sábado, 10 de octubre de 2020

“Torrente de la sangre”

Dámaso Alonso (1944): Oscura noticia

Torrente de la sangre”

¡Ceja, testuz fatal! ¡Cómo te siento,
furibundo, embestir contra mis sienes!
ciega bestia en acoso, ¿por qué vienes
contra el dique a romper de tu aposento?

¿Qué frenesí te acucia? Ese lamento
mugidor, di ¿por qué? ¿Por qué, si tienes
mis más dorados días en rehenes
y en prenda un corazón que fue del viento?

Árbol de pulpa roja, arrebatado
del huracán de mi secreta mina,
por donde en sombra rompes tu camino;

árbol, cual yo, torrente despeñado,
ciega bestia, cual yo, ¡Mi ángel de ruina!
¡Oh ciclón de mi propio torbellino!

viernes, 9 de octubre de 2020

“Vuelo”

Miguel Hernández (1939-40): Poemas últimos (1939-1940)

Vuelo”

Sólo quien ama vuela. Pero ¿quién ama tanto
que sea como el pájaro más leve y fugitivo?
Hundiendo va este odio reinante todo cuanto
quisiera remontarse directamente vivo.
Amar... Pero ¿quién ama? Volar... Pero ¿quién vuela?
Conquistaré el azul ávido de plumaje,
pero el amor, abajo siempre, se desconsuela
de no encontrar las alas que da cierto coraje.
Un ser ardiente, claro de deseos, alado,
quiso ascender, tener la libertad por nido.
Quiso olvidar que el hombre se aleja encadenado.
Donde faltaban plumas puso valor y olvido.
Iba tan alto a veces, que le resplandecía
sobre la piel el cielo, bajo la piel del ave.
Ser que te confundiste con una alondra un día,
te desplomaste otro como el granizo grave.
Ya sabes que las vidas de los demás son losas
con que tapiarte: cárceles con que tragar la tuya.
Pasa, vida, entre cuerpos, entre rejas hermosas.
A través de las rejas, libre la sangre afluya.
Triste instrumento alegre de vestir: apremiante
tubo de apetecer y respirar el fuego.
Espada devorada por el uso constante.
Cuerpo en cuyo horizonte cerrado me despliego.
No volarás. No puedes volar, cuerpo que vagas
por estas galerías donde el aire es mi nudo.
Por más que te debates por ascender, naufragas.
No clamarás. El campo sigue desierto y mudo.
Los brazos no aletean. Son acaso una cola
que el corazón quisiera lanzar al firmamento.
La sangre se entristece de debatirse sola.
Los ojos vuelven tristes del mal conocimiento.
Cada ciudad, dormida, despierta, loca, exhala
un silencio de cárcel, de sueño que arde y llueve
como un élitro ronco de no poder ser ala.
El hombre yace. El cielo se eleva. El aire muere.

jueves, 8 de octubre de 2020

“Vientos del pueblo me llevan…”

Miguel Hernández (1937): Viento del pueblo

Vientos del pueblo me llevan…”

Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran
me esparcen el corazón
y me avientan la garganta.
Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.
No soy de un pueblo de bueyes
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con en el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién el rayo detuvo
prisionero en una jaula?

miércoles, 7 de octubre de 2020

“Umbrío por la pena…”

Miguel Hernández (1936): El rayo que no cesa

“Umbrío por la pena…”

Umbrío por la pena, casi bruno, 
porque la pena tizna cuando estalla, 
donde yo no me hallo no se halla 
hombre más apenado que ninguno.
Sobre la pena duermo solo y uno, 
pena es mi paz y pena mi batalla, 
perro que ni me deja ni se calla, 
siempre a su dueño fiel, pero inoportuno.
Cardos y penas llevo por corona, 
cardos y penas siembran sus leopardos 
y no me dejan bueno hueso alguno.
No podrá con la pena mi persona 
rodeada de penas y de cardos: 
¡cuánto penar para morirse uno!

martes, 6 de octubre de 2020

“Soneto X (Situación crítica de un poeta)”

Tomás de Iriarte (1787): Poesías varias”, en Obra en verso y prosa de Tomás de Iriarte

“Soneto X (Situación crítica de un poeta)”

Ofréceme, tal vez, la fantasía
un concepto feliz para un soneto;
entre escribir o no, discurro inquieto;
siento en mí, ya valor, ya cobardía.
Resuélvome a empezar; mas no querría
que me engañase un ímpetu indiscreto;
y teniendo a los críticos respeto,
ya se acalora el numen, ya se enfría.
Batallo en mi interior, dudo y vacilo;
me hace cosquillas, súfrolas un rato;
escribo un poco; párome y cavilo.
¡Qué tentación! En vano la combato.
Y al fin, ¿qué haré? –Para quedar tranquilo,
componer el soneto es más barato. 

lunes, 5 de octubre de 2020

“Soneto VII (A ti me quejo, Apolo justiciero)”

Tomás de Iriarte (1787): “Poesías varias”, en Obra en verso y prosa de Tomás de Iriarte

“Soneto VII (A ti me quejo, Apolo justiciero)”

A ti me quejo, Apolo justiciero,
de que nunca en mis versos fui dichoso:
si sátiras escribo, me hago odioso;
y si elogios, me llaman lisonjero.
Soy, si escribo de burlas, chocarrero;
si por lo serio canto, soy un soso;
si al lauro teatral aspiro ansioso,
es mi Censor cualquiera Majadero.
Llevando yo al Parnaso esta querella,
respondió Apolo: «Al que profesa mi arte
persigue siempre esa infeliz estrella;
pero el mejor remedio quiero darte:
canta las gracias de tu Orminta bella,
tendrás a todo el mundo de tu parte».

domingo, 4 de octubre de 2020

“El mono y el titiritero”

Tomás de Iriarte (1782): Fábulas literarias

“El mono y el titiritero”

Sin claridad no hay buena obra.
El fidedigno padre Valdecebro,
que en discurrir historias de animales
se calentó el cerebro,
pintándolos con pelos y señales;
que en estilo encumbrado y elocuente
del unicornio cuenta maravillas,
y el ave-fénix cree a pie-juntillas
(no tengo bien presente
si es en el libro octavo o en el nono),
refiere el caso de un famoso Mono.
Éste, pues, que era diestro
en mil habilidades, y servía
a un gran titiritero, quiso un día,
mientras estaba ausente su maestro,
convidar diferentes animales
de aquellos más amigos,
a que fuesen testigos
de todas sus monadas principales.
Empezó por hacer la mortecina;
después bailó en la cuerda a la arlequina,
con el salto mortal y la campana:
luego el despeñadero,
la espatarrada, vueltas de carnero,
y al fin, el ejercicio a la prusiana.
De estas y de otras gracias hizo alarde,
mas lo mejor faltaba todavía,
pues imitando lo que su amo hacía,
ofrecerles pensó, porque la tarde
completa fuese, y la función amena,
de la linterna mágica una escena.
Luego que la atención del auditorio
con un preparatorio
exordio concilió, según es uso,
detrás de aquella máquina se puso;
y durante el manejo
de los vidrios pintados,
fáciles de mover a todos lados,
las diversas figuras
iba explicando con locuaz despejo.
Estaba el cuarto a oscuras,
cual se requiere en casos semejantes;
y aunque los circunstantes
observaban atentos,
ninguno ver podía los portentos
que con tanta parola y grave tono
les anunciaba el ingenioso Mono.
Todos se confundían, sospechando
que aquello era burlarse de la gente.
Estaba el Mono ya corrido, cuando
entró maese Pedro de repente,
e informado del lance, entre severo
y risueño, le dijo: «Majadero,
¿de qué sirve tu charla sempiterna,
si tienes apagada la linterna?»
Perdonadme, sutiles y altas musas,
las que hacéis vanidad de ser confusas:
¿Os puedo yo decir con mejor modo
que sin la claridad os falta todo?

sábado, 3 de octubre de 2020

“La rana y el renacuajo”

Tomás de Iriarte (1782): Fábulas literarias

“La rana y el renacuajo”

¡Qué despreciable es la poesía de mucha hojarasca!
En la orilla del Tajo
hablaba con la Rana el Renacuajo,
alabando las hojas, la espesura
de un gran cañaveral y su verdura.
Mas luego que del viento
el ímpetu violento
una caña abatió, que cayó al río,
en tono de lección dijo la Rana:
«Ven a verla, hijo mío;
por de fuera muy tersa, muy lozana;
por dentro toda fofa, toda vana».
Si la Rana entendiera poesía,
también de muchos versos lo diría.

viernes, 2 de octubre de 2020

“Para vivir”

Jordi Doce (2002): Otras lunas

“Para vivir”

La mano escribe para no morir.
O cuenta el mundo en sílabas contadas
para decir: aquí termina el mundo,
fuera impera la noche
y el frío de la noche,
el lento gotear de las estrellas
y su terco silencio impenetrable.
La mano escribe para no morir.
Semeja su hermana, la lengua,
envuelta en un temblor que no comprende,
ajena a la raíz que la redime.
La mano escribe para no morir.
O dice el mundo en sílabas contadas
para decir: aquí termina el mundo,
fuera impera la noche
y el frío de la noche,
quietud de lo que nunca vive o muere
pues nunca tuvo nombre.

jueves, 1 de octubre de 2020

“Soneto de la nieve todavía”

José García Nieto (1944): Versos de un huésped de Luisa Esteban

“Soneto de la nieve todavía”

Mira cómo se quema el Guadarrama
en sus torres azules. Esa loma
tiene un poco de nieve, una paloma
que ha librado sus alas de la llama.

Qué desierta de pájaros la rama
donde a la luz mi corazón se asoma,
como un clavel de invierno sin aroma
como un campo segado de retama.

Crezco de amor bajo este sol tendido,
y crecen las montañas imitando
el hielo que mi ardor no te ha deshecho.

Bajo un ave de nieve estoy vencido
y están sus alas frías coronando
una sierra de sangre por mi pecho.