viernes, 9 de agosto de 2024

“Penélope revela su secreto”

Celia Corral Cañas (2023): También incertidumbre entre nosotros 

“Penélope revela su secreto” 

De esta manera ella conseguía mantenerlo alejado mientras coqueteaba con sus pretendientes, haciéndoles creer que tejía mientras Ulises viajaba y no que Ulises viajaba mientras ella tejía, como pudo haber imaginado Homero, que, como se sabe, a veces dormía y no se daba cuenta de nada. 

Augusto Monterroso

 

La historia no es exacta, ingenuo Homero. 
Es cierto, yo cosía, descosía, 

cosía y descosía, sin embargo,

no había en mi trabajo el objetivo

que tú interpretaste en tu lectura. 

Ulises se alejó para mi suerte, 

inmerso en una estúpida aventura, 

y yo encontré mi paz y mi equilibrio, 

mi espacio conquistado, mi persona, 

en el placer oscuro del rechazo

a aquellos pretendientes deseosos

—tronista convencida y exigente—

y en dedicar mi tiempo a la costura 

tan libre y azarosa como un viaje. 

Creo que no captaste mi intención: 

yo no esperaba a nadie, yo cosía. 

No sabes, pobre Homero, que el relato

lo escribieron mis manos impacientes

en un vaivén de agujas, desconoces

que era mi tejido inacabado

el misterio, el poema, la Odisea. 

jueves, 8 de agosto de 2024

“A veces necesito relajarme”

Celia Corral Cañas (2023): también incertidumbre entre nosotros

“A veces necesito relajarme”

 

A veces necesito relajarme

y pienso en animales, los escucho, 

observo a la paloma que me observa

en este mismo instante en que la escribo

y me pierdo en los astros o en las plantas. 


Las plantas cuando mueren, sin embargo, 

me muerden muy despacio los tobillos 

y todos los destrozos que trazamos

en un planeta a punto de dormir

encienden mis insomnios, mi iceberg. 

 

Me encanta el subjuntivo y me apacigua

dejar un pie en el aire, distraerme

sembrando de ojalás todo el paisaje. 

Sucede algo distinto en el encuentro

con el imperativo y sus esquinas. 

 

Me oprimen los océanos de plástico, 

las guerras, la pobreza, el abandono. 

El pasado, el futuro y el presente

se dejan alojar en las dos casas. 

 

Me inquietan la inacción y la quietud. 

De toda la ansiedad me tranquiliza

la palabra ansiedad bajo la lluvia. 

 

Descanso en la ficción, la realidad

columpia en sus quiasmos mi deseo. 

Si bien la poesía me aletea, 

Me deja en desazón este poema. 

 

El mundo y tú con la literatura 

cruzáis esta frontera todo el tiempo, 

como una nube lenta e impredecible

o como el vuelo incierto y caprichoso

con que huye la paloma de este verso. 

miércoles, 7 de agosto de 2024

“Recuerda”

Celia Corral Cañas (2023): También incertidumbre entre nosotros

“Recuerda”

 

Que todas las historias de este mundo

comienzan con los mismos ingredientes: 

primero un personaje a quien seguimos

unidos por la magia y la empatía

un quién a quien querer acompañar,

aquel que representa lo que somos, 

lo que queremos ser y lo que no; 

y, después, un problema al que enfrentarnos, 

aquello que perturba a nuestro amigo

—amiga, amigue, amigos, enemigo—, 

un nudo en el camino, una escalera, 

una puerta cerrada, una ventana, 

que no se puede abrir, un pozo oscuro, 

un sueño irrealizable, una amenaza, 

la duda, una mentira o un dilema. 

No importa dónde, cuándo ni por qué: 

la historia no es historia sin problema. 

El relato requiere su conflicto; 

el conflicto merece su relato. 

La relación simbiótica es perfecta

e invita a comenzar un nuevo viaje, 

la búsqueda y el cambio, el recorrido, 

con la transformación, su aprendizaje. 

Lo dijo Jorge Wagensberg, si nunca 

hubiera habido crisis todavía

seríamos bacterias, ¿lo comprendes?

Ahora dime cuál es tu problema. 

martes, 6 de agosto de 2024

“La oscura intimidad de la Medusa”

Celia Corral Cañas (2017): La voz del animal bajo tu piel 

“La oscura intimidad de la Medusa”

tienes todos los rostros y ninguno,
eres todas las horas y ninguna,
te pareces al árbol y a la nube,
eres todos los pájaros y un astro,
Octavio Paz
(Piedra de sol)

 

A veces eres luz, a veces piedra;
a veces tiburón y otras erizo.
El viaje de los sueños en las nubes,
las alas del dragón y de Mercurio.
La humanidad de Batman y el temblor
de todo lo animal y lo divino.
Los oídos de Ulises y los párpados
conscientes y obstinados de Penélope.
El gigante más grande en Liliputh,
los molinos de viento imaginados.
El camino del bosque que descarta
Caperucita Roja y lleva al lobo.
El interés del gato en la ratita,
el sueño en siete camas o en Totoro.
Eres el pie que no entra en el zapato,
las mentiras piadosas del espejo,
la voz de la sirena y la espuma.
Eres el héroe muerto y sobrevives
al paso de la lluvia y sus arrugas.
Las paredes de Dogville, la escritura
de Sócrates, la playa de Invernalia.
La piel de los guepardos y sus garras,
el tacto de los labios del león
marino y la sonrisa del insecto.
La elegancia del vuelo transparente
de la libélula, la silenciosa
proximidad de la serpiente hembra.
El caracol en su húmedo abrazo,
la secreta voracidad del pez. 
La espera impertérrita del perro,
el ladrido en el aire de los cuervos.
El hígado del pato al explotar,
la oscura intimidad de la medusa.
El honor del elefante, la astucia
de la zorra y de las uvas, el hambre
que a todos nos define y nos enfrenta.
La duna tras la tormenta de arena,
la mano que dibuja un arcoíris. 
La distancia creciente entre galaxias
destinadas para siempre al olvido.
La estrella ignorante de su nombre,
el río que nace cerca de casa,
el cielo de esta tarde de noviembre.
El árbol que hospeda en su tronco
los cuerpos –¿y las almas?– desdentados
de los bebés toraja que murieron.
Ventana en el palacio y en la escuela,
ventana en hospitales y en la cárcel.
La espada sin hombre y sin romance,
el caballo que vuelve sin jinete,
la fiebre de la noche en cada guerra,
la luna de la luna y su sentido.
El viento insoportable del que duda,
la libertad del sueño y su esperanza.
El roce de la cuerda en la garganta,
la rama rota en el acantilado.
La fuerza misteriosa y convencida
que da vida y expande el tumor.
El silencio después de la pregunta,
las vías cuando ya ha pasado el tren.
La herida que no sangra y sin embargo
se despierta contigo cada día.
Tu carne sabe a historias y a animal.
Eres sólo real; sólo inventado.
Eres el que condena, el condenado
y la condena; la magia y el truco,
el mago, el conejo y el sombrero.
El equilibrio y todos sus contrarios.
El corazón que late y el latido,
el primer parpadeo y el último.
Eres el navegante, eres el náufrago,
el mapa, el navío, el iceberg.
A veces eres tú y otras veces…
te mudas de pronombre personal,
despiertas en lo propio y en lo ajeno.
Eres quien crees ser, quien desconoces;
eres quien creo y quien desconozco.
A veces quien escribe, otras quien lee
y otras, como ahora, el poema.

lunes, 5 de agosto de 2024

“III”

Maru Bernal (2023): No todos volvimos de Troya

 

“III”

 

Baja a la playa midiendo sus pasos

—la humedad no es buena para la artrosis—,

la tarde se demora al abrigo del viento, 

roza la luz su cuerpo aterido. 

 

Recuerdos de fogatas apagadas, 

reses flotando a la deriva, 

el ominoso silencio en la barca, 

el fragor del agua en el mar. 

 

Transcurre así el primer día

después del Diluvio. 

 

Ella cavilando en la playa, 

él dormitando en la cueva, 

la marea alta, el cielo inquisitivo, 

un oráculo indescifrable

silbando incesante en sus oídos. 

 

Cuando coge el primer canto

en un acto reflejo

y lo arroja descuidada

por encima del hombro, 

Pirra no sabe que ese gesto

libera a los dioses por siempre 

de su deuda con la Tierra. 

domingo, 4 de agosto de 2024

“I”

Maru Bernal (2024): Rumores yámbicos

 

“I”

 

De Circe a Calipso

 

Con el siguiente envío de cantueso

te llegará también un hombre

que creía mío, 

como lo creerás tú 

durante un tiempo. 

 

No te encariñes

demasiado de él, 

es un ave de paso más. 

 

Somos mujeres 

de raíces duras, 

encajas en las aristas

de la tierra, 

manos abiertas

al abrazo del mar. 

 

Nuestro fue el naufragio, 

suyo tan solo 

el canto de las sirenas. 

sábado, 3 de agosto de 2024

“X”

 Maru Bernal (2022): No todos volvimos de Troya

“X”

 

                                                           Transgresor

 

Sus labios se humedecieron

al escuchar la propuesta. 

El pulso se encabritó, 

Ardió la llama en su vientre, 

Un oscuro deseo asomó 

a sus soberbios ojos negros. 

 

El joven se escabulló unos minutos, 

acentuó sus párpados con ceniza, 

coloreó sus mejillas de alheña,

hurtó el liviano peplo de su amante

y se dispuso a seguir a Dioniso

hasta las elevadas cumbres del Citerón. 

 

La sensación de libertad que lo embriagaba, 

nubló su mente, enturbió sus sentidos

y lo precipitó —feliz, travestido—, 

en los fatales brazos de la censura. 

viernes, 2 de agosto de 2024

“XI”

Maru Bernal (2022): Hendiendo el aire. Suturas del alma

 

“XI”

 

Ya no quedan mapas

que doblar en cuatro pliegues, 

señales luminosas del camino, 

puntos de fuga que converjan 

en el cielo de tu boca. 

El mundo es más vasto sin ti, 

sin embargo, 

es ahora

cuando estoy en el centro. 

 

jueves, 1 de agosto de 2024

“3”

Carlos Alcorta (2020): Fotosíntesis 

“3”

 

La puerta de la calle

a medio abrir. Penetra

en la casa el olor a tierra húmeda. 
Encera con su aroma muebles y habitaciones. 

 

Tu ropa, en la maleta, 

huele a esas latitudes

hacia las que tus sueños se aventuran

en busca de otro sueño. 

 

Percute sobre el acero del frigorífico

un solo oblicuo, aún intrascendente. 

La claridad parece

pedir disculpas por agudizar las sombras

que amenazan el día de mañana, 

que hacen de la existencia un campo estéril. 

 

Un vaso de agua evaporándose

es una buena descripción de tu pasado. 

 

Ahora sabes que tu propia historia

es tan evanescente como el aire. 

miércoles, 31 de julio de 2024

“Un buen hijo”

Carlos Alcorta (2020): Aflicción y equilibrio

 

“Un buen hijo”

 

Quien tiene hijos necesita futuro. 

Valter Hugo Mãe

 

Eras niño otra vez, 

No eras ya mi padre. 

Vicente Gallego

 

Antes de que en la luz crepuscular

se diluya la imagen que dio pie 

a este pacto de no agresión con tu otro 

yo recorres el camino de vuelta 

a la infancia sin miedo a las consecuencias. 

Terminas aceptando que quien hoy regresa

ignora casi todo de aquel tiempo

en el que las cosas pudieron 

suceder de manera diferente. Quedaron 

entonces demasiadas preguntas sin respuesta, 

quedó un reguero solidificado

de miel y leche sobre la mesa que fijaba

la frontera entre una ciénaga y un oasis, 

entre la fatalidad y la salvación. 

 

Siendo aún poco más que un niño, 

Mi padre braceaba hasta el urro

Que se erguía a unos cientos de metros de la playa

—en el mar, la falta de referencias 

falsea las distancias, por eso aprovechaba

el reflujo de la marea, cuando 

el agua se pliega sobre sí misma, 

como algunos crustáceos—

para cazar conejos y mejorar 

la humilde dieta alimenticia 

de la posguerra. Sigue nadando sin descanso, 

sorteando las olas de sus recuerdos Aquel

tú del pasado lo revive ahora como si fuera la primera 

vez, cuando inmoviliza con la palma

de sus manos tu cuerpo menudo y agarrotado

por el mido en la playa de La Concha, 

sopesando el vigor de las corrientes

mientras te enseña a mantenerte a flote. 

 

Me propuse escribir este poema

como quien construye la casa natural 

de la vida, sin ayuda, con materiales nobles

pero modestos, una casa con grandes ventanales

para vernos mejor por dentro, hecha

con las palabras que nunca nos dijimos, 

una casa, un poema de músculos y piedra

con los que ganarme el pan, igual que hacen 

los hombres de provecho. Si lo crees preciso, 

supervisa la argamasa, controla a los obreros 

piensa en cómo podremos convivir

en el futuro pese a nuestras diferencias

—tú entrando sin llamar, yo contemplando 

los muros encalados, ahora sin tu sombra—

y dame tu bendición, esa será la mejor recompensa

que pueda percibir por mi trabajo, 

pero quiero que sepas que no es fácil

levantar solo con buena materia prima 

unos cimientos firmes, también se necesita 

esa emoción latente que propicia

el lenguaje poético, tan fuera de lugar

en las transacciones mercantiles. 

 

Las lágrimas que derramé sin que tú

lo supieras, poniendo nombre con las palabras 

que me enseñaste a todo lo que lo que me rodeaba, 

hasta que logré dar vuelo a mi pensamiento, 

forman parte de tan impopular

y mal pagado oficio, 

ese del que te avergonzabas

en los primeros años, cuando eran mis poemas

solo frustradas tentativas. 

                                               Es verdad, yo no sé

en qué momento un cuerpo se revienta 

y flaquea en el campo o en el turno de noche

de la fábrica porque nunca sentí el látigo 

del trabajo a destajo castigar mi espalda

aunque ya esté tan deformada 

como de la de un recolector de fresas, 

pero he intentado siempre reflejar

en las páginas mis propios conflictos, 

sin buscar amparo fuera de mí

o en la naturaleza, porque esta solo siente

sin quejarse, pero no piensa. 

 

Quien escucha el tartamudeo 

de las teclas hasta la madrugada

o me ve inclinado sobre la mesa

como un vidente sabe de qué hablo. 

 

Durante muchos años guio mis pasos

una idea utópica de la realidad

que tú me habías inculcado. 

Pensaba que con ser puntual y honesto 

sería suficiente para que me sonriera

la vida, pero estaba equivocado. 

Incluso, alguna vez, durante ese instante fugaz

en el que unos rayos de luz huidizos

como un mirlo o una fragancia se filtran

por las rendijas de la persiana

casi cerrada y acarician la piel, 

presentí que era cierto, que valía la pena

esa efímera recompensa, pero, al final, 

si afino la memoria, me parece

estar viendo tu gesto escéptico y pensativo. 
Me embarga entonces la impresión

de que tampoco tú creíste de verdad

en ello. Una cosa son las palabras

y otra los hechos. 

 

Padre, nunca seré lo que tú hubieras

deseado que fuera, nunca sentiré afición 

por la canaricultura o el mus, 

nunca seré un manitas, pero puedo decirte

que desde que fui padre comprendí 

por fin lo que supone ser un buen hijo.