las tazas,  el té, la mermelada,
Entre la porcelana, entre tú y yo alguna charla,
Hubiera valido la pena el tiempo
Haber dado al asunto, con una sonrisa, silencio.
Haber condensado el universo dentro de una pelota
Para rodarla hacia una pregunta abrumadora,
Decir: “Yo soy Lázaro, quien viene de entre los muertos,
he venido para decirles a todos, debo decirles a todos”―
Si uno, acomodando una almohada bajo la cabeza de ella
Debiera decir: “Eso no es a lo que me refiero;
No es en absoluto eso.”?

¿Y hubiera valido la pena, después de todo,
Hubiera valido la pena el tiempo,
Tras de los ocasos y los patios y las calles salpicadas calles,
Tras de las novelas, tras las tazas de té, tras las faldas que sobre el piso se arrastran―
Y esto y tanto más?―
¡Resulta imposible decir justo a lo que me refiero!
Pero como si una linterna mágica arrojara en patrones sobre una pantalla los nervios:
Hubiera valido la pena el tiempo
Si uno, acomodando una almohada o una manta extendiendo
Y volteando hacia la ventana, debiera decir:
“Eso no es a lo que me refiero;
No es en absoluto eso.”?

¡No! No soy el Príncipe Hamlet, ni estaba destinado a serlo;
Soy un noble cualquiera, uno que servirá
A favor de la trama, una escena o dos iniciará,
Dará consejo al príncipe; sin duda, un simple peón,
Deferente, contento por tener algún uso,
Político, cauto y meticuloso;
Lleno de grandilocuencia, más un tanto obtuso;
A veces, de hecho, casi gracioso―
Casi, a veces, el Bufón.

Envejezco… Envejezco…
Deberé enrollar de mi pantalón los extremos.

¿Deberé esconder mi calva con un peinado? ¿Me atrevo a un durazno devorar?
Deberé usar pantalones de franela blanca y en la playa caminar.
He escuchado a las sirenas, una a la otra, cantar.

No creo que vayan a cantarme a mí.

Las he visto montando las olas hacia el mar
Peinando hacia atrás el blanco cabello de las olas
Cuando a blancas y negras aguas el viento sopla
En las estancias del mar nos hemos demorado
Con marinas damas envueltas en alga ocre y roja
Hasta que voces humanas nos despiertan, y nos ahogan.