domingo, 20 de octubre de 2019

“Autobiografía”

Amado Nervo

“Autobiografía”

¿Versos autobiográficos ? Ahí están mis canciones,

allí están mis poemas: yo, como las naciones

venturosas, y a ejemplo de la mujer honrada,

no tengo historia: nunca me ha sucedido nada,

¡oh, noble amiga ignota!, que pudiera contarte.

Allá en mis años mozos adiviné del Arte

la armonía y el ritmo, caros al musageta,

y, pudiendo ser rico, preferí ser poeta.

-¿Y después?

-He sufrido, como todos, y he amado.

¿Mucho?

-Lo suficiente para ser perdonado…

sábado, 19 de octubre de 2019

“Si tú me dices ven…”

Amado Nervo

“Si tú me dices ven…”

Si tú me dices «¡ven!», lo dejo todo…
No volveré siquiera la mirada
para mirar a la mujer amada…
Pero dímelo fuerte, de tal modo

que tu voz, como toque de llamada,
vibre hasta el más íntimo recodo
del ser, levante el alma de su lodo
y hiera el corazón como una espada.

Si tú me dices «¡ven!», todo lo dejo.
Llegaré a tu santuario casi viejo,
y al fulgor de la luz crepuscular;

mas he de compensarte mi retardo,
difundiéndome ¡Oh Cristo! ¡como un nardo
de perfume sutil, ante tu altar!

viernes, 18 de octubre de 2019

“Venus”

Rubén Darío (1888): Azul

“Venus”

En la tranquila noche, mis nostalgias amargas sufría.
En busca de quietud bajé al fresco y callado jardín.
En el obscuro cielo Venus bella temblando lucía,
como incrustado en ébano un dorado y divino jazmín.

A mi alma enamorada, una reina oriental parecía,
que esperaba a su amante bajo el techo de su camarín,
o que, llevada en hombros, la profunda extensión recorría,
triunfante y luminosa, recostada sobre un palanquín.

"¡Oh, reina rubia! -díjele, mi alma quiere dejar su crisálida
y volar hacia a ti, y tus labios de fuego besar;
y flotar en el nimbo que derrama en tu frente luz pálida,

y en siderales éxtasis no dejarte un momento de amar".
El aire de la noche refrescaba la atmósfera cálida.
Venus, desde el abismo, me miraba con triste mirar.

jueves, 17 de octubre de 2019

“Autumnal”

Rubén Darío (1905): Cantos de vida y esperanza

“Autumnal”

Al marqués de Bradomín

Marqués (como el Divino lo eres), te saludo.
Es el Otoño, y vengo de un Versalles doliente.
Había mucho frío y erraba vulgar gente.
El chorro de agua de Verlaine estaba mudo.

Me quedé pensativo ante un mármol desnudo,
cuando vi una paloma que pasó de repente,
y por caso de cerebración inconsciente
pensé en ti. Toda exégesis en este caso eludo.

Versalles otoñal; una paloma; un lindo
mármol; un vulgo errante, municipal y espeso;
anteriores lecturas de tus sutiles prosas;

la reciente impresión de tus triunfos... Prescindo
de más detalles para explicarte por eso
cómo, autumnal, te envió este ramo de rosas.

miércoles, 16 de octubre de 2019

“El cisne”

Rubén Darío (1896): Prosas profanas y otros poemas

“El cisne”

A Ch. del Gouffre

 Fue una hora divina para el género humano.   
 El Cisne antes cantaba sólo para morir.  
 Cuando se oyó el acento del Cisne wagneriano  
 fue en medio de una aurora, fue para revivir.  

  Sobre las tempestades del humano océano                           5  
 se oye el canto del Cisne; no se cesa de oír,  
 dominando el martillo del viejo Thor germano  
 o las trompas que cantan la espada de Argantir.  

  ¡Oh Cisne! ¡Oh sacro pájaro! Si antes la blanca Helena   
 del huevo azul de Leda brotó de gracia llena,                       10  
 siendo de la Hermosura la princesa inmortal,  

 bajo tus alas la nueva Poesía  
 concibe en una gloria de luz y de harmonía  
 la Helena eterna y pura que encarna el ideal.  

martes, 15 de octubre de 2019

“Era un aire suave…”

Rubén Darío (1896): Prosas profanas y otros poemas

“Era un aire suave…”

 Era un aire suave, de pausados giros;  
 el hada Harmonía ritmaba sus vuelos;  
 e iban frases vagas y tenues suspiros  
 entre los sollozos de los violoncelos.  

  Sobre la terraza, junto a los ramajes,                      5  
 diríase un trémolo de liras eolias  
 cuando acariciaban los sedosos trajes  
 sobre el tallo erguidas las blancas magnolias.  

  La marquesa Eulalia risas y desvíos  
 daba a un tiempo mismo para dos rivales,                         10  
 el vizconde rubio de los desafíos  
 y el abate joven de los madrigales.  

  Cerca, coronado con hojas de viña,  
 reía en su máscara Término barbudo,  
 y, como un efebo que fuese una niña,                       15  
 mostraba una Diana su mármol desnudo.  

  Y bajo un boscaje del amor palestra,  
 sobre rico zócalo al modo de Jonia,  
 con un candelabro prendido en la diestra  
 volaba el Mercurio de Juan de Bolonia.                    20  

  La orquesta perlaba sus mágicas notas,  
 un coro de sones alados se oía;  
 galantes pavanas, fugaces gavotas   
 cantaban los dulces violines de Hungría.  

  Al oír las quejas de sus caballeros                           25  
 ríe, ríe, ríe la divina Eulalia,  
 pues son su tesoro las flechas de Eros,  
 el cinto de Cipria, la rueca de Onfalia.  

  ¡Ay de quien sus mieles y frases recoja!  
 ¡Ay de quien del canto de su amor se fíe!                30  
 Con sus ojos lindos y su boca roja,  
 la divina Eulalia ríe, ríe, ríe.  

  Tiene azules ojos, es maligna y bella;  
 cuando mira vierte viva luz extraña:  
 se asoma a sus húmedas pupilas de estrella                     35  
 el alma del rubio cristal de Champaña.  

  Es noche de fiesta, y el baile de trajes  
 ostenta su gloria de triunfos mundanos.  
 La divina Eulalia, vestida de encajes,  
 una flor destroza con sus tersas manos.                  40  

  El teclado harmónico de su risa fina  
 a la alegre música de un pájaro iguala,  
 con los staccati de una bailarina   
 y las locas fugas de una colegiala.  

  ¡Amoroso pájaro que trinos exhala                          45  
 bajo el ala a veces ocultando el pico;  
 que desdenes rudos lanza bajo el ala,  
 bajo el ala aleve del leve abanico!  

  Cuando a medianoche sus notas arranque  
 y en arpegios áureos gima Filomela,                                   50  
 y el ebúrneo cisne, sobre el quieto estanque  
 como blanca góndola imprima su estela,  

  la marquesa alegre llegará al boscaje,  
 boscaje que cubre la amable glorieta,  
 donde han de estrecharla los brazos de un paje,        55  
 que siendo su paje será su poeta.  

  Al compás de un canto de artista de Italia  
 que en la brisa errante la orquesta deslíe,  
 junto a los rivales la divina Eulalia  
 la divina Eulalia, ríe, ríe, ríe.                                      60  

  ¿Fue acaso en el tiempo del rey Luis de Francia,  
 sol con corte de astros, en campos de azur?  
 ¿Cuando los alcázares llenó de fragancia   
 la regia y pomposa rosa Pompadour?  

  ¿Fue cuando la bella su falda cogía                                     65  
 con dedos de ninfa, bailando el minué,  
 y de los compases el ritmo seguía  
 sobre el tacón rojo, lindo y leve el pie?  

  ¿O cuando pastoras de floridos valles  
 ornaban con cintas sus albos corderos,                   70  
 y oían, divinas Tirsis de Versalles,  
 las declaraciones de sus caballeros?  

  ¿Fue en ese buen tiempo de duques pastores,  
 de amantes princesas y tiernos galanes,  
 cuando entre sonrisas y perlas y flores                   75  
 iban las casacas de los chambelanes?  

  ¿Fue acaso en el Norte o en el Mediodía?   
 Yo el tiempo y el día y el país ignoro,  
 pero sé que Eulalia ríe todavía,  
 ¡y es cruel y eterna su risa de oro!                             80  

lunes, 14 de octubre de 2019

“35 bujías”

Pedro Salinas (1929): Seguro azar

“35 bujías”

Sí, cuando quiera yo
la soltaré. Está presa
aquí arriba, invisible.
Yo la veo en su claro
castillo de cristal, y la vigilan
—cien mil lanzas— los rayos
—cien mil rayos— del sol. Pero de noche,
cerradas las ventanas
para que no la vean
—guiñadoras espías— las estrellas,
la soltaré (Apretar un botón.).
Caerá toda de arriba
a besarme, a envolverme
de bendición, de claro, de amor, pura.
En el cuarto ella y yo no más, amantes
eternos, ella mi iluminadora
musa dócil en contra
de secretos en masa de la noche
—afuera—
descifraremos formas leves, signos,
perseguidos en mares de blancura
por mí, por ella, artificial princesa,
amada eléctrica.




domingo, 13 de octubre de 2019

“Ritornello”

Jaime Siles (1977): Alegoría

“Ritornello”

Nada hay en mí, sino esos horizontes
que alguien dormido contempla desde un mar:
desde otro mar, que acaso ya no existe.

sábado, 12 de octubre de 2019

“1974”

Luis Antonio de Villena (1981): Huir del invierno

“1974”

Eran días de luz y novedad
(no importa si también había sombra)
 y con sus ojos negros el Amor
parecía acecharme de continuo,
y tras cambiante antifaz me contemplaba.
Sentía emociones muy nuevas, a menudo;
al final del verano apareciste tú,
y creo que algo intuí tu milagro cobrizo ...
Eran días de luz y novedad
y se vestía Amor con raso de Belleza.
Es cierto que la vida trae siempre cosas
nuevas; pensamientos, amigos, horas gratas ...
Pero se pierde mucho, es la verdad
también, y quién sabe por qué,
todo va pareciendo día a día más pobre.
Hay mil cosas posibles que no te
llegaron a suceder del todo, y mil
rostros amables que dijiste mañana,
y se desvanecieron. Se ríe de nosotros
el Carnaval Invierno, y el sol de aquellos
cuerpos nunca jamás retorna ...
(Sobre el estanque queda la marchita
corona, y trabaje el recuerdo tus ojos
tenazmente, para días de soledad y nieve.)
Vivir es ir perdiendo, irremediablemente...

viernes, 11 de octubre de 2019

“El editor Francisco Arellano, disfrazado de Humphrey Bogart, tranquiliza al poeta en un momento de ansiedad, recordándole un pasaje de Píndaro, Píticas VIII 96”

Luis Alberto de Cuenca (1985): La caja de plata

El editor Francisco Arellano, disfrazado de Humphrey Bogart, tranquiliza al poeta en un momento de ansiedad, recordándole un pasaje de Píndaro, Píticas viii 96

SONETO

Sin mujer, sin amigos, sin dinero,
loco por una loca bailarina,
me encontraba yo anoche en esa esquina
que se dobla y conduce al matadero.
Se reflejó una luz en el letrero
de la calle, testigo de mi ruina,
y de un coche surgió una gabardina
y los ojos de un tipo con sombrero.
Se acercaba, venía a hablar conmigo.
Mi aburrido dolor le interesaba.
Con tal de que no fuese un policía...
"Somos el sueño de una sombra, amigo",
me dijo. Y era Bogart, y me amaba;
y era Paco Arellano, y me quería.